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La maternidad sin un contexto de apoyo y contención, se convierte en una tarea muy difícil de realizar

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Redacción por: Psicóloga Violeta Gutiérrez, 07 de mayo del 2026

Desde la psicología perinatal y la evidencia clínica, sabemos que el bienestar emocional de las madres y sus familias no es un aspecto secundario, sino un pilar fundamental para la salud mental materna e infantil. Por eso, hablar de maternidad en soledad no es una cuestión individual, sino un problema de salud pública y social que nos atraviesa a todos.

La maternidad es una experiencia profundamente transformadora a nivel emocional, psicológico y corporal. Sin embargo, no todas las mujeres la viven en las mismas condiciones. Para muchas madres, criar se convierte en una experiencia marcada por la soledad, la sobrecarga y el agotamiento extremo. Cuando no hay una red de apoyo real, la maternidad puede vivirse como una tarea imposible, no por falta de amor o capacidad, sino por falta de sostén y de manos que nos ayuden a lidiar con esta etapa tan retadora de la vida.

Nuestras madres, y sobre todo nuestras abuelas, criaban de forma muy diferente. No porque fueran mejores o peores madres, sino porque el contexto era radicalmente distinto. La vecina entraba a tu casa sin llamar y se quedaba con el bebé mientras tú hacías la compra. La abuela vivía en el mismo edificio o a dos calles de distancia. Las primas, las tías, las comadres se turnaban para cuidar, aconsejar y ayudar. Nadie esperaba que una madre lo hiciera todo sola. La crianza era un asunto colectivo. Los niños jugaban en la calle mientras varias madres vigilaban desde las ventanas. Si un niño se caía, la primera que llegaba lo levantaba, sin importar de quién fuera. Las comidas se compartían, los consejos fluían de manera natural y nadie te juzgaba por no ser perfecta, porque todas estaban en el mismo barco.

La maternidad en soledad no se limita a las madres que crían sin pareja. Incluye también a mujeres que, aun teniendo pareja, familia o vínculos cercanos, se sienten solas en el ejercicio cotidiano de la crianza. Son madres que no cuentan con apoyo emocional, práctico o mental suficiente para sostener las demandas constantes que implica cuidar a un bebé o a un niño pequeño.

La soledad materna es un factor de riesgo para el desarrollo de ansiedad, depresión perinatal, agotamiento emocional y dificultades en la regulación emocional. No porque la madre “no pueda”, sino porque está expuesta a un nivel de exigencia continuado, sin espacios de descarga ni contención, donde la lista de “deberías” añade aún más peso a su soledad.

Vivimos en una cultura que promueve la idea de que una “buena madre” es aquella que puede con todo. Esta narrativa de autosuficiencia invisibiliza una realidad biológica y psicológica fundamental: el ser humano no está diseñado para criar en aislamiento. Criar siempre ha sido un acto colectivo. De ahí la conocida frase que dice que para criar a un niño hace falta una tribu entera. Sin embargo, pocas veces se añade algo esencial: para que unos padres y especialmente la madre puedan criar, cuidar y amar de forma suficientemente buena, también necesitan ser sostenidos.

La maternidad no debería recaer sobre un solo cuerpo ni una sola mente; necesita una comunidad que acompañe, contenga y cuide a la madre para que ella pueda cuidar. La maternidad activa sistemas neurobiológicos de apego, alerta y cuidado que necesitan descanso, seguridad y apoyo externo para funcionar de manera saludable. Cuando una madre se mantiene durante meses o años en un estado de hiperexigencia, su sistema nervioso entra en modo supervivencia. Clínicamente, esto se traduce en:

Fatiga crónica (está todo el tiempo cansada)
Irritabilidad constante (cualquier cosa la hace estallar)
Dificultades para dormir incluso cuando el bebé duerme
Sensación de estar siempre “en guardia”, como si el cuerpo nunca pudiera bajar la alerta
Disminución de la capacidad de disfrute (las cosas que antes le llenaban dejan de tener sentido)

Uno de los aspectos más invisibles de la maternidad en soledad es la carga mental. La madre no solo ejecuta tareas, sino que piensa, anticipa, organiza y sostiene emocionalmente todo lo relacionado con la crianza. Esta carga mental constante genera un desgaste cognitivo y emocional que muchas veces no es reconocido ni por el entorno ni por la propia madre. Desde la clínica, observamos cómo esta sobrecarga favorece la aparición de pensamientos rumiativos, autoexigencia extrema y sentimientos persistentes de insuficiencia. Cuando no hay con quién compartir decisiones, dudas o miedos, la mente materna no descansa. Una madre emocionalmente desbordada tiene más dificultad para regular sus propias emociones, y esto impacta directamente en la experiencia vincular. Desde la teoría del apego sabemos que para que una madre pueda ofrecer seguridad emocional, ella misma necesita sentirse mínimamente segura y sostenida. Cuando esto no ocurre, pueden aparecer:

Mayor reactividad emocional
Sentimientos intensos de culpa tras episodios de irritabilidad
Sensación de desconexión emocional momentánea
Miedo a “dañar” el vínculo

Uno de los factores que más agrava la maternidad en soledad es la idealización social de la maternidad. Existe una presión implícita para mostrarse feliz, agradecida y plena, incluso cuando el malestar es intenso. Este mandato de felicidad genera silencio. Muchas madres no expresan su sufrimiento por miedo al juicio, a ser etiquetadas como “malas madres” o a preocupar a los demás. Desde la práctica clínica, este silencio es especialmente preocupante, ya que retrasa la búsqueda de ayuda y aumenta el riesgo de psicopatología perinatal.

El acompañamiento psicológico en la maternidad no es un lujo, es una intervención preventiva y reparadora. Espacios donde la madre pueda hablar sin ser juzgada, comprender lo que le ocurre y construir recursos internos y externos son fundamentales.  Además del apoyo profesional, las redes comunitarias, familiares y sociales cumplen un rol clave. No se trata solo de “ayudar con el bebé”, sino de sostener emocionalmente a la madre.

La maternidad en soledad no debería ser normalizada ni romantizada. Es una experiencia que, sin apoyo, puede generar un sufrimiento profundo y sostenido. Como sociedad, necesitamos revisar el lugar que damos a las madres, los recursos que ofrecemos y las expectativas que imponemos. La maternidad nunca fue pensada para vivirse sola. Y está bien admitirlo. Está bien pedir ayuda. Está bien no llegar a todo. Está bien ser una madre imperfecta, cansada y real.

Al final, lo que los hijos necesitan no es una madre perfecta que lo haga todo sola y colapse en el intento. Necesitan una madre presente, humana, que les enseñe con el ejemplo que pedir ayuda es un acto de valentía, que los límites son sanos y que la vida se vive en comunidad, no en soledad heroica.

La soledad maternal no es un fracaso personal. Es un fracaso colectivo, una estructura social que nos ha abandonado mientras nos exige más que nunca. Reconocerlo es liberador. Y empezar a construir nuestras propias tribus, imperfectas pero reales, es profundamente revolucionario.

Si tú eres una de esas madres que se siente sola, que ha tenido que criar lejos de su red, en otro país, en otra cultura o sin apoyo suficiente, quiero que sepas algo importante: son muchas las mujeres que viven experiencias similares, aunque no siempre se nombren. Reconocerlo es el primer paso para romper el aislamiento y abrir espacio al acompañamiento y al cuidado compartido. Desde aquí, te nombro, te veo y te abrazo.

 

Contacto: MTF. Violeta Gutiérrez Solís

Facebook: Psicóloga Violeta Gutiérrez

Instagram @psicologagutierrez

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Relaciones de pareja a distancia: ¿Pueden funcionar?

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Redacción por: Psicóloga Violeta Gutiérrez, 20 de agosto del 2026

Muchas parejas sienten gran preocupación al ver que, por el motivo que sea, deben pasar una temporada alejadas el uno del otro. No todas las personas tienen claro si las relaciones a distancia pueden funcionar, y no es de extrañar porque muy difícilmente estamos preparados para manejar esta situación. Además, la distancia y el amor son dos cosas que no casan bien. La separación geográfica es algo que suele perjudicar al amor pues éste requiere de un importante ingrediente: la cercanía física. Dos personas que se quieren fortalecen su relación a través de las caricias, los besos y los abrazos, es decir, el contacto físico. Hasta la fecha, ninguna tecnología ha conseguido poder enviar estas expresiones de afecto físico, por lo que la distancia supone un impedimento físico para poder dar y recibir tales muestras de contacto físico y, consecuentemente, recibir el chute de oxitocina, la famosa hormona del amor.

Cuando una pareja tiene que hacer frente a la distancia física, es prácticamente inevitable que tambalee los cimientos de la relación. La nueva situación implica cambios en la dinámica relacional, obligando a los miembros de la pareja a adaptarse a nuevas circunstancias para poder mantener la relación. No es imposible. Ya adelantamos que las relaciones a distancia pueden funcionar, pero para ello requiere adaptarse bien a la nueva situación. Si no, la relación estará condenada al fracaso. Si las relaciones amorosas presenciales son complicadas, las a distancia lo son más. Como comentábamos, pueden funcionar, pero no sin invertir un gran esfuerzo, ser constantes y teniendo en cuenta ciertos factores que determinan el éxito de la relación. Los factores más destacables son los siguientes.

1. Tiempo de separación. – El tiempo de separación es un factor que determina mucho si la relación a distancia va a funcionar, probablemente el que más. No es lo mismo estar separados por un par de meses que hacerlo por varios años o, peor todavía, de forma indefinida. Cuanto más tiempo pasan separados, más probable es que los miembros de la pareja se planteen qué necesidad hay de seguir juntos.

2. Distancia geográfica. – La distancia geográfica es otro factor muy importante. En algunos casos, por mucho tiempo que pasen separados los amantes, si viven relativamente cerca pueden hacer un viaje de pocas horas para tener un momento presencialmente juntos. En otros casos, donde la distancia se mide en países y continentes o con océanos por en medio, se vuelve un factor muy entorpecedor en la relación.

3. Etapa de la relación. – La etapa en la que se encuentra la relación también determina su éxito ante la distancia. No es lo mismo una pareja que acaba de comenzar, donde apenas hay nada serio, con un compromiso muy débil pero unas ganas de estar físicamente juntos muy intensa, que una relación de pareja de años en los que ya había un proyecto de vida juntos y donde el contacto físico ha tomado una prioridad secundaria.

4. Madurez de los miembros. – Como último factor determinante del éxito de la relación a distancia, encontramos la madurez de los miembros de la misma. Si ambos son personas maduras, con empatía, estabilidad emocional y las ideas claras, la relación puede funcionar.

En las parejas con relaciones a distancia que funcionan, podemos encontrar una serie de características que son la clave de su éxito, aquí te las comparto:

1. Actitud de confianza sobre las relaciones a distancia. _ Es fundamental que, para que una relación a distancia tenga éxito, sus miembros confíen plenamente en que la relación va a funcionar por mucha separación física que haya.

2. Más sensualidad que sexualidad. – Es evidente que la distancia física impide la sexualidad tradicional. Pese a que es un obstáculo importante para la relación, esto no necesariamente implica que la pareja vaya a acabar rompiendo. Ante la incapacidad de poder tener contacto físico en las relaciones a distancia, lo que se debe hacer es hacer que la sexualidad pase a un segundo plano y sustituirla por sensualidad. Esta sensualidad se convierte en una muy buena forma de mantener viva la pasión entre la pareja que, combinada con el sexting o enviarse mensajes eróticos, puede servir muy bien de apaño para no echar tanto de menos los encuentros sexuales.

3. Menos discusiones. – La distancia hace que las relaciones se vuelvan más frágiles, por lo que las discusiones de pareja adquieren mayor gravedad. Lo que ha hecho que una pareja que vive en la misma ciudad haya estado peleada por un día, en una relación a distancia puede volverse en lo que la rompa. No poder hablar las cosas de forma directa y clara presencialmente hace que el más nimio asunto a discutir se convierta en una gran amenaza. Las relaciones a distancia exitosas saben muy bien esto y, por ello, tratan de mantener la serenidad, reduciendo al máximo las discusiones. Si surge alguna, ambos amantes hacen lo posible para resolver la discusión, tratando de entender qué es lo que quería decir la otra parte y quitándole importancia. No vale la pena estar peleados encontrándose a miles de kilómetros de distancia.

4. Intereses en común. – Cuántos mayores sean los intereses entre los miembros de la pareja, más sólida va a ser la relación y más impermeable será ante las amenazas de la distancia. Compartir intereses, valores y gustos son aspectos fortalecedores de la relación, tanto a distancia como presencial.

¿Cómo saber si una relación a distancia está funcionando?

La distancia nos puede confundir, pero, por fortuna, hay unas cuantas señales que nos indican que realmente la relación está funcionando, a pesar del obstáculo de la separación física:

Si te sientes querido/a por tu pareja pese a no estar a tu lado físicamente es una buena señal. Sentir que nos quiere y apoya es indicativo de que la relación va por buen camino.
Si tienes ganas de hablar con tu pareja, deseando ansioso que llegue el momento de hablar y verse por videollamada, significa que la magia del amor y deseo siguen vivos. La añoranza es una buena señal de que la relación va bien. Lo contrario, no quererse ver, es preocupante.

MTF. Violeta Gutiérrez Solís

Facebook: Psicóloga Violeta Gutiérrez

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Trastorno de estrés postraumático: ¿Cómo superarlo más fácilmente?

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Redacción: Psicóloga Violeta Gutiérrez, 13 de agosto del 2026

El estrés postraumático es un trastorno que aparece tras haber vivido una experiencia traumática, entendida como un evento que genera un duro golpe emocional, como por ejemplo el exponernos a una muerte real, sufrir peligro de muerte, o ser víctima de violencia sexual. Los efectos de malestar que provoca este trastorno son fuertes, es por esto que es necesario recibir tratamiento profesional tanto psicológico y en algunos casos psiquiátrico. Pero como complemento al tratamiento psicológico se pueden establecer hábitos que contribuyan a una pronta recuperación.

¿Qué es el trastorno de estrés postraumático?

El trastorno de estrés postraumático, se define como una alteración mental que aparece ante la ocurrencia de un trauma, de un suceso aversivo inusual. La quinta edición del Manual Diagnóstico de la Asociación Americana de Psiquiatría (DSM 5) especifica que esta situación se debe a la exposición a muerte real o peligro de muerte, lesiones graves o violencia sexual, de manera directa, como testigo, ser conocedor de los hechos que le han acontecido a alguien cercano o experimentar de manera repetida o estar expuesto a detalles aversivos de un acontecimiento traumático, como por ejemplo ser personal sanitario de ambulancias.

Dado el acontecimiento traumático vivido, el sujeto muestra distintos síntomas que son criterios definitorios del TEPT, como la reexperimentación del suceso ya sea durante el sueño, mediante recuerdos intrusivos o reacciones disociativas en las que el sujeto cree estar reviviendo el suceso; también se da una evitación tanto de pensamientos como de estímulos externos lugares, personas, etc., que le pueden recordar el trauma, y surgen cogniciones y afecto negativo e hiperactivación. Ante las rememoraciones del evento traumático, la persona se muestra irritable, sobresaltada y con dificultad para dormir y concentrarse. Para poder diagnosticar es necesario que estos se presenten durante más de un mes y generen un deterioro o malestar en el sujeto. Al considerarse el estrés postraumático un trastorno, será necesario realizar un tratamiento psicológico para conseguir una correcta superación del problema. Sumado a la intervención profesional también podemos y debemos establecer hábitos y rutinas que nos ayuden a la mejora de nuestra situación. Te comparto alginas practicas que pueden ayudar en tu recuperación complementando la asistencia a terapia.

1. Practica la relajación

El entrenamiento y utilización de técnicas de relajación es habitual en la terapia para este trastorno. Estas técnicas se utilizan también fuera de consulta durante el día a día, para conseguir disminuir las tensiones y los pensamientos o recuerdos negativos. Usa estrategias de respiración donde utilices el diafragma o el abdomen para reducir la posibilidad de hiperventilar. Consiste en tomar aire lentamente por la nariz mientras cuentas hasta tres, notar como el abdomen se hincha, hacer una pequeña pausa y soltar lentamente el aire mientras cuentas hasta tres, intentaremos hacer expiraciones más largas que las inhalaciones.

2. Mantén el contacto social

Las personas somos seres sociales y, por tanto, necesitamos del contacto con los otros para sentirnos y estar bien. Aunque no tengas ganas de ver a nadie es importante que mantengas el contacto con tus seres queridos y con tu entorno más cercano, ya que ellos pueden apoyarte durante la complicada situación y el proceso de recuperación. Te puede ir bien hablar con ellos y expresar cómo te sientes, aparte de sentirte escudado también te ayudará a organizar tus pensamientos y ser más consciente de cómo estás o simplemente su presencia te ayudará a no sentirte solo.

3. Realiza actividades que te agraden

Del mismo modo que no es sano aislarse socialmente tampoco es bueno quedarse en casa encerrado, así que poco a poco intenta realizar actividades que te gustan, que te distraigan y te ayuden a mejorar tanto tu estado cognitivo, no dando vueltas repetidamente a pensamientos negativos, ya que la activación favorece a mejorar nuestro estado de ánimo. Empieza con actividades más sencillas, que te lleven menos tiempo y te hagan sentir más seguro para poco a poco ir introduciendo otras de mayor complejidad o que requieren más tiempo, hazlo de manera progresiva.

4. Reduce las situaciones de alto estrés

Tu estado de activación y afectación hace que te encuentres en situación de riesgo, pudiendo empeorar tu estado ante cualquier estímulo externo por mínimo que sea. Así que será aconsejable no forzarse y realizar las actividades que creamos que podemos afrontar, evitar situaciones que nos pueden generar estrés. En la medida de lo posible intenta controlar o mantenerte distante de los aspectos familiares o económicos que alteren tu estado o controla las horas que dedicas al trabajo.

5. Sigue una rutina saludable

Un control, organización, externa ayuda a tener mayor control y estar mejor internamente. Es importante establecer unos hábitos saludables que benefician nuestra pronta recuperación, así intenta comer variado y comer distintas veces al día, márcate una rutina para ir a la cama y despertarte para que así tu cuerpo se acostumbre y reduzcas los problemas del sueño que puedas tener, práctica deporte e intenta hacer ejercicio mínimo tres veces por este, esta práctica ayuda a liberar endorfinas que nos hacen sentir mejor y también favorece a que nos despejemos mentalmente y disminuyan por un rato nuestras preocupaciones.

6. Mantenerse activo/a

Para que la terapia psicológica consiga buenos resultados es fundamental que colabores con tu terapeuta y con las técnicas y tratamientos que nos propone. Bajo la recomendación del profesional introduce las estrategias que entrenas en terapia, como puede ser la exposición. Esta técnica es de las más eficaces en el tratamiento del estrés postraumático, y en ella se trabajará para que el paciente se pueda exponer a las situaciones y estímulos temidos o incluso a los pensamientos que le generan malestar, dado que evitar ciertos lugares e interacciones solo hace que el problema incremente.

7. Dedícate tiempo

El autocuidado es muy importante, ya que nadie mejor que nosotros podrá saber cómo estamos o nos encontramos. Es de gran ayuda escribir tus pensamientos, tus emociones y vivencias Para organizar tu mente. Con esta técnica será más fácil expresarte y sacar todo lo que llevas dentro, ya que será el único modo de curarlo. Intenta realizar actividades que te gustan que te ayudan a disminuir la tensión y desconectar como puede ser salir a pasear o ir a la piscina. También te pueden ayudar actividades relajantes como podría ser hacer yoga, meditación o incluso escuchar música.

 

MTF. Violeta Gutiérrez Solís

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Madres tóxicas: aprende a identificarlas y qué hacer para lidiar con ellas

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Redacción por: Psicóloga Violeta Gutiérrez, 05 de agosto del 2026

Vivir con una madre tóxica puede ser una experiencia muy dolorosa. Las madres tóxicas y dañinas, a través de comportamientos manipuladores y controladores, pueden afectar significativamente el bienestar psicológico de sus hijos. Cuando una madre es tóxica, la relación se caracteriza por un estrés constante, manipulación emocional y una falta de apoyo genuino. La psicología de las madres tóxicas revela patrones de comportamiento que pueden surgir de inseguridades propias, experiencias pasadas o problemas no resueltos.

Una madre tóxica es aquella cuyos comportamientos y actitudes generan un malestar emocional constante y significativo en sus hijos, afectando negativamente su autoestima, autonomía y bienestar psicológico. A diferencia de los conflictos o desacuerdos normales en cualquier familia, la toxicidad implica un patrón de conducta dañino y persistente. A menudo de manera inconsciente, las madres tóxicas priorizan sus propias necesidades emocionales, inseguridades y deseos por encima de los de sus hijos. Esto puede manifestarse a través de la manipulación, el control excesivo, la crítica constante o la invalidación emocional, lo cual crea un ambiente familiar donde el amor se siente condicional y la seguridad emocional es escasa. Aunque el “síndrome de la madre tóxica” no es una categoría diagnóstica oficial, los comportamientos que lo describen se alinean con las formas de maltrato psicológico infantil reconocidas por la investigación. Una propuesta operativa diferencia seis categorías de maltrato psicológico: rechazar, aterrorizar, aislar, explotar/corromper, ignorar y ser negligente con la salud o educación (Arruabarrena, 2011).Las madres tóxicas suelen exhibir una combinación de los siguientes comportamientos que pueden servir como señales para su detección:

Uso de la violencia y manipulación familiar. El castigo físico o verbal es una herramienta común de las madres tóxicas, causando no solo dolor inmediato sino también sentimientos de resentimiento y desconfianza hacia la figura materna. Después de un divorcio o separación, algunas madres tóxicas intentan alienar a sus hijos del otro progenitor, generando división y conflictos dentro de la familia.
Control absoluto sobre las decisiones. Otra señal de una madre tóxica es asumir toda la responsabilidad de la educación de sus hijos, dejando muy poco espacio para que ellos tomen sus propias decisiones y desarrollen su independencia.
Proyección de sus propias aspiraciones. Una madre tóxica suele apuntar a sus hijos a numerosas actividades para que alcancen los sueños que a ella le habría gustado lograr, sin considerar los intereses y deseos individuales de los niños.
Desconfianza en las relaciones sociales. Las madres tóxicas suelen prohibir a sus hijos asociarse con personas que ellas consideran inapropiadas con base en sus propios prejuicios. Esto puede llevar a los niños a ocultar sus amistades o a sentirse aislados.
Comportamiento pasivo-agresivo. Ante la resistencia de los hijos, las madres tóxicas pueden adoptar una actitud resentida y frustrada, utilizando indirectas y manipulaciones sutiles para imponer su voluntad.
Desinterés disfrazado de permisividad. Algunas madres tóxicas permiten a sus hijos hacer lo que quieran, no por ser comprensivas, sino porque no quieren enfrentar conflictos, dejando a los niños sin la orientación que necesitan.
Exceso de protección. Otra de las señales de una madre tóxica es evitar que sus hijos enfrenten problemas o dificultades por miedo a que sufran, limitando su capacidad para desarrollarse y aprender a manejar situaciones difíciles por sí mismos.
Competencia social a través de los hijos. Para las madres tóxicas, el éxito de sus hijos es una herramienta para ganar estatus social, ejerciendo una presión constante para que sobresalgan en todo, lo cual puede generar mucha frustración en los niños.
Imposición de roles de género tradicionales. Las madres tóxicas suelen creer firmemente en transmitir a sus hijas la idea de que tienen que cumplir con roles específicos de género, presionándolas a ser sumisas ante sus parejas y responsables exclusivas de las tareas domésticas. También pueden imponer la maternidad como un deber ineludible, criticando a las hijas que deciden no tener hijos y haciéndolas sentir incompletas o egoístas. Las mujeres sin hijos pueden ser objeto de comentarios constantes sobre su “falta de realización”, lo cual puede generar una fuerte presión emocional y sentimientos de culpa.
Idealización de la pareja. Este tipo de madres inculcan en sus hijas la idea de que su felicidad depende de encontrar y mantener una relación con un hombre, generando una codependencia emocional y un miedo desmesurado a estar solteras.

Una relación tóxica madre e hija se caracteriza por:

la manipulación emocional,
la falta de apoyo,
el cuestionamiento constante del valor personal de la hija.
Las madres tóxicas suelen proyectar sus propias inseguridades y frustraciones en sus hijas, lo cual genera un ambiente de tensión y conflicto constante.

Ser hija de una madre tóxica implica enfrentarse a críticas constantes y a una exigencia desmesurada. Las hijas de madres tóxicas a menudo desarrollan problemas como una baja autoestima y ansiedad debido a la falta de aprobación y de conductas de afecto. Las madres tóxicas con hijas mujeres suelen compararlas negativamente con otras mujeres, generando un sentimiento de insuficiencia y competencia injusta.

Una relación entre madre e hija tóxica no solo afecta a las hijas durante la infancia y adolescencia, sino que también puede tener repercusiones en la vida adulta. Las madres tóxicas con hijas adultas continúan influyendo negativamente y eso dificulta la independencia emocional y la capacidad de establecer relaciones saludables. La relación tóxica entre madre e hija puede perdurar a lo largo del tiempo y afectar múltiples aspectos de la vida de la hija. Incluso, las madres tóxicas en la vejez pueden seguir teniendo un impacto destructivo y exacerbar las dinámicas negativas a medida que van envejeciendo. Las madres tóxicas con sus hijos adultos también generan dinámicas destructivas. Los hijos varones de madres tóxicas pueden enfrentar expectativas poco realistas y manipulación emocional, lo que afecta su autoestima y sus relaciones interpersonales. La relación tóxica madre e hijo varón puede manifestarse en un control excesivo y en la dificultad para establecer límites saludables, impidiendo el desarrollo de una independencia emocional y personal adecuada.

Las consecuencias de tener una madre tóxica pueden ser más o menos duraderas. Uno de los efectos más significativos es el daño psicológico o emocional. Los hijos de madres tóxicas a menudo experimentan baja autoestima, ansiedad y depresión debido a las críticas constantes y la falta de apoyo emocional. El daño causado por madres tóxicas también puede manifestarse en dificultades para establecer relaciones saludables. La desconfianza y el miedo al rechazo, inculcados durante la infancia, pueden llevar a problemas en las relaciones interpersonales y en la vida amorosa. Además, las “secuelas” de tener una madre tóxica se extienden también a la capacidad de los hijos para confiar en otras personas, y en sí mismos.

 

MTF. Violeta Gutierrez Solís

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