HOY ESCRIBE EN LA NOTICIA
La amistad vs dificultad para hacer amigos
Por Yolanda Ponce
Somos seres sociales por naturaleza, está en nuestro ADN. Necesitamos de los otros para sobrevivir y es por eso que de manera innata durante nuestra vida vamos en busca de personas afines con las que creamos vínculos muy estrechos, incluso en ocasiones más estrechos que con nuestros familiares.
¿Qué tendrán los amig@s para que ese vínculo sea tan fuerte? Estos son algunos de los beneficios psicológicos, según la ciencia, de la amistad:
- Favorece el desarrollo de una buena autoestima
Científicos de la Universidad de Concordia demostraron que tener amistades cercanas tiene un efecto positivo en nuestra autoestima y en los niveles de cortisol (la hormona del estrés). Tener amig@s con los que poder contar y sentir su apoyo nos ayuda a sentirnos más segur@s y protegid@s.
- Nos hacen más felices
¡Qué bien lo pasamos cuando estamos con amig@s! Investigaciones demuestran que tener amig@s íntimos puede mejorar nuestro estado de ánimo de manera exponencial. Cuando estamos con amig@s el cuerpo libera oxitocina (la hormona de la felicidad) lo que nos hace ser más felices.
- Nos brindan apoyo emocional y seguridad en los momentos duros
Quien tiene un amig@ tiene un tesoro, es cierto. Cuando pasamos por malos momentos son el hombro en el que llorar y las personas de confianza a quienes contar nuestras penas y preocupaciones. Sentir su apoyo incondicional nos ayuda a sobrellevar esos malos momentos.
- Nos ayudan a tomar decisiones
Cuando hablamos con nuestros amig@s sobre algún problema, aparte de desahogarnos, nos ayudan a tener una perspectiva diferente sobre el problema. Los amig@s nos aconsejan y nos ayudan a encontrar soluciones.
- Disminuyen el estrés y son analgésicos
Tener amig@s disminuye el estrés, como hemos dicho antes, tiene efectos positivos en los niveles de cortisol. Además, según una investigación, la percepción del dolor disminuye cuando estamos al lado de nuestros amig@s.
- Nos ayudan a envejecer mejor y a vivir más años
Según un estudio de la universidad de Bringham Young y Carolina del Norte realizado por médicos y psicólogos, “la falta de relaciones sociales tiene un efecto tan negativo para la salud como el equivalente a fumar 15 cigarrillos o beber dos vasos de alcohol al día”. También descubrieron que “tener amig@s es tan bueno para la salud como hacer ejercicio”. Los autores de la investigación aseguran que “no disponer de una red social real de apoyo es un factor de mortalidad más potente que sufrir obesidad o llevar una vida sedentaria y sin ejercicio físico”. Asimismo, según un estudio, las personas con muchos amig@s reducen el riesgo de fallecer hasta en un 22%.
- Nos enseñan valores como la lealtad y nos ayudan a ser más empáticos
Los amig@s nos enseñan valores como ser leales, sinceros y a tener confianza, valores que podemos mantener durante el resto de nuestra vida. Además, un grupo de científicos de la Universidad de Virginia, dirigidos por el psicólogo James Coan, descubrieron que cuando un amig@ está en peligro, nuestra actividad cerebral es casi idéntica que si nosotr@s mism@s pasamos por esa situación.
- Aportan positividad
Un estudio realizado en 2008 llegó a la conclusión de que tener un amig@ al lado puede hacernos ver el vaso medio lleno. Gracias a los amig@s y a sus palabras nos llenamos de energía y de positividad.
- Favorecen la integración social y nos hacen sentir parte de una comunidad
Según Karyn Hall, terapeuta, “la sensación de pertenencia a una comunidad mayor aumenta los niveles de motivación, de salud y de felicidad” “Cuando observas tus relaciones con los demás, te das cuenta de que todo el mundo pasa por momentos difíciles en algún momento. No estás sol@. Y saber eso resulta reconfortante”.
- Aumentan la productividad en el trabajo
De acuerdo con el reporte “Social Incentives in the Workplace”, trabajar con amig@s motiva a l@s emplead@s y los hace más productivos, creativ@s y competitiv@s; sin embargo, hay que tener cuidado con las amistades en la oficina, pues también pueden ser una mala influencia. Lo que es cierto es que tener buenos amig@s en el trabajo aumenta tu nivel de satisfacción laboral y hace que te impliques más.
- Mejoran la recuperación tras una enfermedad
De acuerdo con Fernando Rodríguez-Artalejo, profesor de medicina preventiva y salud pública de la Universidad de Madrid, “Cuanto mayor es el número de amig@s, mejor es el estado de salud de una persona y mejora la calidad de vida”. La profesora en Sociología de la Universidad del País Vasco, María Teresa Bazo, apoya esta idea y afirma que “tener amig@s equivale a satisfacción y a tener buen ánimo”.
Asimismo, la Universidad de California realizó un estudio con más de tres mil mujeres que padecían cáncer de mama. Los resultados revelaron que aquellas personas sin amig@s íntimos eran cuatro veces más propensas a morir que aquellas que tenían 10 amig@s o más. Según una investigación publicada en O, la revista de Oprah Winfrey, el apoyo social puede tener un efecto positivo cuando se lucha contra una enfermedad. También reduce el riesgo de contraer enfermedades como la demencia y puede mitigar los síntomas de la depresión. Además, existen estudios que sugieren que tener unas relaciones sociales sólidas reduce incluso las probabilidades de coger un resfriado.
- Nos ayudan a ver nuestros errores y a aceptarnos a nosotr@s mism@s y ser compasiv@s
Los buenos amig@s están ahí tanto en las buenas como en las malas. Igual que nos dicen todo lo que les gusta de nosotr@s también tienen la capacidad y la obligación de expresar lo que no les gusta o lo que no les ha sentado bien. La sinceridad es una de las bases para que una relación de amistad o de pareja funcione.
Como vemos, tener buen@s amig@s es algo fundamental y vital para el ser humano pero para ello primero debemos tenerlos y aprender a hacer amig@s. En este sentido, sería estupendo que en los colegios dedicaran mucho tiempo a enseñar a hacer amig@s, a mantenerlos, cuidarlos, y a hacerse respetar por ell@s. Asimismo, los papis y mamis que tengan dificultades sociales o pocos amig@s sería bueno que recibieran ayuda para enriquecer su círculo social y que ell@s mism@s lo disfrutaran y fueran un buen ejemplo para sus hij@s.
“La amistad duplica las alegrías y divide las angustias por la mitad”
Cuáles son las principales señales de que alguien tiene dificultades para hacer amigos?
Las dificultades para hacer amigos pueden deberse a múltiples causas. Sin embargo, más allá de las circunstancias que las originen, no siempre es evidente la existencia de este problema. Algunas personas pueden tener un trato aparentemente normal en sus relaciones sociales, aunque no sean capaces de establecer lazos duraderos. En otros casos, el problema es la incapacidad para interactuar mínimamente con otros individuos. O, incluso, a veces se da la circunstancia de personas que de manera consciente o inconsciente generan rechazo por parte de los demás.
En ocasiones puede que este problema pase desapercibido también para quien lo padece. Muchas veces, estos individuos creen que su situación de aislamiento o soledad ha sido decisión propia. Y, sin embargo, frecuentemente no es así. Por el contrario, suele ser tan solo la manera en la que escudarnos ante una de falta de lazos sociales.
En general, las personas que padecen este problema suelen presentar también alguno de los siguientes rasgos:
Dificultad para expresar los sentimientos o las opiniones propias.
Incapacidad para confiar en otras personas.
Sensación de no ser válido, o de no ser respetado por los demás.
Temor a mostrarse tal y como se es ante otros individuos.
Miedo a no estar a la altura de las expectativas.
¿Existen diferentes tipos de dificultades para hacer amigos?
Cuando hablamos de esta problemática, cabría hacer una distinción entre dos casuísticas muy diferentes. En primer lugar, encontraríamos aquellos casos en los que una persona se inhibe de establecer relaciones de amistad; esto se debe generalmente a inseguridades propias. En segundo lugar, están aquellas situaciones en las que en realidad sí que existe un rechazo de los demás.
Autolimitación de las relaciones sociales. Aquí hablaríamos de aquellos sujetos que, por decisión propia, limitan la posibilidad de tener amigos. Esto generalmente es debido al temor a ser rechazados, o a una baja autoestima. Quienes tienen este tipo de comportamientos generalmente se sienten solos y desearían tener amigos; sin embargo, son ellos mismos quienes de forma consciente o inconsciente se aíslan de los demás.
Rechazo por otras personas. En este otro supuesto encontraríamos a aquellas otras personas que realmente generan un rechazo por parte de los demás. Aquí, las dificultades suelen estar mucho más relacionadas con un déficit de habilidades sociales. Estas personas, al no saber relacionarse con otros, suelen resultar antipáticas, impertinentes o poco agradables. Al igual que en el caso anterior, se trata de sujetos que desearían tener amigos y que sienten la soledad; sin embargo, no disponen de las capacidades para relacionarse exitosamente con otros individuos.
¿Cómo se pueden mejorar las dificultades para hacer amigos?
La manera para mejorar este problema no es única, sino muy variada; al ser tan distintas las posibles causas que lo originan, cada una de ellas requiere de un abordaje específico. Esto se debe a que, como paso primero a adoptar, resulta imprescindible identificar la raíz del problema. Tan solo una vez que este se ha detectado, será posible empezar a trabajar para ponerle solución.
Sin embargo, esto no quiere decir que no existan pautas comunes. Así, por lo general existen varios enfoques de las que todas las personas que sufren esta dificultad se pueden beneficiar. En primer lugar, resulta importante averiguar si existe algún problema de autoestima o vergüenza de fondo; esto, aunque no lo parezca, es mucho más común de lo que habitualmente se cree. Por ello, trabajar en la autoestima es un paso que a casi cualquier persona le puede resultar de ayuda.
Posteriormente, suele ser de gran utilidad el entrenar las distintas habilidades sociales. Estas son igualmente válidas para todas las personas, y siempre cabe la posibilidad de mejorarlas. Por ello, suele ser de gran efectividad el practicar y desarrollar estas capacidades.
En algunos casos más complejos puede ser oportuno recurrir a la psicoterapia. Sin embargo, esto no es lo más habitual, ya que la mayor parte de las situaciones no lo requiere. Cosa distinta es que, a través de intervenciones grupales, se favorezca el establecimiento de vínculos con otras personas. Esto suele ser también de gran utilidad, ya que quienes asisten a este tipo de actividades pueden ver que su situación no es única; al comprender que otras personas pueden padecer los mismos miedos e inseguridades, estos se relativizan en gran medida.
HOY ESCRIBE EN LA NOTICIA
Cosas que puedes hacer como padre o madre para que tus hijos sean niños más felices
Redacción por: Psicóloga Violeta Gutiérrez, 29 de abril del 2026
Cuando les pregunto a los padres en consulta qué desean para sus hijos, el 99% tiene la misma respuesta. Que crezca sano y que sea feliz. La felicidad es uno de los principales deseos de todo padre para sus hijos y, sin embargo, pocos conocen qué ingredientes lleva la receta que permitirá a sus hijos ser felices tanto hoy como el día de mañana. Cuando a tí te educaron se sabía muy poco acerca de cómo ayudar a los niños a ser felices, pero en los últimos años, la psicología positiva y la neurociencia han encontrado muchos datos acerca de las claves que hacen que seamos más felices. Te comparto algunas acciones de los padres que más contribuyen a la felicidad presente y futura de sus hijos.
1. Dale mucho amor.
El amor es al cerebro lo que el agua a una planta. Los niños que han sido queridos, besados, tocados, achuchados, cogidos en brazos, cuidados y escuchados crecen siendo adultos que se sienten seguros en el mundo. Cuando besas a tus hijos o los llevas a la escuela de la mano vuestro cerebro segrega oxitocina una hormona que une al niño con sus padres y le aporta amor y confianza. Vestirles, bañarles, llevarlos al médico o hacerles la comida unen a padres e hijos, también genera oxitocina y les permite sentir que el mundo es un lugar seguro.
2. Pon límites y normas.
Si pensamos a corto plazo, todo niño sería más feliz si sus padres le permitieran hacer todo lo que le da la gana. Pero la ciencia ha demostrado que los niños que aprenden a respetar normas llegan a ser adultos capaces de satisfacer sus deseos de acuerdo a las normas sociales. Por eso es tan importante que los padres sean capaces de establecer rutinas positivas, límites y normas. Establecer límites y normas ayudan mucho a los niños a sentirse más seguros en un mundo cada vez más incierto y cambiante.
3.Juega, juega y juega.
El juego estimula el contacto físico, ayuda al niño a aprender a establecer vínculos con sus padres y es un acto de disfrute en sí mismo. Si quieres que tu hijo sea un adulto feliz permítele que juegue libremente y disfruta jugando con él. Si el niño no juega de pequeño, no lo hará de mayor y sabemos que seguir teniendo la capacidad de jugar es una de las claves de las personas adultas altamente felices.
4.Enséñales a agradecer las pequeñas y grandes cosas.
Las personas más felices tienen el hábito de agradecer y sentirse agradecidos. El simple gesto de dar las gracias cuando tu hijo sale del baño cuando se lo pides y de enseñarle a decir gracias cuando le das una galleta contribuirá a aumentar su felicidad. Si además introduces una rutina sencilla como dar las gracias cada día por tener alimentos, un techo donde resguardarnos, por haber recibido la visita de la abuela o por haber podido jugar con un amiguito el sentimiento de gratitud se extenderá a la vida.Mi hora favorita para dar las gracias es la hora de la cena. Recuerda que no hace falta ser religioso para dar las gracias; sentirse agradecido es un sentimiento libre de todas las culturas y creencias y la realidad es que aquellas personas que son conscientes de las cosas buenas que ocurrieron en su vida son más felices.
5. Educa de forma positiva.
Sabemos que la forma de poner límites y normas influye mucho en la vida de los niños porque una de las mayores fuentes de sufrimiento e insatisfacción en el mundo de los adultos tiene que ver con la forma en la que nos enfrentamos a los conflictos interpersonales. Así, los niños que aprenden de sus padres a resolver conflictos, respetar normas y límites con menos gritos y enfados, no solo llega a ser adultos con una mejor autoestima, sino que también son capaces de resolver conflictos interpersonales de una manera positiva. La Asociación Americana de Pediatría recomienda a los padres que aprendan a educar a los hijos con estrategias positivas.
6. Comienza siendo tú feliz.
Los niños son grandes imitadores. Mientras conversamos, mientras nos enfrentamos a nuestros problemas, el cerebro de los niños imita nuestra forma de ser para ponerla en práctica cuando tenga la oportunidad. Este ensayo general lo realizan unas neuronas que llamamos neuronas espejo encargadas de imitar todo aquello que observan. Si te muestras infeliz e insatisfecho con tu trabajo, con tu pareja o con la vida en general el cerebro de tus hijos imitará tu forma de entender el mundo. Si criticas sentirá que las personas son una decepción, si desconfías sentirá que las personas no son de fiar, si te preocupas aprenderá que el mundo está lleno de peligros. Si te olvidas de sonreír, disfrutar o vivir la vida con alegría tus hijos también lo olvidarán. Educar en positivo ayuda a prevenir traumas emocionales en la infancia y crecer con un sentimiento de confianza y seguridad que les acompañará toda la vida
7. Acepta tus fracasos y los suyos también
Todos podemos equivocarnos, el error y el fracaso son parte de la vida. Si preguntamos a las personas de más éxito del planeta nos dirán que el éxito sólo ha llegado después de muchos fracasos. No juzgues sus fallos, ni despiertes la culpa cuando no lo hacen bien. Acéptalo con humor y cariño y enséñales a volver a intentarlo, a superarse con esfuerzo e ilusión y aceptar que equivocarse es solo una parte de aprender. Un secreto: si no eres indulgente con tus propios fallos, ellos tampoco lo serán.
8. Deja que se enfrente él/ella mismo a los problemas de la vida.
Ser feliz requiere trabajo y entrenamiento y sobreproteger o ponerlo todo fácil no ayuda. Si quisieras que tu hijo fuera rápido no intentarías correr muy rápido con él en brazos,sino que dejarías que corriera solo. Si quieres que sea capaz de ser feliz en la adversidad, no hagas que el viento sople siempre a su favor, dale la oportunidad de navegar en tempestades y aprender a afrontar el viento en contra.
Contacto: MTF. Violeta Gutierrez Solís
Facebook: Psicóloga Violeta Gutiérrez
Instagram @psicologagutierrez

HOY ESCRIBE EN LA NOTICIA
¿Cómo hacer crecer nuestra empatía hacia los demás? Aquí te comparto algunos tips para lograrlo
Redacción: Psicóloga Violeta Gutiérrez, 23 de abril del 2026
Se podría pensar que la empatía es un rasgo de la personalidad: hay personas que parecen ser empáticas por diseño. Y claro, la empatía es más natural para algunos de nosotros. Las personas llamadas empáticas tienen una gran capacidad para relacionarse con los sentimientos de otras personas; a veces, casi sienten demasiada empatía. Pero la empatía también es una habilidad. Con la práctica, puedes desarrollar tu músculo de la empatía y mejorar tus conexiones con los demás. Desarrollar la empatía es un conjunto de habilidades que se pueden perfeccionar y desarrollar.
Ser más empático requiere esfuerzo. Es parte de la naturaleza humana huir del dolor. Ser empático significa involucrarse en el dolor de otra persona en lugar de distanciarse de él. Poder reconocer la incomodidad y apoyarse en ella es una elección consciente y un desafío por el que una persona puede trabajar. Para ser más empático, ponte en la perspectiva de la persona con la que quieres sentir empatía. Los conoces y sabes la emoción que están experimentando. Entonces, puedes imaginar cómo se sienten. Se trata de comunicar que estás con ellos y que no están solos. No intentes cambiar a la persona ni su emoción, simplemente conéctate con ella.
Por empatía se conoce a la capacidad que tenemos los seres humanos por ponernos en el lugar de otra persona y entender las emociones y los sentimientos que puede llegar a experimentar nuestro interlocutor, incluso si no estamos de acuerdo con sus opiniones o creencias. La clave esencial es que se trata de una habilidad para entender qué siente la otra persona, y más específicamente para entender por qué está sintiendo eso en un momento de terminado. Por ello, es uno de los elementos psicológicos clave para ser capaces de crear vínculos sociales fuertes y relaciones fluidas con los demás.
Por suerte, la empatía es una habilidad que se aprende de manera natural a través del desarrollo psicosocial de los niños y las niñas desde la infancia, que se refuerza durante la adolescencia y que se va poniendo en práctica a lo largo de la vida de la persona; sin embargo, esta puede ser potenciada también en la etapa adulta, siempre que se pongan en práctica varias estrategias para desarrollar la empatía.
Las personas más empáticas tendrán mayores facilidades para relacionarse correctamente con los demás. Por el contrario, las personas con pocas habilidades de empatía tendrán mayor dificultad para comunicarse con su entorno y para llegar a establecer relaciones más intensas y profundas. Por eso, es importante adoptar hábitos que nos permitan experimentar la empatía con todos sus matices. Estrategias para desarrollar la empatía en tus relaciones con los demás
1. Piensa en las prioridades de los demás. – No todo el mundo rige su vida según nuestros valores y nuestros objetivos a medio y largo plazo, y pasar esto por alto puede hacer que las relaciones sean poco fluidas. Solamente el hecho de centrar nuestra atención en otras personas distintas a nosotros nos hará ser empáticos y ponernos en el lugar del otro, y nos alejará del egocentrismo. Así podremos empezar a incorporar en nuestro día a día, de manera progresiva, el pensamiento por otras personas que se encuentran en nuestro entorno.
2. Evita los prejuicios. – De manera constante tenemos tendencia a crear una idea propia sobre otras personas y concebirlas tal y como nosotros hemos imaginado que son desde el principio. Esta técnica basada en el prejuicio es muy poco recomendable, ya que además de ser poco empática e injusta en muchos casos, nos impide conocer verdaderamente a otras personas que se cruzan en nuestro camino. En lugar de realizar juicios de valor previamente o dejarnos llevar por los prejuicios, es importante conocer antes a esa persona y valorarla únicamente por la realidad.
3. Considera las posibles causas contextuales del mal comportamiento. – Muchos patrones de comportamiento considerados “malos” o poco adecuado tienen entre sus principales desencadenantes situaciones que no están bajo el control de la persona que se comporta mal. Por ejemplo, una adicción o una infancia traumática a causa de problemas familiares. Tener en cuenta estos aspectos que van más allá de la propia individualidad es otra manera de desarrollar empatía.
4. Agradece siempre que tengas oportunidad. – El agradecimiento es otro signo de empatía que no debemos pasar por alto, ya que significa que valoramos el esfuerzo de aquellos que nos ayudan o nos hacen cualquier favor. Las personas más empáticas valoran siempre el trabajo de los demás, tanto si están en una cafetería, en un restaurante o en un aula de una universidad. Agradecer a otros siempre que tengamos oportunidad es uno de los primeros pasos para ser empático.
5. Practica un estilo de comunicación asertivo. – El asertividad consiste en expresar de manera clara lo que sentimos o pensamos sobre cualquier cosa o persona, respetando siempre las opiniones ajenas. Además de eso, se basa también en escuchar siempre a la otra persona, en no juzgarla, en establecer límites personales y en ser responsable emocionalmente.
6. Valora el sufrimiento ajeno. – Algunas personas tienden a minimizar o relativizar el sufrimiento ajeno o aquellas situaciones en las que alguna persona lo puede estar pasando mal. Este hábito resulta muy poco empático, ya que, de nuevo, significa que nos creemos el centro del universo o que somos superiores a los demás. Lo que a nosotros nos puede parecer una tontería sin importancia, para otros puede suponer vivir un infierno. Un ejemplo claro lo tenemos en quienes padecen estrés postraumático y experimentan situaciones que activan su trauma.
7. Descifra mensajes poco evidentes. – A veces debemos aprender a leer entre líneas en gestos o mensajes no verbales que pueda emitir nuestro interlocutor. Tanto en la comunicación no verbal como en la entonación con la que se dicen las cosas podemos identificar cómo se encuentra la otra persona más allá de su mensaje literal. Las personas empáticas cazan al vuelo todos estos mensajes que otras personas menos observadoras podrán pasar por alto o ignorar.
8. Respeta el ritmo de los demás. – Esto significa que, si alguna persona necesita más tiempo para expresarse o es más lenta, debemos adaptarnos a su ritmo y sus dinámicas de comunicación. Solamente así lograremos conocer en profundidad a esa persona y lograr una conexión verdadera, profunda y genuina.
La terapia psicológica te ayuda a desarrollar empatía. – La intervención psicológica es otro de los recursos más importantes y eficaces para llegar a ser personas más empáticas. Si buscas ayuda profesional para ello, ponte en contacto conmigo.
MTF. Violeta Gutierrez Solís
Facebook: Psicóloga Violeta Gutiérrez
Instagram @psicologagutierrez
HOY ESCRIBE EN LA NOTICIA
Afectaciones psicológicas de la vejez en los adultos mayores
Psicóloga Violeta Gutiérrez, 16 de abril de 2026
Para muchas personas es fundamental enfocarse en envejecer con éxito, lo que implica una adaptación positiva a los cambios físicos, mentales y sociales que ocurren en esta etapa.
La vejez representa un período que coincide con el deterioro corporal y cognitivo progresivo, pero su definición está influenciada por el contexto sociocultural en el que vive cada adulto mayor. La Organización Mundial de la Salud subraya que la fase senil no se identifica solo en función de la edad, sino también de los nuevos roles sociales como el hecho de ser abuelos o de pasar de ser trabajador a estar jubilado. La tercera edad conlleva señales de identificación específicas que siguen su propio curso y varían de una persona a otra, de acuerdo a un tiempo y orden inespecíficos. Los cambios son físicos y también mentales. Algunas de las señales físicas son:
Hay que poner atención en las señales psicológicas de esta etapa. Diversos estudios confirman que la vejez, al igual que la adolescencia, requiere la estructuración de una nueva identidad, no solo personal sino también social. La transición a la tercera edad implica la aparición de una cantidad considerable de estrés que, si no se gestiona adecuadamente, puede transformarse principalmente en trastornos del estado de ánimo y de ansiedad
La muerte representa el evento crítico por excelencia. La reflexión sobre este tema cada vez ocupa un espacio más relevante y las emociones como el miedo, la preocupación y la ansiedad pueden irrumpir en la vida de las personas mayores y de los familiares. Los familiares desempeñan un papel esencial en este período de reflexión, ya que se convierten en contenedores emocionales, el lugar seguro en el que la persona mayor puede encontrar consuelo y atención.
La jubilación y la enfermedad son los otros dos acontecimientos críticos. Por un lado, la jubilación supone la pérdida del rol social que la persona ha mantenido durante la mayor parte de su vida. Volver a encontrar su sitio dentro de la sociedad se convierte en una necesidad para esta generación, a fin de evitar que surja un sentimiento de inutilidad y vacío o una posible sintomatología depresiva y ansiosa, en los casos más graves.
Una forma útil de afrontar esta nueva etapa es mantener vivos los intereses que uno tiene, dedicarse a su familia y volver a encontrar una nueva manera de estar juntos, y realizar actividades de voluntariado. Un aspecto positivo es la cantidad de tiempo disponible para dedicarse al autocuidado.
La enfermedad representa uno de los procesos más delicados para las personas mayores y sus familias. Surgen tanto la necesidad de recibir ayuda y apoyo como la necesidad de ser autónomos, al igual que lo han sido durante la edad adulta. El reto principal de las personas mayores es el de aceptar ayuda. Los retos psicológicos que pueden surgir en la vejez pueden influir de manera significativa en la calidad de vida de las personas mayores. Cuando no se identifican y abordan a tiempo, es posible que contribuyan a:
Prevalencia de los trastornos psicológicos en la vejez
La vejez es una etapa en la que los trastornos psicológicos pueden adquirir una relevancia significativa, influyendo tanto en la calidad de vida como en la funcionalidad diaria de las personas mayores. Según la Organización Mundial de la Salud (2025), aproximadamente un 14 % de los adultos mayores de 70 años experimenta algún trastorno mental, siendo la depresión, la ansiedad y la demencia los más frecuentes. La prevención y la promoción de la salud mental en la vejez requieren un enfoque integral que involucre tanto a la persona mayor como a su entorno familiar y comunitario. Algunas estrategias respaldadas por investigaciones incluyen:
La colaboración familiar, de la persona mayor, y los profesionales de salud mental como los psicólogos, juegan un papel crucial para afrontar los retos psicológicos que pueden surgir en esta etapa.

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