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Cuando me vaya…

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Por Jesús M. Esparza Flores

Vivimos preocupados por nuestros problemas, pero llegará la hora de que ya no los tengamos, ese momento será la eternidad y, nuestros seres queridos y amigos, nos recordarán por siempre. En México se celebra este momento, especialmente en una fecha: 2 de noviembre, Día de Muertos, una tradición muy arraigada en el centro y sur de nuestro país y que en el norte únicamente se había limitado a llevar flores al panteón.

Tuvo que venir a rodarse Spectre, la película de James Bond, para que se iniciara en la CDMX el desfile del Día de Muertos y que lo hacen coincidir con la fecha de la Fórmula 1 para que sea visto por millones de espectadores locales y por turistas nacionales y extranjeros. La película se estrenó en 2015.

Para el rodaje de las primeras escenas, el director optó por iniciar la travesía del personaje en el centro de la Ciudad de México, en uno de los días más especiales para la población, el Día de Muertos. Sin embargo, no sabía cómo representarlo, ya que quería que formara parte de la escena, no solo como ofrenda. Fue así como se ideó planear un gran desfile que incluyera los elementos que no pueden faltar en la celebración, como las clásicas catrinas, catrines y coloridas flores de cempasúchil. Además, se añadieron grandes figuras de esqueleto, con elementos prehispánicos que representan a la cultura azteca.

Se contrataron artistas mexicanos, quienes crearon los carros alegóricos con las respectivas catrinas, más de mil actores, bailarines y acróbatas, quienes deleitaron al público con su corta participación en la cinta. Tras el estreno de la película, las miradas de público se dirigieron a México, país que, dentro de todas sus tradiciones, es conocido por la manera en que recuerda a los muertos; tradición que, en 2017, también sería expuesta por Disney a través de la conmovedora película Coco. Al notar la atención que obtuvo el desfile de la película, las autoridades del gobierno mexicano optaron por retomar la idea y convertirla en una nueva tradición que, desde el 2016 hasta el día de hoy, se ha llevado a cabo.

Es tradición mexicana colocar un altar de muertos los días 1 y 2 de noviembre de cada año. Se colocan flores y alimentos en recuerdo de nuestros seres queridos que ya partieron de este mundo. Entre los objetos que tiene un altar de muertos destacan veladoras, incienso, sal, flores de cempasúchil, calaveritas de azúcar y sal. También hay fotografías de nuestros difuntos, cigarros, dulces o licores, así como sus platillos favoritos.

El Día de Muertos es una tradición mexicana de origen prehispánico. Los días de fiesta principales son el 1 y 2 de noviembre. Sin embargo, últimamente los preparativos inician muchas semanas antes y es que la belleza y complejidad de esta celebración ha atraído la atención de todo el mundo. De hecho, la UNESCO la nombró Patrimonio Inmaterial de la Humanidad en 2008.

Esta celebración es originaria de la época prehispánica. En ese periodo, muchas etnias mesoamericanas rendían culto a la muerte. Entre ellas estaba la mexica, cuyos dioses encargados de definir el destino de las ánimas eran Mictecacíhuatl y Mictlantecuhtli. Ambos eran señores del Mictlán o “lugar de los muertos”. Sin embargo, para llegar aquí, las almas debían lidiar y sortear una serie de obstáculos para poder conseguir el descanso eterno. Con la llegada de la población europea, este ritual sufrió un proceso de aculturación. La fiesta del dios del inframundo se unió junto con la celebración de los difuntos y se reinventó el proceso hasta ser concebido como lo conocemos ahora.

Las calaveritas literarias son escritos en verso. Comenzaron a escribirse durante el siglo XIX y se volvieron muy populares en el XX. Son hechas con el fin de hablar sobre la muerte con sentido del humor. Las dedicamos a personas conocidas, pero también se utilizan con temáticas sociales e históricas y hasta políticas.

Cada región de México tiene sus propias tradiciones. En Aguascalientes se celebra el Festival de las Calaveras, que rinde homenaje a José Guadalupe Posada, creador de la famosa “Catrina”; en Guanajuato se celebra el 1 de noviembre un Desfile de Catrinas; en Oaxaca, se construyen la Plaza de la Muerte, con puestos donde se puede adquirir artesanía local, y se celebran las “Muerteadas”, comparsas que duran más de 20 horas y en las que los participantes visten de negro y portan espejos que representan la luz y la oscuridad.

Por su parte, en San Luis Potosí tiene lugar el Xantolo el 1 de noviembre que consiste en velar a los muertos con rezos e incienso. Además, el día 2 de noviembre, las comunidades indígenas llevan sus ofrendas a los panteones y adornar las tumbas con flores para las ánimas que, según la creencia de la región, se quedan en la tierra todo el mes.

Mientras, el día 1 de noviembre la isla de Janitzio en Michoacán, honra a los “angelitos” (niños fallecidos) en una procesión nocturna de canoas adornadas con velas, platillos y bebidas. El mismo día en la Ciudad de México, millones de visitantes se dan cita en el panteón de San Andrés Mixquic para recibir a las almas de los muertos al ponerse el sol; y en Xochimilco, la escenificación de la Leyenda de la Llorona atrae a propios y extraños año con año.

En Valle de Allende, el pueblo más bonito del estado de Chihuahua, la noche del 1º de noviembre de cada año, con la preparación de grupos de cinco o seis jóvenes o niños, que escenifican la muerte de uno de ellos, se celebra desde hace más de tres siglos, lo que se conoce como Los Seremos. Al atardecer de ese día, en los puntos más poblados de la localidad, se observan muchos de estos grupos en los que uno de los integrantes finge ser el angelito muerto, recostándose sobre un costal y a quien sus compañeros cubren con una sábana blanca, sosteniendo una vela y un crucifijo. A su vez, los demás niños o jóvenes se hincan alrededor y tras persignarse, rezan un Padrenuestro y un Avemaría, concluyendo con un canto singular: “Angelitos somos, del cielo bajamos, a pedir limosna y si no nos dan ¡puertas y ventanas nos la pagarán!”. Después hacen sonar campanas, cencerros y demás instrumentos para gritar: “¡Seremos, seremos, calabacitas queremos!”.  Luego, solicitan obsequios como alimentos o dinero. Al final, se reparten lo obtenido entre los integrantes del grupo.

Mención aparte merecen los tapetes de Día de muertos, unos son hechos de flores típicas de la temporada, otros de aserrín pintado y adornados con coloridos motivos de catrinas, búhos, dioses prehispánicos y calaveras y otros más de arena, llenos de colores y motivos religiosos, tanto católicos como indígenas. Estos tapetes son originarios de pueblos indígenas en el estado de Oaxaca, aunque en los últimos años, varios estados han querido preservar la tradición, por lo que estas obras de arte se pueden apreciar en plazas públicas de ciudades como Querétaro, Guanajuato, Zacatecas y en el Zócalo de la Ciudad de México. Los más vistosos y representativos se montan en Atlixco, Puebla, así como en Zaachila y en Tuxtepec, Oaxaca.

 

55 frases  o dichos populares que usamos comúnmente en México, hablando siempre de la muerte:

  1. El muerto al pozo y el vivo al gozo 2. No estaba muerto, andaba de parranda 3. De muertos y tragones están llenos los panteones 4. El que por su gusto muere, hasta la muerte le sabe 5. Como te ves, me vi, y como me ves, te verás… 6. El que a hierro mata, a hierro muere 7. Primero muerto… 8. Sobre mi cadáver… 9. Uno propone, dios dispone, llega la muerte y todo lo descompone 10. A mí que ni me cuelguen ese muertito 11. Después de ahogado el niño, tapan el pozo 12. Cuando el tecolote canta, el indio muere 13. El muerto y el arrimado a los tres días apestan 14. Hasta que la muerte los separe 15. Sobre el muerto las coronas 16. El muerto a la sepultura y el vivo a la travesura 17. Los muertos al cajón y los vivos al fiestón 18. El miedo no anda en burro 19. Muerto el perro, se acabó la rabia 20. Matrimonio y mortaja, del cielo bajan 20. Te haces como la mamá del muerto, haces como que lloras para no dar café 21. Lo que mata no es la muerte, sino la mala suerte 22. Entre flores nos reciben y entre ellas nos despiden 23. Dónde se llora está el muerto 24. Muerto el ahijado, se acabó el compadrazgo 25. Cuando te toca, aunque te quites. 26. La muerte está tan segura de alcanzarnos que nos da toda una vida de ventaja 27. Cayendo el muerto y soltando el llanto 28. El pez por la boca muere 29. ¡Ay del que muere! que el vivo enseguida se apaña lo mejor que puede. 30. Los cobardes mueren muchas veces, los valientes solo una 31. Copelas o cuello… 32. México lindo y querido, si muero lejos de ti… 33. Antes muerta que sencilla 34. Quiero morir en tu veneno… 35. Mátenme porque me muero… 36. Para morir nacemos 37. De amor nadie se muere 38. Agárrenme porque lo mato 39. Caite cadáver 40. Más vale que digan: aquí corrió como indio, que murió como perro 41. Al muerto y al consorte, a los tres días no hay quien los soporte 42. Hay muertos que no olvido y vivos que para mí ya murieron 43. O cargo al muerto o le canto al alabado 44. El muerto a la sepultura y los vivos a la diablura 45. Más vale que digan: aquí corrió que aquí murió 46. Todo hombre muere, no todo hombre vive 47. Los muertos se van cuando el olvido los sepulta 48. Yerba mala nunca muere 49. Vive y deja morir 50. Se hace el muerto para ver qué entierro le hacen 51. No tiene ni dónde caer muerto 52. A mí no me asustan con el petate del muerto 53. Que me maten de una vez si he de morir mañana 54. Si no me quieres matar, para qué me dejas herido 55. Genio y figura hasta la sepultura.

¿Mis dichos favoritos? 5, 6, 28, 30, 42, 46 y 53 ¿Y los de ustedes cuáles son?

Lista de canciones recomendadas para recordar a nuestros seres queridos:

https://open.spotify.com/playlist/4kO9d9cU1QlEeFOp10sT5Z?si=OtLOjBx0RyamsUCzOx67wQ

Por hoy es todo. Pues me voy…  

 Correo electrónico: jesusmesparzaf1962@gmail.com

Posdata: No se aceptan críticas, porque ¿saben ustedes cual es la diferencia entre una crítica positiva y la negativa? Pues, la positiva es toda la que yo hago y, la negativa es… ¡toda aquella que me hacen a mí!

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Afectaciones psicológicas de la vejez en los adultos mayores

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Psicóloga Violeta Gutiérrez, 16 de abril de 2026

Para muchas personas es fundamental enfocarse en envejecer con éxito, lo que implica una adaptación positiva a los cambios físicos, mentales y sociales que ocurren en esta etapa.

La vejez representa un período que coincide con el deterioro corporal y cognitivo progresivo, pero su definición está influenciada por el contexto sociocultural en el que vive cada adulto mayor. La Organización Mundial de la Salud subraya que la fase senil no se identifica solo en función de la edad, sino también de los nuevos roles sociales como el hecho de ser abuelos o de pasar de ser trabajador a estar jubilado. La tercera edad conlleva señales de identificación específicas que siguen su propio curso y varían de una persona a otra, de acuerdo a un tiempo y orden inespecíficos. Los cambios son  físicos y también mentales. Algunas de las señales físicas son:

la lentitud psicomotriz progresiva,
la curvatura postural gradual,
el posible desarrollo de enfermedades orgánicas relacionadas con el aparato osteoarticular,
las enfermedades crónicas como la hipertensión, los temblores, la sordera y la pérdida de movilidad y de autonomía, y
la disminución del deseo sexual.
El cuerpo cambia y con él también lo hace la percepción que uno tiene de sí mismo. Aceptar estos cambios representa una tarea evolutiva importante y necesaria para el bienestar psicofísico de las personas mayores.

Hay que poner atención en las señales psicológicas de esta etapa. Diversos estudios confirman que la vejez, al igual que la adolescencia, requiere la estructuración de una nueva identidad, no solo personal sino también social. La transición a la tercera edad implica la aparición de una cantidad considerable de estrés que, si no se gestiona adecuadamente, puede transformarse principalmente en trastornos del estado de ánimo y de ansiedad

La muerte representa el evento crítico por excelencia. La reflexión sobre este tema cada vez ocupa un espacio más relevante y las emociones como el miedo, la preocupación y la ansiedad pueden irrumpir en la vida de las personas mayores y de los familiares. Los familiares desempeñan un papel esencial en este período de reflexión, ya que se convierten en contenedores emocionales, el lugar seguro en el que la persona mayor puede encontrar consuelo y atención.

La jubilación y la enfermedad son los otros dos acontecimientos críticos. Por un lado, la jubilación supone la pérdida del rol social que la persona ha mantenido durante la mayor parte de su vida. Volver a encontrar su sitio dentro de la sociedad se convierte en una necesidad para esta generación, a fin de evitar que surja un sentimiento de inutilidad y vacío o una posible sintomatología depresiva y ansiosa, en los casos más graves.

Una forma útil de afrontar esta nueva etapa es mantener vivos los intereses que uno tiene, dedicarse a su familia y volver a encontrar una nueva manera de estar juntos, y realizar actividades de voluntariado. Un aspecto positivo es la cantidad de tiempo disponible para dedicarse al autocuidado.

La enfermedad representa uno de los procesos más delicados para las personas mayores y sus familias. Surgen tanto la necesidad de recibir ayuda y apoyo como la necesidad de ser autónomos, al igual que lo han sido durante la edad adulta. El reto principal de las personas mayores es el de aceptar ayuda. Los retos psicológicos que pueden surgir en la vejez pueden influir de manera significativa en la calidad de vida de las personas mayores. Cuando no se identifican y abordan a tiempo, es posible que contribuyan a:

Deterioro funcional: la presencia de síntomas como depresión o ansiedad puede dificultar la realización de actividades cotidianas, lo que puede afectar la autonomía y la independencia.
Aumento de la morbilidad: los desafíos psicológicos pueden influir en el curso de enfermedades físicas ya existentes, haciendo que su manejo y recuperación sean más complejos.

Prevalencia de los trastornos psicológicos en la vejez

La vejez es una etapa en la que los trastornos psicológicos pueden adquirir una relevancia significativa, influyendo tanto en la calidad de vida como en la funcionalidad diaria de las personas mayores. Según la Organización Mundial de la Salud (2025), aproximadamente un 14 % de los adultos mayores de 70 años experimenta algún trastorno mental, siendo la depresión, la ansiedad y la demencia los más frecuentes. La prevención y la promoción de la salud mental en la vejez requieren un enfoque integral que involucre tanto a la persona mayor como a su entorno familiar y comunitario. Algunas estrategias respaldadas por investigaciones incluyen:

Fomentar la participación social: mantenerse activo en la comunidad y participar en actividades grupales o de voluntariado puede ayudar a reducir el aislamiento y favorecer un mejor estado de ánimo.
Promover hábitos de vida saludables es fundamental. Por ejemplo, realizar actividad física de manera regular, como ejercicios de fuerza, resistencia, actividades aeróbicas o caminatas de intensidad moderada, ha demostrado reducir los síntomas depresivos y mejorar el bienestar psicológico en la vejez (Jané-Llopis & Gabilondo, 2008). Además, mantener una alimentación equilibrada y cuidar el descanso también contribuyen al bienestar psicológico.
Apoyar la autonomía y la toma de decisiones, facilitando que la persona mayor conserve el control sobre su vida cotidiana, puede fortalecer su autoestima y su sentido de utilidad.
Las intervenciones familiares y comunitarias, como el apoyo emocional de la familia y la presencia de redes comunitarias de apoyo, suelen ser factores protectores importantes.

La colaboración familiar, de la persona mayor, y los profesionales de salud mental como los psicólogos, juegan un papel crucial para afrontar los retos psicológicos que pueden surgir en esta etapa.

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Conoce los distintos tipos de apego y cómo influyen de manera directa en tus relaciones personales

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Redacción: Psicóloga Violeta Gutiérrez, 09 de abril de 2026

Comprender los tipos de apego permite descubrir cómo las experiencias tempranas influyen en la forma en que las personas crean y mantienen vínculos emocionales. Las relaciones con las figuras principales de cuidado moldean la manera en que se percibe la cercanía, la dependencia y la seguridad en la vida adulta. Conocer el tipo de apego que predomina en una persona ayuda a mejorar sus relaciones y su bienestar emocional.  Los tipos de apego en la pareja definen cómo nos vinculamos emocionalmente, basándose en cuatro estilos principales: seguro, ansioso-ambivalente, evitativo y desorganizado. El apego seguro fomenta relaciones sanas y estables, mientras que los inseguros (ansioso, evitativo, desorganizado) suelen generar conflictos, dependencia o distanciamiento emocional por miedos al abandono o intimida

La teoría del apego de John Bowlby. – John Bowlby, psiquiatra y psicoanalista británico, fue quien formuló la teoría del apego moderna. Propuso que el comportamiento de apego se activa cuando el individuo percibe una amenaza o separación, y se alivia al recuperar la cercanía con una figura protectora. Bowlby basó su enfoque en la biología evolutiva, argumentando que el apego tiene una función de supervivencia. La relación temprana con el cuidador configura los modelos internos de trabajo, representaciones mentales que guían las expectativas sobre las relaciones futuras. Este planteamiento fue respaldado por observaciones empíricas y estudios longitudinales. Los datos demostraron que los niños con cuidadores sensibles desarrollan mayor seguridad, mientras que la falta de respuesta consistente puede generar patrones inseguros.

Los patrones de apego desarrollados en la infancia influyen de manera directa en cómo las personas establecen relaciones de pareja, experimentan la intimidad, manejan el rechazo y regulan su bienestar emocional. Estas diferencias determinan cómo cada individuo busca apoyo emocional, expresa sus necesidades y responde ante los conflictos o la distancia afectiva.

1. Apego seguro: vínculo, confianza y autoestima

El apego seguro se asocia con una base emocional estable. Las personas con este patrón confían en sus propias capacidades y en las intenciones de los demás. Mantienen vínculos cercanos sin perder su autonomía ni sentir miedo constante a ser rechazadas. Este estilo fomenta la autoestima y la percepción positiva del entorno. Tienden a resolver conflictos con empatía y muestran una regulación emocional equilibrada. En la adultez, este tipo de apego se relaciona con relaciones estables y satisfactorias tanto en el plano afectivo como social. Características principales:

Confianza en la disponibilidad del otro.
Comunicación abierta y regulada.
Capacidad de pedir apoyo sin temor.

2. Apego ansioso o ambivalente: validación y miedo al abandono

Quienes presentan apego ansioso o ambivalente muestran una fuerte necesidad de validación emocional. Buscan constantemente señales de aceptación y se angustian ante la distancia o la falta de atención. El miedo al abandono domina su comportamiento afectivo. Este estilo se forma en la infancia cuando las respuestas del cuidador son impredecibles: a veces afectuosas y otras distantes. En la vida adulta, genera relaciones intensas y cargadas de inseguridad. Las personas con este patrón oscilan entre la cercanía y la ansiedad, lo que puede provocar conflictos recurrentes y un malestar persistente al sentirse poco valoradas.

Rasgos comunes:

Alta sensibilidad ante el rechazo.
Dependencia emocional.
Dificultad para confiar plenamente.
3. Apego evitativo: distancia emocional y autonomía

El apego evitativo se caracteriza por una necesidad de autonomía que frecuentemente encubre un temor al rechazo. Estas personas minimizan la importancia del vínculo emocional y prefieren confiar en sí mismas antes que depender de otros. Durante la infancia, los cuidadores suelen mostrarse fríos o poco disponibles, lo que refuerza el aprendizaje de que expresar necesidades no es seguro. En la adultez, el individuo evita involucrarse demasiado para mantener control emocional. Este estilo puede dificultar la creación de lazos profundos y limitar la expresión de afecto.

Aspectos destacados:

Incomodidad ante la intimidad.
Tendencia a reprimir emociones.
Rechazo a depender de los demás.
4. Apego desorganizado: experiencias traumáticas y falta de coherencia

El apego desorganizado surge de experiencias traumáticas, negligencia o maltrato. Las figuras de cuidado representan simultáneamente fuente de seguridad y amenaza, generando una falta de coherencia en las respuestas emocionales. Este patrón combina aspectos del apego ansioso y del evitativo. La persona puede desear cercanía, pero al mismo tiempo temerla. En la adultez, se asocia con una baja autoestima y relaciones marcadas por la confusión emocional. El manejo de la distancia emocional resulta complejo, ya que el vínculo se percibe tanto como necesario como peligroso.

Indicadores frecuentes:

Conductas contradictorias (búsqueda y evitación del contacto).
Ansiedad extrema.
Dificultad para regular emociones.

Identificar tu tipo de apego personal y de la pareja es clave para mejorar tu comunicación, si detectas que tu tipo de apego es inseguro y te está ocasionando problemas en tus relaciones interpersonales, es esencial buscar apoyo psicológico, para trabajar con tu tipo de apego y lograr un equilibrio emocional e interpersonal que te haga sentir más seguro y estable  emocionalmente.

Contacto: MTF. Violeta Gutierrez Solís

Facebook: Psicóloga Violeta Gutiérrez

Instagram @psicologagutierrez

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¿Qué es el cutting y la autolesión? ¿Cómo tratarlos psicológicamente?

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Redacción: Psicóloga Violeta Gutiérrez, 02 de abril 2026

La autolesión es un problema grave que afecta a muchos adolescentes. Al igual que otros comportamientos de riesgo, puede ser peligroso y crear un hábito. En la mayoría de los casos, también es un signo de una angustia emocional profunda. Las amistades también pueden presionar a los adolescentes para que experimenten con ellos. El tema de la autolesión puede ser algo preocupante para los padres. Puede ser difícil entender por qué los adolescentes (o incluso los preadolescentes) se lastiman a propósito y preocupante pensar que su hijo adolescente, o uno de sus amigos, podría estar en riesgo de tener este problema. Pero los padres que son conscientes de este importante problema y entienden el dolor emocional que puede significar están en condiciones de ayudar a sus hijos.

Durante el cutting y las autolesiones en adolescentes, se usan objetos afilados como una hoja de afeitar, un cuchillo o unas tijeras para hacer marcas, cortes o rasguños en su propio cuerpo. Pero cortarse es solo una forma de autolesión. Los adolescentes que se autolesionan también pueden quemarse, rasguñarse o golpearse; golpearse la cabeza; tirarse del cabello; pellizcarse la piel; perforarse la piel con agujas u objetos punzantes; o insertarse objetos debajo de la piel.

Las autolesiones están acompañadas por una sensación de vergüenza y se mantienen en secreto. La mayoría de los adolescentes que se cortan ocultan las marcas y, si se notan, encuentran excusas para justificarlas. Sin embargo, algunos adolescentes no tratan de ocultar las lesiones e incluso permiten que la gente se dé cuenta de que las tienen.Cortarse a menudo comienza como un impulso. Pero muchos adolescentes descubren que una vez que comienzan, lo hacen cada vez con más frecuencia y pueden tener problemas para dejarlo de hacer. Muchos adolescentes que se autolesionan dicen que las lesiones les proporcionan una sensación de alivio de las emociones dolorosas profundas que sienten. Por eso, es un comportamiento que tiende a formar un círculo vicioso. Cortarse y practicar otras autolesiones pueden convertirse en la forma habitual de un adolescente de responder a las presiones y sentimientos difíciles de tolerar. Muchos dicen que se sienten “adictos” a este comportamiento. A algunos les gustaría poder parar,pero no saben cómo o sienten que no pueden hacerlo. La mayoría de las veces, la autolesión no es un intento de suicidio. Los adolescentes se autolesionan por muchas razones diferentes:

Emociones muy fuertes que los superan. La mayoría de los adolescentes que se autolesionan lo hacen para luchar contra emociones muy fuertes. Para ellos, es la única forma de expresar o interrumpir sentimientos que son demasiado intensos. El dolor emocional que produce el rechazo, las relaciones perdidas o rotas o el dolor profundo pueden ser abrumadores para algunos adolescentes.
Muchos de ellos están lidiando con un dolor emocional fuerte o con situaciones difíciles que nadie conoce. La presión de ser perfectos o de estar a la altura de estándares imposibles, propios o ajenos, puede causarles a algunos adolescentes un dolor insoportable. Algunos han sufrido malos tratos o situaciones que los han dejado sintiéndose que no cuentan con ningún tipo de apoyo, que son impotentes, indignos o no amados.
Algunos adolescentes han experimentado un trauma, lo cual puede causar olas de indiferencia o entumecimiento emocional llamado “disociación”. Para ellos, cortarse o hacer otros tipos de autolesiones puede ser una forma de probar si aún pueden sentir dolor. Otros lo describen como una forma de “despertar” de ese entumecimiento emocional.
El dolor físico autoinfligido es específico y visible. Para algunas personas, el dolor físico es preferible al dolor emocional. El dolor emocional puede sentirse como algo vago y difícil de precisar con exactitud, de conversar o de aliviar.
Al cortarse o autolesionarse, los adolescentes dicen sentir una sensación de control y alivio al ver y saber de dónde proviene el dolor específico, y una sensación de bienestar cuando éste se detiene. Las lesiones pueden simbolizar el dolor interior que quizá no se pudo verbalizar, confiar a alguien, reconocer o sanar, y dado que son autoinfligidas, es un dolor que el adolescente puede controlar.
Otras personas consideran que el alivio es simplemente un resultado de la distracción de las emociones dolorosas que produce el dolor físico intenso y la impresión de ver sangre. Algunos adolescentes dicen que no sienten dolor al cortarse, pero sí se sienten aliviados porque estas autolesiones visibles “muestran” el dolor emocional que sienten.
La sensación de “adicción”. Cortarse puede crear hábito. Si bien sólo proporciona un alivio temporal del dolor emocional, cuanto más se corta una persona, más necesidad siente de continuar haciéndolo. Al igual que con otras conductas compulsivas, el cerebro comienza a relacionar la sensación momentánea de alivio de las emociones desagradables con la acción de autolesionarse.

Cada vez que surge esta tensión, el cerebro busca entonces ese alivio y lleva al adolescente a repetir esta conducta. Es por esto que lesionarse mediante cortes puede convertirse en un hábito y hacer que la persona se sienta incapaz de dejar de hacerlo. El impulso de cortarse para obtener alivio puede parecer muy difícil de resistir cuando la tensión emocional es alta.

Presión de los pares. Algunos adolescentes son influenciados para comenzar a autolesionarse por otra persona que ya lo hace. La presión de un grupo de compañeros también puede desempeñar un papel importante. Algunos adolescentes se cortan en grupos y pueden presionar a otros a hacerlo. Un adolescente podría ceder ante esta presión de grupo para demostrar que es osado o “está en la onda”, para tener un sentido de pertenencia o evitar el acoso de sus compañeros.

Cualquiera de estos factores puede ayudar a explicar por qué un adolescente se autolesiona. Pero también juegan un papel fundamental los sentimientos y las experiencias únicos de cada adolescente. Algunos adolescentes que se autolesionan podrían no ser capaces de explicar por qué lo hacen.Independientemente de los factores que pueden conducir a que un adolescente se autolesione, esta conducta no es una forma sana de manejar las emociones y presiones, por extremas que éstas sean.

La mejor manera de sanar estas conductas autodestructivas, es acudir con tu psicólogo o psicóloga de confianza en cual te podrá ayudar a resolver esta situación y que el adolescente que lo padece deje de hacerse daño, pueda tener paz y estabilidad emocional, además de un bueno manejo de sus emociones.

 

Contacto: MTF. Violeta Gutierrez Solís

Facebook: Psicóloga Violeta Gutiérrez

Instagram @psicologagutierrez

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