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¿Cómo afectan a los hijos las discusiones de sus padres? Si quieres saber mas, aquí te lo explico

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Redactado por: Psicóloga Violeta Gutiérrez

Maestra en Terapia Familiar.

Los problemas entre los padres tienen un impacto negativo en la adaptación social de los hijos tanto en términos de conducta como de estabilidad afectiva, dependiendo de la intensidad, frecuencia y exposición a estos acontecimientos. Además, la manera de solucionar las discusiones de los padres tiende a reflejarse en las estrategias de resolución de conflictos de los hijos, a menudo extendiéndose a su forma de relacionarse con los demás. Cuando la frecuencia de los conflictos de los padres es mucha existe mayor probabilidad de consecuencias negativas, desde la aparición de síntomas afectivos hasta consolidar comportamientos desadaptativos y algunos trastornos.

Es normal que los padres no estén de acuerdo en todo y discutan de vez en cuando. Pero si surgen muchos conflictos y no son capaces de resolverlos de manera civilizada y respetuosa, los niños acabarán, pagando las consecuencias. El objetivo siempre será que la pareja no se deje llevar por sus emociones y manejen la situación lo mejor posible.

Hay asuntos sobre los que surgen diferencias de opinión, por ejemplo: el dinero, las tareas del hogar o qué hacer en el tiempo libre. También hay desacuerdos sobre cuestiones más importantes para la familia, como las decisiones referentes a cuál es el colegio más adecuado para los niños o con que familia pasar las vacaciones. Incluso, existe controversia sobre asuntos simples y cotidianos como qué elegir paracenar o qué canal ver en la televisión.

En ocasiones los padres no están de acuerdo y, aun así, logran conversar de una manera tranquila, y ambos se dan la oportunidad de escuchar y hablar. Pero en otros casos discuten en serio si no coinciden en algo. Y una discusión es una pelea con palabras. El conflicto es algo natural de la relación de pareja y saber gestionarlo es necesario para poder encontrar soluciones y evitar empeorar la situación.

Los efectos en los hijos

Es fácil que los niños, cuando son pequeños, se asusten en estos casos. En la adolescencia las dificultades pueden ser aún mayores. Escuchar o sentir a sus progenitores discutiendo en casa puede llegar a ser una situación realmente horrible para ellos y es normal que expresen tristeza, preocupación, estrés y enfado.

Las emociones de los niños sobre las peleas de los padres varían, pero si son recurrentes, hay agresiones verbales o los adultos no consiguen una comunicación más serena para resolver sus diferencias. Pueden incluso tener efectos a largo plazo en los hijos. El tono, las palabras y, en definitiva, la forma de gestionar esos puntos de vista distintos es lo que determina cómo esas diferencias son percibidas por los hijos. Un niño puede aprender mucho de negociación y gestión de conflictos o, por el contrario, acumular estrés y ansiedad si esas discusiones son recurrentes, ocurren delante de ellos y existen ofensas, etiquetas o términos descalificadores.

Aquí te dejo unas sugerencias para mejorar los conflictos familiares.:

1. Reconocer lo que sentimos

Siempre es necesario permitirse transitar por las emociones que el conflicto despierta. Enfado, frustración, tristeza. Todos esos sentimientos son legítimos y nos avisan de que estamos frente a algo que resulta un agravio para nosotros. Aceptarlo es fundamental.

2. Las formas importan

Ser conscientes de que una mala gestión de esa reactividad emocional puede ser un gran enemigo porque impide conectar con la otra persona.

3. No olvidar que somos el modelo a seguir de nuestros hijos

Es imprescindible tener en cuenta que los hijos aprenderán a relacionarse según lo que vean de sus adultos de referencia. Esto es, que adquirirán sus habilidades para negociar en función de la capacidad de esas personas para incorporar dicha herramienta en su vida cotidiana.

4. Inculcar valores con la propia conducta

Reflexiona acerca del ejemplo que transmites a los niños sobre valores como el respeto y el asertividad.

5. La búsqueda de soluciones como ejemplo

Valorar el beneficio de que los niños sean testigos de cómo dos personas que piensan de forma distinta utilizan el dialogo para sus diferencias.

Para preservar el bienestar emocional de los niños es de gran ayuda tener en cuenta algunas consideraciones:

Admitir la trascendencia de las disputas.
Mantenlos al margen del problema.
Evita discutir donde ellos estén presentes.
Dialoga con los niños y aclárales que no son responsables de la situación.
Ayudarles a comprender la situación.
Motívalos a expresar sus emociones.
Vigila cómo se encuentran y se presentan algún cambio de conducta.
Analiza cual es la mejor solución a las discusiones de pareja.

Los conflictos de los padres llegan a romper ciertos límites. Si la violencia verbal persiste o hay algún tipo de maltrato, es esencial buscar ayuda psicológica y tomar medidas mucho más firmes, por el bienestar de toda la familia, la separación o el divorcio pueden ser viables en caso de que los padres no lleguen a ningún acuerdo.

 

 

Contacto: Teléfono 6484694143

Facebook: Psicóloga Violeta Gutiérrez

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 Cómo afecta el alcoholismo a las familias de las personas con esta enfermedad

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Redactado por: Psicóloga Violeta Gutiérrez, 04 de junio de 2026

El abuso del alcohol provoca que una persona convierta la bebida en una prioridad. Como consecuencia, el tiempo, el esfuerzo y los recursos que antes se dedicaban a actividades esenciales para la vida, como trabajar y pasar tiempo con la familia, se ven interrumpidos. Una persona puede pensar que el alcohol le ayuda a sobrellevar el estrés, pero con el tiempo, el consumo excesivo y frecuente puede derivar en dependencia.  Una vez que se desarrolla la adicción psicológica, el abuso del alcohol puede volverse una adicción que lo consume todo. Dado que las personas suelen formar parte de redes sociales, es fácil comprender cómo el abuso del alcohol tiene un efecto dominó en toda su red de contactos: familiares, amigos , empleadores, compañeros de trabajo y cualquier otra persona que dependa de ella.

El abuso del alcohol es una fuente importante de estrés en la familia, ya sea que la persona que bebe sea el padre /la madre, un hijo/a, un familiar lejano o un adulto mayor como un abuelo/a. Los cónyuges dependen mucho el uno del otro, por lo que si uno abusa del alcohol, es probable que el otro sufra las consecuencias. Por ley, los cónyuges suelen ser considerados una unidad financiera. Cuando el consumo de alcohol causa problemas económicos o de salud, pueden surgir dificultades que amenacen la relación. Según el Instituto Nacional de la salud y el Alcoholismo, los problemas más comunes que surgen entre los cónyuges cuando uno de ellos abusa del alcohol incluyen:

  • Violencia doméstica.
  • Inestabilidad financiera.
  • Estrés.

Existen muchas maneras en que el consumo problemático de alcohol afecta a los miembros de la familia, los empleadores, los colegas, los compañeros de estudio y otras personas:

  • Descuido de deberes importantes: El alcohol deteriora las funciones cognitivas y las capacidades físicas, y esto, en algún momento, probablemente resultará en el descuido de las responsabilidades relacionadas con el trabajo, la vida familiar y/o los estudios.
  • Necesitar tiempo para recuperarse de la resaca : El alcohol tiene varios efectos secundarios a corto plazo, como la resaca. Si bien el estado físico de la resaca puede ser temporal, puede afectar significativamente la capacidad de una persona para cumplir con sus compromisos, además de propiciar comportamientos poco saludables, como una mala alimentación y la falta de ejercicio.
  • Posibles problemas legales: El consumo de alcohol puede aumentar la probabilidad de que una persona se vea involucrada en peleas, muestre una conducta desordenada en público, conduzca bajo los efectos del alcohol o las drogas y se vea envuelta en disputas o violencia doméstica.
  • La incapacidad de parar a voluntad : El alcohol es una sustancia adictiva y puede provocar dependencia física . Si bien una persona con dependencia física (es decir, con mayor tolerancia, entre otros efectos secundarios) no necesariamente es adicta, el consumo continuo de alcohol es un camino peligroso que puede conducir a la adicción.

En cuanto a la inestabilidad financiera, la discusión previa sobre las pérdidas económicas reales y potenciales asociadas al abuso del alcohol, así como las deudas, pueden desencadenar fácilmente profundos problemas en un matrimonio. El abuso del alcohol por parte de uno de los cónyuges también puede provocar una serie de emociones, como sentimientos de abandono, baja autoestima, culpa y autorreproche.

Todas estas emociones pueden desembocar en un trastorno conocido como codependencia. Algunas personas desarrollan una inadaptación al consumo de alcohol de un ser querido, lo que las lleva a fomentarlo al cuidarlo. Quienes abusan del alcohol experimentan problemas físicos que pueden atraer a otros a cuidarlos. Si bien algunas personas pueden resistir la tentación de ayudar, muchas no lo harán, especialmente los cónyuges, los hijos, otros familiares o las personas del enfermo.

Con el tiempo, el cuidador puede habituarse a este rol de salvador y proveedor, e incluso desarrollar una identidad basada en él. Además, se acostumbra a una relación con la persona que abusa del alcohol, basada principalmente en el cuidado. La línea entre ayudar a una persona que abusa del alcohol y permitirle mantener la adicción se difumina. Así como existen tratamientos para el abuso de alcohol, también existen tratamientos para la codependencia, los cuales han demostrado ser eficaces. Uno de los principales objetivos del tratamiento para la codependencia es ayudar a los cuidadores a reconectar con sus propias necesidades para que puedan vivir una vida plena y satisfactoria, en lugar de estar constantemente al servicio de la adicción de un ser querido.

Es importante tener en cuenta que el familiar con problemas de alcoholismo podría ser un niño o adolescente, en lugar de un adulto. Sin embargo, independientemente de quién sea el miembro de la familia con problemas relacionados con el alcohol, los niños pueden experimentar diversas consecuencias derivadas del consumo excesivo de alcohol en el seno familiar. Existen diversas terapias y tratamientos que pueden ayudar tanto a los niños como a los demás miembros de la familia a afrontar y recuperarse de estos impactos. La agresión verbal en el matrimonio tiene hasta dos veces más probabilidades de ocurrir si alguno de los cónyuges ha consumido alcohol en las últimas cuatro horas, mientras que la agresión física tiene entre tres y cuatro veces más probabilidades de ocurrir si el agresor ha consumido alcohol.

En algún momento de su vida, más del 9% de las personas han estado casadas o han convivido con alguien que cumplía los criterios para un trastorno por consumo de alcohol o que participaba en un consumo problemático de alcohol. Un consumo de alcohol más excesivo y frecuente aumenta el riesgo de violencia en los agresores, y existen pruebas de que las personas con problemas de alcoholismo tienen un mayor riesgo de ser víctimas de delitos.

En el 40 al 80% de las familias en las que los niños sufren maltrato físico, existe algún tipo de abuso de sustancias. Los hijos de padres que abusan de las sustancias tienen más del doble de probabilidades de desarrollar un trastorno por consumo de sustancias al llegar a la edad adulta temprana, en comparación con sus compañeros.

El  costo económico y emocional que acarrea el abuso de alcohol, este puede derivar en violencia doméstica y maltrato infantil. Las investigaciones indican que el 92 % de las víctimas de violencia doméstica reportaron que el agresor había consumido alcohol u otras drogas el día de la agresión. Otro estudio reveló que, entre quienes agreden a su pareja, entre el 60 % y el 70 % habían abusado del alcohol. ⁸ La prevalencia del alcohol en situaciones de abuso no implica necesariamente que beber cause la violencia doméstica, pero sí puede ser un factor que contribuya a ella.

Dados los efectos destructivos del alcoholismo en las relaciones, las familias, las finanzas y otros aspectos, el tratamiento es esencial. Las opciones de tratamiento centradas en el paciente por ejemplo, desintoxicación, tratamiento ambulatorio, tratamiento hospitalario, seguimiento, etc. pueden ser de gran ayuda para quienes luchan contra el abuso de alcohol o un trastorno por consumo de alcohol. Sin embargo, dado que la unidad familiar desempeña un papel fundamental en el tratamiento del abuso de sustancias, es útil involucrar a toda la familia en el proceso terapéutico, recibir terapia familiar.

En la rehabilitación de adicciones centrada en el individuo, el paciente es el centro del tratamiento. En la terapia familiar, se tienen en cuenta las necesidades de toda la familia.  La terapia familiar ayuda a prevenir la recurrencia del abuso de alcohol y otras sustancias. Los estudios demuestran que cuando una persona abusa de una sustancia, aumenta el riesgo de que otros miembros de la familia desarrollen problemas de consumo de sustancias. La terapia familiar actúa como una herramienta para evitar que el problema de consumo de sustancias se transmita de padres a hijos, o de hijos a hermanos.

 

MTF. Violeta Gutiérrez Solís

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Burnout emocional: ¿Qué es y cómo gestionarlo?

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Redacción: Psicóloga Violeta Gutiérrez, 28 mayo 2026

El burnout emocional, o agotamiento emocional, se refiere al desgaste mental y emocional que ocurre principalmente como respuesta al estrés acumulado y sostenido en el tiempo.  Este tipo de agotamiento es muy común en contextos laborales donde las personas experimentan una alta demanda emocional, como en trabajos de atención al cliente, salud, educación, o en cualquier otro trabajo que requiera de un contacto directo con las personas y sus problemas. Sin embargo, el burnout emocional, puede darse también en contextos familiares o personales cuando los desafíos y las responsabilidades emocionales se acumulan sin una gestión adecuada. Quienes experimentan burnout emocional, se encuentran emocionalmente agotadas por lo que suelen perder el interés y el entusiasmo por actividades que antes disfrutaban y pueden comenzar a ver sus relaciones personales y/o laborales con una actitud negativa o distante. Este proceso de agotamiento emocional, si no se aborda, puede llevar a otros problemas de salud mental como la ansiedad o la depresión, dificultando aún más la recuperación.

El burnout emocional es resultado de diferentes factores, tanto personales como contextuales. Uno de los elementos más importantes es el estrés prolongado, especialmente cuando se percibe que las demandas del entorno superan la capacidad de respuesta emocional de la persona. Este tipo de estrés mantenido en el tiempo, sin oportunidades de descanso emocional, va agotando los recursos internos, afectando a la capacidad de la persona para enfrentar situaciones cotidianas.

En el ámbito laboral hay profesiones que demandan un contacto frecuente con otras personas, sobre todo en las que se gestionan emociones complejas (como los ámbitos de la salud, la educación, el trabajo social) tienen un mayor riesgo de desarrollar este problema.  Por ejemplo, un médico que atiene a pacientes enfermos de forma continua puede sentirse emocionalmente sobrepasado al ver el sufrimiento constante de otros, sin una vía clara para manejar este impacto en su propio bienestar emocional. También puede aparecer en los siguientes contextos:

  • Sobrecarga de trabajo: Cuando una persona tiene un volumen de tareas que parece interminable, siente que nunca termina de cumplir con todas las expectativas que sobre él o ella recaen. Esto genera una sensación de falta de control y sobre exigencia.
  • Ambiente laboral tóxico: Un entorno donde existen conflictos, falta de apoyo entre compañeros o una alta competitividad puede aumentar el estrés y la sensación de aislamiento.
  • Falta de reconocimiento: No recibir retroalimentación o reconocimiento por el esfuerzo llevado a cabo puede dar lugar a desmotivación y reducir el sentido de propósito en el trabajo.

Factores personales

Las personas con un alto sentido de responsabilidad o perfeccionismo pueden tender a exigirse demás de la cuenta, sintiendo que nunca es suficiente con lo que hacen, lo que aumenta su susceptibilidad a desarrollar burnout emocional. Así mismo, una baja percepción de control puede afectar negativamente a quien enfrentar situaciones de alta demanda. Si una persona siente que no tiene la capacidad de influir en su entorno o en los resultados, su nivel de estrés aumenta de forma importante. Otro factor individual es la falta de habilidades de afrontamiento emocional, como la capacidad para expresar las emociones propias o la habilidad de delegar tareas cuando es necesario. Aquellas personas que no practican estrategias de autocuidado, como el descanso o la relación, tienden a acumular estrés sin dar espacio a la recuperación emocional.

Uno de los signos más evidentes del burnout emocional es el cansancio afectivo, una sensación de vacío o desmotivación que afecta a las relaciones personales. La persona afectada puede sentir que ha perdido la capacidad de empatizar o de responder emocionalmente a quienes le rodean, algo que se nota especialmente en trabajos que requieren un apoyo emocional constante. Por ejemplo, un profesor puede empezar a sentir que sus estudiantes le irritan o que ya no le motiva enseñar, algo de lo que antes disfrutaba. Otros síntomas emocionales incluyen:

  • Irritabilidad: La persona está más reactiva, mostrando enfado o frustración ante situaciones que antes no le molestaban.
  • Sentimientos de desesperanza: Aparece la sensación de que nada de lo que se haga es suficiente o útil para cambiar las cosas.
  • Desapego emocional: Tendencia a distanciarse de las personas y de los problemas, evitando interacciones emocionales que podrían generar más cansancio.

Síntomas cognitivos del burnout emocional

Una persona sentada en un escritorio, mirando fijamente una pantalla de computadora con una pila de trabajo sin terminar a su lado. Su postura está encorvada y sus ojos se ven cansados y desenfocados. Alrededor de su cabeza flotan signos de interrogación borrosos, simbolizando la dificultad para concentrarse y tomar decisiones. La escena transmite agotamiento mental, frustración y sensación de insuficiencia debido al burnout emocional El agotamiento emocional también afecta a los procesos cognitivos. Es común que quienes padecen burnout emocional experimenten una disminución en la concentración y su capacidad para tomar decisiones. Actividades que antes resultaban sencillas, pueden ahora parecer agotadoras y difíciles de gestionar. Esta reducción en la capacidad continua puede tener un impacto importante en el desempeño profesional o académico, dando lugar a mayor frustración y a la sensación de insuficiencia. Otros síntomas que pueden aparecer a nivel cognitivo son:

  • Pensamientos negativos recurrentes: La persona puede caer en un ciclo de autocrítica o de pensamientos de tipo pesimista, sintiendo que no puede hacer nada bien.
  • Dificultad para recordar cosas: La memoria a corto plazo se puede ver afectada, lo que dificultad la realización de tareas simples, como recordar una lista de cosas pendientes.
  • Decisiones impulsivas o evitación: Al sentirse una persona mentalmente agotada, puede tomar decisiones precipitadas o evitarlas por completo.

El burnout emocional también se manifiesta físicamente:

  • Fatiga constante: Aún descansando lo suficiente, la persona puede sentirse agotada, lo que indica que el cuerpo también se ve afectado por el estrés acumulado.
  • Dolores musculares y/o de cabeza: El estrés emocional se refleja en la tensión física, lo que puede causar dolor de cabeza, cuello o espalda.
  • Problemas de sueño: Las personas con burnout emocional suelen tener dificultades para conciliar el sueño o tener un sueño no reparador, lo que aumenta la fatiga al día siguiente.

En conjunto, todos estos síntomas afectan a la vida personal y laboral de quien los experimenta, pero también pueden llevar a un deterioro de la salud mental y física de la persona que presenta este burnout emocional.  Si detectas que presentas alguno de los síntomas que aquí te comparto, agenda una cita para consulta psicológica, con tu psicólogo o psicóloga de confianza.

 

MTF. Violeta Gutierrez Solís

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Signos, síntomas y prevención del abuso sexual infantil en México

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Redactado por: Psicóloga Violeta Gutiérrez, 21 de mayo del 2026

Durante el primer trimestre de 2026, el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) registró más de 24,000 delitos contra menores de edad (0 a 17 años). De estos, el abuso, acoso y violación sexual representaron una de las categorías principales. En promedio nacional, se reportaron alrededor de 787 carpetas diarias por delitos de género. Contexto y estadísticas clave. El panorama oficial indica que la violencia sexual es un problema estructural en el país, afectando principalmente a mujeres y niñas: Víctimas de género:

Durante los dos primeros meses de 2026, el Consejo Ciudadano para la Seguridad y Justicia de la CDMX reportó una tasa de 214 carpetas de investigación por delitos de género por cada 100 mil habitantes, destacando entidades como la Ciudad de México.

Abuso Infantil: Los datos de niñez indican que más del 86%de las víctimas menores de edad en delitos sexuales son mujeres. En el marco del Día Internacional contra la Explotación Sexual Infantil, se contabilizaron decenas de casos de pornografía y captación mediante redes de trata.Cifra negra: Las estimaciones nacionales del INEGI advierten que la incidencia real supera por mucho a las cifras oficiales, ya que más del 90% de los delitos sexuales no se denuncian por desconfianza en las autoridades o miedo a la revictimización.

Herramientas de apoyo y denuncia Si tú o alguien que conoces necesita ayuda inmediata, puedes comunicarte a los siguientes recursos: Emergencias Nacionales: Línea 911 para atención de emergencias y canalización a instancias de protección de la mujer y las infancias.

El abuso sexual infantil no es un problema nuevo, sino una de las formas de maltrato infantil que acompañó al desarrollo del hombre durante toda su historia. Aparece en la literatura, en el cine y frecuentemente en noticias periodísticas. Es el más escondido de los maltratos y del que menos se conoce, tanto en el ambiente médico legal como en el social. El abuso sexual infantil no ocurre solo en poblaciones marginales, sino que abarca todas las culturas y todas las clases sociales. La estimación de mayor demanda que hay en la actualidad se debe a que recién ahora las personas involucradas se están animando a denunciarlo, lo que se refleja en una mayor cantidad de consultas, tanto en el nivel hospitalario como en el privado. En América latina, 1 de cada 5 niños son abusados por un familiar cercano; en más del 50% hay evidencias de situaciones incestuosas; el 80% son amigos, vecinos o parientes.

Definición de abuso sexual: Cualquier solicitud o ejercicio de contacto, caricias, juegos o toqueteos, en los que al menos uno de los implicados no desea, conoce o carece de conciencia de lo que está pasando y que se obtiene por la fuerza o la ascendencia con la víctima.

Los signos o síntomas pueden variar dependiendo de la edad y la clase de abuso. Para el caso de los más pequeños -niños menores de 8 años- existen algunas características físicas y psicológicas que nunca deben pasarse por alto:

Revisar su cuerpo frecuentemente: identificar cualquier anormalidad en las zonas íntimas como enrojecimiento, inflamación, brotes, infecciones urinarias repetitivas y flujo.
Síntomas de ansiedad: pesadillas repetitivas, alteraciones del sueño, distracción o ensimismamiento, cambio en los patrones alimentarios o desgano, no poder tragar y cambios repentinos del estado de ánimo. Hay que tener en cuenta que durante las etapas del crecimiento algunos de estos cambios son normales, pero cuando son repentinos por lo general pueden considerarse un signo de alarma.
Interés súbito por temas sexuales: conductas auto estimulatorias, juegos de características sexuales o dibujos, preguntas de índole sexual.
Nuevos temores: miedo a lugares o personas que antes no se presentaban, no querer quedarse con algún adulto o cuidador.
Otros síntomas: Mencionar que tienen secretos o amigos especiales, que aparezca con juguetes o dinero que habitualmente no tienen ni pueden conseguir.
En cuanto a los adolescentes víctimas de abuso sexual, según la especialista, pueden presentar episodios de depresión: hablar de muerte o suicidio o autolesionarse, descuidar sus estudios y el aspecto personal. Sufren además desórdenes alimenticios, abuso de licor de drogas, promiscuidad y temores repentinos como a quedarse solos con alguien o en algún lugar en específico.

La prevención es fundamental y resulta tarea de los padres y cuidadores de los menores y adolescentes. Ante las alertas se recomienda:

Ser cuidadoso con quién se deja a sus hijos. Los depredadores sexuales por lo general son cercanos a algún entorno de sus víctimas.
Supervise el acceso a internet de los niños, así evitará que tenga contacto con personas extrañas y material inadecuado.
Si va de paseo o algún campamento, verifique la información de cada uno de los encargados, siempre que regrese de sus actividades pregúntele cómo le fue, con quién estuvo, qué hizo.
De acuerdo con la edad, es importante que tengan algún conocimiento sobre la sexualidad. Los menores de 8 años deben saber cuáles son los genitales, que nadie los puede tocar o quitar la ropa y explicarles que no deben dejarse manipular o amedrentar con regalos o amenazas.
Hable abiertamente sobre sexualidad con ellos y permita que hagan preguntas. Incentive siempre en los niños a que comenten cualquier situación que los haga sentir incómodos o vulnerables.
Si sospecha que un menor es víctima de abuso mantenga la calma e informe a las autoridades.
Brinde apoyo al menor, crea en su denuncia, no lo juzgue, rechace o culpe.

Estas señales son algunos indicadores y es difícil tener la certeza de abuso solo con estos indicios. Si los padres tienen sospechas o el menor o adolescente habla sobre conductas inapropiadas, lo más recomendado es que el menor sea evaluado por su medico pediatra, asi como la atención psicológica.

 

MTF. Violeta Gutiérrez Solís

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