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¿Por qué semos ansina desde endenantes?

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Por Jesús Esparza Flores

Siempre he sostenido que, para entender a los mexicanos y para entendernos a nosotros mismos, debería ser lectura obligada el libro El Laberinto de la Soledad, donde el escritor mexicano Octavio Paz (Ciudad de México, 1914 – Ibidem, 1998), ganador del Premio Nobel de Literatura en 1990, reflexiona sobre la identidad de México y los valores culturales que mueven los hilos de nuestra historia.

Ya sé, ya sé, no es semos, se dice: somos; no es ansina, se dice: así; no es endenantes, se dice: antes. Me recuerda una anécdota, de un personaje muy pintoresco del sur del estado, me refiero a Don Raúl Soto Reyes, quien nació en 1912 en Providencia, Durango y, a partir de 1930 radicó en Santa Bárbara, Chihuahua, en donde fue Presidente Municipal y, desde 1950 radicó en Parral. Dentro de su falta de preparación, fue un hombre exitoso que se forjó en la universidad de la vida, quien llegó a ser Presidente Municipal de Parral por diversas circunstancias, son tantas las anécdotas sobre él, que en algún artículo me ocuparé solamente de Don Raúl. El General Práxedes Giner Durán, gobernador del estado, en una visita al sur del estado, Don Raúl le decía: Señor Gobernador, “juimos” a la capital a hacer gestiones y sus funcionarios no me hicieron caso, fuimos Don Raúl, le corregía su diligente e instruido secretario del Ayuntamiento, insistía Don Raúl, “juimos muchas veces”, fuimos Don Raúl, de nuevo lo corregía el secretario, hasta que lo hizo enojar y le dice: “tu cállate, no te metas, tu ni “juites” conmigo, mitotero, zoquete, mentecato, pazguato, metiche, aprontón…”

Regresando a El Laberinto de la Soledad, Octavio Paz reflexiona sobre las actitudes de autodefensa, resignación e ironía mexicanas que funcionan como máscaras que ocultan la realidad. Así, establece que el mexicano es cerrado. En nuestra cultura, abrirse, mostrarse, es percibido como debilidad y traición. Octavio Paz piensa que esto es visible en expresiones del lenguaje como “no te rajes”, una máxima mexicana.

El solitario mexicano ama las fiestas y las reuniones públicas. Todo es ocasión para reunirse. Cualquier pretexto es bueno para interrumpir la marcha del tiempo y celebrar con festejos y ceremonias, hombres y acontecimientos. Somos un pueblo ritual. Y esta tendencia beneficia a nuestra imaginación tanto como a nuestra sensibilidad, siempre afinadas y despiertas.

Nuestro calendario está poblado de fiestas. Ciertos días, lo mismo en los lugarejos más apartados que en las grandes ciudades, el país entero reza, grita, come, se emborracha y mata en honor de la Virgen de Guadalupe o del general Zaragoza. Cada año, el 15 de septiembre a las once de la noche, en todas las plazas de México celebramos la fiesta del Grito; y una multitud enardecida efectivamente grita por espacio de una hora, quizá para callar mejor el resto del año. Durante los días que preceden y suceden al 12 de diciembre, el tiempo suspende su carrera, hace un alto y en lugar de empujarnos hacia un mañana siempre inalcanzable y mentiroso, nos ofrece un presente redondo y perfecto, de danza y juerga, de comunión y comilona con los más antiguo y secreto de México. El tiempo deja de ser sucesión y vuelve a ser lo que fue, y es, originariamente: un presente en donde pasado y futuro al fin se reconcilian.

Si en la vida diaria nos ocultamos a nosotros mismos, en el remolino de la fiesta nos disparamos. Más que abrirnos, nos desgarramos. Todo termina en alarido y desgarradura: el canto, el amor, la amistad. La violencia de nuestros festejos muestra hasta qué punto nuestro hermetismo nos cierra las vías de comunicación con el mundo. Conocemos el delirio, la canción, el aullido, el monólogo, pero no el diálogo.

Y la fiesta sólo es un ejemplo, acaso el más típico, de ruptura violenta. No sería difícil enumerar otros, igualmente reveladores: el juego, que es siempre un ir a los extremos, mortal con frecuencia; nuestra prodigalidad en el gastar, reverso de la timidez de nuestras inversiones y empresas económicas; nuestras confesiones. El mexicano, ser hosco, encerrado en sí mismo, de pronto estalla, se abre el pecho y se exhibe, con cierta complacencia y deteniéndose en los repliegues vergonzosos o terribles de su intimidad. No somos francos, pero nuestra sinceridad puede llegar a extremos que horrorizarían a un europeo. La manera explosiva y dramática, a veces suicida, con que nos desnudamos y entregamos, inermes casi, revela que algo nos asfixia y cohíbe. Algo nos impide ser. Y porque no nos atrevemos o no podemos enfrentarnos con nuestro ser, recurrimos a la fiesta. Ella nos lanza al vacío, embriaguez que se quema a sí misma, disparo al aire, fuego de artificio.

En nuestro lenguaje diario hay un grupo de palabras prohibidas, secretas, sin contenido claro, y a cuya mágica ambigüedad confiamos la expresión de las más brutales o sutiles de nuestras emociones y reacciones. Palabras malditas, que sólo pronunciamos en voz alta cuando no somos dueños de nosotros mismos. Los adolescentes, cuando quieren presumir de hombres, las pronuncian con voz ronca. Las repiten las señoras, ya para significar su libertad de espíritu, ya para mostrar la verdad de sus sentimientos.

Toda la angustiosa tensión que nos habita se expresa en una frase que nos viene a la boca cuando la cólera, la alegría o el entusiasmo nos llevan a exaltar nuestra condición de mexicanos: ¡Viva México, hijos de la “Chingada!” Verdadero grito de guerra, cargado de una electricidad particular, esta frase es un reto y una afirmación, un disparo, dirigido contra un enemigo imaginario, y una explosión en el aire.

Hasta aquí, lo dicho por Octavio Paz, ensayo que no pierde vigencia

En el mundial de Francia 1998, Rodrigo Rafael Ortega caminaba en París en estado de ebriedad y con ganas de ir al baño, al no aguantar sus ganas, el alcoholizado aficionado mexicano decidió usar el Arco del Triunfo como su sanitario, Rodrigo apagó la “llama eterna”, misma que nunca había sido apagada desde 1921.

Durante el mundial de Corea-Japón en 2002, un mexicano ebrio se subió al tren bala de Japón, decidió accionar el botón de emergencia del tren, mismo que nunca había sido accionado en toda su historia.

En el mundial de Sudáfrica 2010, apareció otro mexicano haciendo estragos en el país anfitrión, fans de todo el mundo se reunían alrededor de una estatua de Nelson Mandela. Un grupo de mexicanos ebrios acudieron a la estatua de noche, uno de ellos decidió que era muy divertido disfrazar a la estatua con prendas mexicanas. El responsable fue encarcelado y se perdió dos partidos de la selección mexicana. Tras salir de la cárcel alguien le preguntó qué porque lo había hecho. y él contestó, “Le hacía falta el toque mexicano”.

En Brasil 2014, hubo un terrible accidente en un crucero donde se hospedaban algunos aficionados que acudieron al  evento, el hijo del procurador de Chiapas Jorge Alberto Lopez Amores, de 29 años, decidió aventarse desde el piso 15 del barco, alardeando que él iba hacer historia al aventarse y parar el crucero. Testigos afirman que, después de la caída, nunca vieron que Jorge Alberto volviera a salir a la superficie del agua, las autoridades no lograron encontrar el cuerpo, por lo que tuvieron que cesar la búsqueda.

Otro incidente apareció en el mundial de Brasil 2014, unos mexicanos viajaban en taxi, cuando decidieron sacar la mano para tocar el trasero de una joven, los que acompañaban a la mujer se quejaron y se empezaron a hacer de palabras con los mexicanos, quienes se bajaron del taxi y comenzaron a golpear a los brasileños, uno de ellos logró escapar e ir con la policía mientras que sus amigos eran el blanco de los golpes, las autoridades llegaron, detuvieron a los mexicanos y le dieron asistencia médica a los brasileños. Resultó ser, que los agresores eran funcionarios del partido político mexicano, Partido Acción Nacional

En Catar o Qatar, a través de redes sociales se compartió un video de un aficionado mexicano arribando a la terminal de Medio Oriente, “traficando” una supuesta botella de alcohol y, en otro caso, un aficionado tratando de introducir alcohol al estadio en unos binoculares, siendo detectado por el personal de seguridad.  Y ni qué decir del boxeador mexicano Saúl “El Canelo” Álvarez, amenazando con golpear a Lionel Messi, porque en redes sociales se hizo viral un video en el que Messi, durante la celebración de la Albiceleste en su vestidor, aparentemente patea la playera del Tri al momento de que intentó quitarse los botines. Tuvo que intervenir el futbolista mexicano Andrés Guardado para aclarar todo: “Los que nunca han estado en un vestuario de fútbol no entienden. Es un acuerdo con los utileros, todo lo que está en el suelo es para lavar y lo que no, te lo llevas a casa. Es así, la ropa sucia va al suelo, sea tu camiseta o la del rival, siempre es así. De hecho, esa camiseta era la mía, yo se la cambié a Leo y yo también tiré al suelo la camiseta de Leo al suelo para que la lavaran.” El Canelo, al final se disculpó con Messi y la gente de Argentina.

La selección mexicana fue, o fuimos eliminados del mundial en Catar, igual que ha sucedido en diferentes eventos deportivos de conjunto (salvo los campeonatos de la copa Confederaciones en 1999, sub-17 2005 y 2011 y los Olímpicos en 2012), provocando enojo y tristeza por no poder festejar un cuarto partido del “TRI”.

En suma, diría Octavio Paz, la historia podrá esclarecer el origen de muchos de nuestros fantasmas, pero no los disipará. Sólo nosotros podemos enfrentarnos a ellos. O, dicho de otro modo: la historia nos ayuda a comprender ciertos rasgos de nuestro carácter, a condición de que seamos capaces de aislarlos y denunciarlos previamente. Nosotros somos los únicos que podemos contestar a las preguntas que nos hacen la realidad y nuestro propio ser.

Frase de la semana: “El traidor no es confiable en ninguno de los bandos, la lealtad es admirada hasta por el enemigo” Simón Bolívar. Con dedicatoria especial para.. NO, dije que no iba a hablar de política y punto.

Cantante recomendado de la semana: Helen Folasade Adu, mejor conocida como Sade. Cantante y compositora nigeriana nacionalizada británica. De madre británica y padre nigeriano,​ a los cuatro años se fue con su madre a vivir a Inglaterra, cuando aquella se separó de él. Durante su adolescencia, no paraba de escuchar discos de Nina Simone, Peggy Lee y Astrud Gilberto, este estilo de música la fascinaba.

En aquella época no pensaba todavía en cantar, pero un par de viejos amigos de la facultad la invitan como vocalista en una banda que pasó a llamarse Pride, y luego cambió a Sade, que es una abreviatura de Folasade.

La banda se convierte en el espectáculo de los clubs de la capital inglesa, en gran parte gracias a la belleza y carisma de su cantante, que se vería reflejada en revistas de tiraje internacional como Vogue, Cosmopolitan, Time… y en pocos meses se convirtió en la reina del jazz. Además, la banda Sade se convirtió en un hito de la década de los ochenta. Mientras el pop electrónico y la música con sintetizadores eran la tendencia de aquellos años, la banda hizo una atrevida apuesta por crear su propio sonido, de carácter más orgánico y más suave, una amalgama de pop con muchos géneros musicales, tan variados como el jazz, soul, funk, bossa nova, música africana y jamaicana y balada norteamericana, entre otros, finamente sellado por la voz tersa de Sade. Mis canciones favoritas de ella: Smooth Operator, No ordinary love, By your side, Your Love is King, Cherish the day, Kiss of life. Si quieren pasar momentos muy agradables, escuchen sus canciones.

Canción recomendada de la semana: Smooth Operator, cantada por Sade. Ella se tuteó con el éxito desde sus primeros sencillos y así ha llegado hasta la actualidad. Aquel Smooth Operator de 1984 hizo popular a una de las mejores voces femeninas del soul internacional de las últimas décadas, mediante una letra y un sonido que conducen a una atmósfera sumamente grata y cálida, aunque tal vez un poco tendiente a la melancolía o, como ella misma dice: “si la tristeza es bien tratada, trae la felicidad”. Con la belleza inclasificable de su arte sonoro, nos robó el corazón y se niega a devolvérnoslo. Pero, pese a ello, ese vital músculo herido, obtiene consuelo en su voz aterciopelada.

Bien dice Anje Ribera que, esta creación está amparada en su suave garganta y en un exquisito sonido, que convirtió aquel vinilo de 45 revoluciones, en pieza de colección para los amantes de la buena música. La atmósfera que transmite desde la primera nota y la palabra inicial de la letra, nos envuelve en un sonido preciosista, cálido y acogedor.

Smooth Operator es música divina, mezcla de pop, soul y jazz, inicialmente dirigida a un tipo de público muy específico. Pero las cifras demostraron que, pese a ese destino elitista inicial, realmente caló en todo tipo de amantes de la música, vendiendo millones de copias en todo el planeta. Su medida lentitud, recrea sin igual un ambiente de lujo estilístico, basado en solos de saxofones, que satisfacen cualquier espíritu instrumental, con pianos, bajos y guitarras muy sutiles.

En esta canción, Sade suena seductora y calmada, pausada. La elegancia de este pseudo-soul es ejemplo del sonido propio de la africana, fruto de influencias diversas. Canta susurrando, rodeada de un sonido elegante y envolvente, y ése es precisamente, el sello personal de esta mujer de gran personalidad.

Por todo ello, la exquisitez de Smooth Operator lleva casi cuarenta años formando parte de nuestras vidas. Quizás la oímos cuando dimos el primer beso, cuando rompimos aquella relación, cuando sufrimos por  desamor, o también, cuando encontramos el amor verdadero. Sigue siendo una de nuestras canciones preferidas, porque seguimos cautivos de ese sonido tan delicioso. La canción a la que hoy se dedica este artículo, es una maravilla en sí misma, desde su comienzo recitado, con una letra brillante y sutil.

Smooth Operator es un clásico que jamás dejará de sonar en las plataformas musicales. La letra hace referencia, a la forma de afrontar la vida de un hombre elegante, que transita por las altas esferas de la sociedad, encaramado a una total superioridad, él es muy popular con las damas y rompe muchos corazones en sus viajes, pero jamás devuelve el afecto que le profesan las mujeres, porque su corazón es frío y vive amparado en la insensibilidad. Sade nos los cuenta mediante una mezcla elegante de rhythm & blues, jazz y soul… de lujo.

 

Por hoy es todo. Pues me voy…    jesusmesparzaf1962@gmail.com

Posdata: No se aceptan críticas, porque ¿saben ustedes cual es la diferencia entre una crítica positiva y la negativa? Pues, la positiva es toda la que yo hago y, la negativa es… ¡toda aquella que me hacen a mí!

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Afectaciones psicológicas de la vejez en los adultos mayores

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Psicóloga Violeta Gutiérrez, 16 de abril de 2026

Para muchas personas es fundamental enfocarse en envejecer con éxito, lo que implica una adaptación positiva a los cambios físicos, mentales y sociales que ocurren en esta etapa.

La vejez representa un período que coincide con el deterioro corporal y cognitivo progresivo, pero su definición está influenciada por el contexto sociocultural en el que vive cada adulto mayor. La Organización Mundial de la Salud subraya que la fase senil no se identifica solo en función de la edad, sino también de los nuevos roles sociales como el hecho de ser abuelos o de pasar de ser trabajador a estar jubilado. La tercera edad conlleva señales de identificación específicas que siguen su propio curso y varían de una persona a otra, de acuerdo a un tiempo y orden inespecíficos. Los cambios son  físicos y también mentales. Algunas de las señales físicas son:

la lentitud psicomotriz progresiva,
la curvatura postural gradual,
el posible desarrollo de enfermedades orgánicas relacionadas con el aparato osteoarticular,
las enfermedades crónicas como la hipertensión, los temblores, la sordera y la pérdida de movilidad y de autonomía, y
la disminución del deseo sexual.
El cuerpo cambia y con él también lo hace la percepción que uno tiene de sí mismo. Aceptar estos cambios representa una tarea evolutiva importante y necesaria para el bienestar psicofísico de las personas mayores.

Hay que poner atención en las señales psicológicas de esta etapa. Diversos estudios confirman que la vejez, al igual que la adolescencia, requiere la estructuración de una nueva identidad, no solo personal sino también social. La transición a la tercera edad implica la aparición de una cantidad considerable de estrés que, si no se gestiona adecuadamente, puede transformarse principalmente en trastornos del estado de ánimo y de ansiedad

La muerte representa el evento crítico por excelencia. La reflexión sobre este tema cada vez ocupa un espacio más relevante y las emociones como el miedo, la preocupación y la ansiedad pueden irrumpir en la vida de las personas mayores y de los familiares. Los familiares desempeñan un papel esencial en este período de reflexión, ya que se convierten en contenedores emocionales, el lugar seguro en el que la persona mayor puede encontrar consuelo y atención.

La jubilación y la enfermedad son los otros dos acontecimientos críticos. Por un lado, la jubilación supone la pérdida del rol social que la persona ha mantenido durante la mayor parte de su vida. Volver a encontrar su sitio dentro de la sociedad se convierte en una necesidad para esta generación, a fin de evitar que surja un sentimiento de inutilidad y vacío o una posible sintomatología depresiva y ansiosa, en los casos más graves.

Una forma útil de afrontar esta nueva etapa es mantener vivos los intereses que uno tiene, dedicarse a su familia y volver a encontrar una nueva manera de estar juntos, y realizar actividades de voluntariado. Un aspecto positivo es la cantidad de tiempo disponible para dedicarse al autocuidado.

La enfermedad representa uno de los procesos más delicados para las personas mayores y sus familias. Surgen tanto la necesidad de recibir ayuda y apoyo como la necesidad de ser autónomos, al igual que lo han sido durante la edad adulta. El reto principal de las personas mayores es el de aceptar ayuda. Los retos psicológicos que pueden surgir en la vejez pueden influir de manera significativa en la calidad de vida de las personas mayores. Cuando no se identifican y abordan a tiempo, es posible que contribuyan a:

Deterioro funcional: la presencia de síntomas como depresión o ansiedad puede dificultar la realización de actividades cotidianas, lo que puede afectar la autonomía y la independencia.
Aumento de la morbilidad: los desafíos psicológicos pueden influir en el curso de enfermedades físicas ya existentes, haciendo que su manejo y recuperación sean más complejos.

Prevalencia de los trastornos psicológicos en la vejez

La vejez es una etapa en la que los trastornos psicológicos pueden adquirir una relevancia significativa, influyendo tanto en la calidad de vida como en la funcionalidad diaria de las personas mayores. Según la Organización Mundial de la Salud (2025), aproximadamente un 14 % de los adultos mayores de 70 años experimenta algún trastorno mental, siendo la depresión, la ansiedad y la demencia los más frecuentes. La prevención y la promoción de la salud mental en la vejez requieren un enfoque integral que involucre tanto a la persona mayor como a su entorno familiar y comunitario. Algunas estrategias respaldadas por investigaciones incluyen:

Fomentar la participación social: mantenerse activo en la comunidad y participar en actividades grupales o de voluntariado puede ayudar a reducir el aislamiento y favorecer un mejor estado de ánimo.
Promover hábitos de vida saludables es fundamental. Por ejemplo, realizar actividad física de manera regular, como ejercicios de fuerza, resistencia, actividades aeróbicas o caminatas de intensidad moderada, ha demostrado reducir los síntomas depresivos y mejorar el bienestar psicológico en la vejez (Jané-Llopis & Gabilondo, 2008). Además, mantener una alimentación equilibrada y cuidar el descanso también contribuyen al bienestar psicológico.
Apoyar la autonomía y la toma de decisiones, facilitando que la persona mayor conserve el control sobre su vida cotidiana, puede fortalecer su autoestima y su sentido de utilidad.
Las intervenciones familiares y comunitarias, como el apoyo emocional de la familia y la presencia de redes comunitarias de apoyo, suelen ser factores protectores importantes.

La colaboración familiar, de la persona mayor, y los profesionales de salud mental como los psicólogos, juegan un papel crucial para afrontar los retos psicológicos que pueden surgir en esta etapa.

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Conoce los distintos tipos de apego y cómo influyen de manera directa en tus relaciones personales

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Redacción: Psicóloga Violeta Gutiérrez, 09 de abril de 2026

Comprender los tipos de apego permite descubrir cómo las experiencias tempranas influyen en la forma en que las personas crean y mantienen vínculos emocionales. Las relaciones con las figuras principales de cuidado moldean la manera en que se percibe la cercanía, la dependencia y la seguridad en la vida adulta. Conocer el tipo de apego que predomina en una persona ayuda a mejorar sus relaciones y su bienestar emocional.  Los tipos de apego en la pareja definen cómo nos vinculamos emocionalmente, basándose en cuatro estilos principales: seguro, ansioso-ambivalente, evitativo y desorganizado. El apego seguro fomenta relaciones sanas y estables, mientras que los inseguros (ansioso, evitativo, desorganizado) suelen generar conflictos, dependencia o distanciamiento emocional por miedos al abandono o intimida

La teoría del apego de John Bowlby. – John Bowlby, psiquiatra y psicoanalista británico, fue quien formuló la teoría del apego moderna. Propuso que el comportamiento de apego se activa cuando el individuo percibe una amenaza o separación, y se alivia al recuperar la cercanía con una figura protectora. Bowlby basó su enfoque en la biología evolutiva, argumentando que el apego tiene una función de supervivencia. La relación temprana con el cuidador configura los modelos internos de trabajo, representaciones mentales que guían las expectativas sobre las relaciones futuras. Este planteamiento fue respaldado por observaciones empíricas y estudios longitudinales. Los datos demostraron que los niños con cuidadores sensibles desarrollan mayor seguridad, mientras que la falta de respuesta consistente puede generar patrones inseguros.

Los patrones de apego desarrollados en la infancia influyen de manera directa en cómo las personas establecen relaciones de pareja, experimentan la intimidad, manejan el rechazo y regulan su bienestar emocional. Estas diferencias determinan cómo cada individuo busca apoyo emocional, expresa sus necesidades y responde ante los conflictos o la distancia afectiva.

1. Apego seguro: vínculo, confianza y autoestima

El apego seguro se asocia con una base emocional estable. Las personas con este patrón confían en sus propias capacidades y en las intenciones de los demás. Mantienen vínculos cercanos sin perder su autonomía ni sentir miedo constante a ser rechazadas. Este estilo fomenta la autoestima y la percepción positiva del entorno. Tienden a resolver conflictos con empatía y muestran una regulación emocional equilibrada. En la adultez, este tipo de apego se relaciona con relaciones estables y satisfactorias tanto en el plano afectivo como social. Características principales:

Confianza en la disponibilidad del otro.
Comunicación abierta y regulada.
Capacidad de pedir apoyo sin temor.

2. Apego ansioso o ambivalente: validación y miedo al abandono

Quienes presentan apego ansioso o ambivalente muestran una fuerte necesidad de validación emocional. Buscan constantemente señales de aceptación y se angustian ante la distancia o la falta de atención. El miedo al abandono domina su comportamiento afectivo. Este estilo se forma en la infancia cuando las respuestas del cuidador son impredecibles: a veces afectuosas y otras distantes. En la vida adulta, genera relaciones intensas y cargadas de inseguridad. Las personas con este patrón oscilan entre la cercanía y la ansiedad, lo que puede provocar conflictos recurrentes y un malestar persistente al sentirse poco valoradas.

Rasgos comunes:

Alta sensibilidad ante el rechazo.
Dependencia emocional.
Dificultad para confiar plenamente.
3. Apego evitativo: distancia emocional y autonomía

El apego evitativo se caracteriza por una necesidad de autonomía que frecuentemente encubre un temor al rechazo. Estas personas minimizan la importancia del vínculo emocional y prefieren confiar en sí mismas antes que depender de otros. Durante la infancia, los cuidadores suelen mostrarse fríos o poco disponibles, lo que refuerza el aprendizaje de que expresar necesidades no es seguro. En la adultez, el individuo evita involucrarse demasiado para mantener control emocional. Este estilo puede dificultar la creación de lazos profundos y limitar la expresión de afecto.

Aspectos destacados:

Incomodidad ante la intimidad.
Tendencia a reprimir emociones.
Rechazo a depender de los demás.
4. Apego desorganizado: experiencias traumáticas y falta de coherencia

El apego desorganizado surge de experiencias traumáticas, negligencia o maltrato. Las figuras de cuidado representan simultáneamente fuente de seguridad y amenaza, generando una falta de coherencia en las respuestas emocionales. Este patrón combina aspectos del apego ansioso y del evitativo. La persona puede desear cercanía, pero al mismo tiempo temerla. En la adultez, se asocia con una baja autoestima y relaciones marcadas por la confusión emocional. El manejo de la distancia emocional resulta complejo, ya que el vínculo se percibe tanto como necesario como peligroso.

Indicadores frecuentes:

Conductas contradictorias (búsqueda y evitación del contacto).
Ansiedad extrema.
Dificultad para regular emociones.

Identificar tu tipo de apego personal y de la pareja es clave para mejorar tu comunicación, si detectas que tu tipo de apego es inseguro y te está ocasionando problemas en tus relaciones interpersonales, es esencial buscar apoyo psicológico, para trabajar con tu tipo de apego y lograr un equilibrio emocional e interpersonal que te haga sentir más seguro y estable  emocionalmente.

Contacto: MTF. Violeta Gutierrez Solís

Facebook: Psicóloga Violeta Gutiérrez

Instagram @psicologagutierrez

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¿Qué es el cutting y la autolesión? ¿Cómo tratarlos psicológicamente?

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Redacción: Psicóloga Violeta Gutiérrez, 02 de abril 2026

La autolesión es un problema grave que afecta a muchos adolescentes. Al igual que otros comportamientos de riesgo, puede ser peligroso y crear un hábito. En la mayoría de los casos, también es un signo de una angustia emocional profunda. Las amistades también pueden presionar a los adolescentes para que experimenten con ellos. El tema de la autolesión puede ser algo preocupante para los padres. Puede ser difícil entender por qué los adolescentes (o incluso los preadolescentes) se lastiman a propósito y preocupante pensar que su hijo adolescente, o uno de sus amigos, podría estar en riesgo de tener este problema. Pero los padres que son conscientes de este importante problema y entienden el dolor emocional que puede significar están en condiciones de ayudar a sus hijos.

Durante el cutting y las autolesiones en adolescentes, se usan objetos afilados como una hoja de afeitar, un cuchillo o unas tijeras para hacer marcas, cortes o rasguños en su propio cuerpo. Pero cortarse es solo una forma de autolesión. Los adolescentes que se autolesionan también pueden quemarse, rasguñarse o golpearse; golpearse la cabeza; tirarse del cabello; pellizcarse la piel; perforarse la piel con agujas u objetos punzantes; o insertarse objetos debajo de la piel.

Las autolesiones están acompañadas por una sensación de vergüenza y se mantienen en secreto. La mayoría de los adolescentes que se cortan ocultan las marcas y, si se notan, encuentran excusas para justificarlas. Sin embargo, algunos adolescentes no tratan de ocultar las lesiones e incluso permiten que la gente se dé cuenta de que las tienen.Cortarse a menudo comienza como un impulso. Pero muchos adolescentes descubren que una vez que comienzan, lo hacen cada vez con más frecuencia y pueden tener problemas para dejarlo de hacer. Muchos adolescentes que se autolesionan dicen que las lesiones les proporcionan una sensación de alivio de las emociones dolorosas profundas que sienten. Por eso, es un comportamiento que tiende a formar un círculo vicioso. Cortarse y practicar otras autolesiones pueden convertirse en la forma habitual de un adolescente de responder a las presiones y sentimientos difíciles de tolerar. Muchos dicen que se sienten “adictos” a este comportamiento. A algunos les gustaría poder parar,pero no saben cómo o sienten que no pueden hacerlo. La mayoría de las veces, la autolesión no es un intento de suicidio. Los adolescentes se autolesionan por muchas razones diferentes:

Emociones muy fuertes que los superan. La mayoría de los adolescentes que se autolesionan lo hacen para luchar contra emociones muy fuertes. Para ellos, es la única forma de expresar o interrumpir sentimientos que son demasiado intensos. El dolor emocional que produce el rechazo, las relaciones perdidas o rotas o el dolor profundo pueden ser abrumadores para algunos adolescentes.
Muchos de ellos están lidiando con un dolor emocional fuerte o con situaciones difíciles que nadie conoce. La presión de ser perfectos o de estar a la altura de estándares imposibles, propios o ajenos, puede causarles a algunos adolescentes un dolor insoportable. Algunos han sufrido malos tratos o situaciones que los han dejado sintiéndose que no cuentan con ningún tipo de apoyo, que son impotentes, indignos o no amados.
Algunos adolescentes han experimentado un trauma, lo cual puede causar olas de indiferencia o entumecimiento emocional llamado “disociación”. Para ellos, cortarse o hacer otros tipos de autolesiones puede ser una forma de probar si aún pueden sentir dolor. Otros lo describen como una forma de “despertar” de ese entumecimiento emocional.
El dolor físico autoinfligido es específico y visible. Para algunas personas, el dolor físico es preferible al dolor emocional. El dolor emocional puede sentirse como algo vago y difícil de precisar con exactitud, de conversar o de aliviar.
Al cortarse o autolesionarse, los adolescentes dicen sentir una sensación de control y alivio al ver y saber de dónde proviene el dolor específico, y una sensación de bienestar cuando éste se detiene. Las lesiones pueden simbolizar el dolor interior que quizá no se pudo verbalizar, confiar a alguien, reconocer o sanar, y dado que son autoinfligidas, es un dolor que el adolescente puede controlar.
Otras personas consideran que el alivio es simplemente un resultado de la distracción de las emociones dolorosas que produce el dolor físico intenso y la impresión de ver sangre. Algunos adolescentes dicen que no sienten dolor al cortarse, pero sí se sienten aliviados porque estas autolesiones visibles “muestran” el dolor emocional que sienten.
La sensación de “adicción”. Cortarse puede crear hábito. Si bien sólo proporciona un alivio temporal del dolor emocional, cuanto más se corta una persona, más necesidad siente de continuar haciéndolo. Al igual que con otras conductas compulsivas, el cerebro comienza a relacionar la sensación momentánea de alivio de las emociones desagradables con la acción de autolesionarse.

Cada vez que surge esta tensión, el cerebro busca entonces ese alivio y lleva al adolescente a repetir esta conducta. Es por esto que lesionarse mediante cortes puede convertirse en un hábito y hacer que la persona se sienta incapaz de dejar de hacerlo. El impulso de cortarse para obtener alivio puede parecer muy difícil de resistir cuando la tensión emocional es alta.

Presión de los pares. Algunos adolescentes son influenciados para comenzar a autolesionarse por otra persona que ya lo hace. La presión de un grupo de compañeros también puede desempeñar un papel importante. Algunos adolescentes se cortan en grupos y pueden presionar a otros a hacerlo. Un adolescente podría ceder ante esta presión de grupo para demostrar que es osado o “está en la onda”, para tener un sentido de pertenencia o evitar el acoso de sus compañeros.

Cualquiera de estos factores puede ayudar a explicar por qué un adolescente se autolesiona. Pero también juegan un papel fundamental los sentimientos y las experiencias únicos de cada adolescente. Algunos adolescentes que se autolesionan podrían no ser capaces de explicar por qué lo hacen.Independientemente de los factores que pueden conducir a que un adolescente se autolesione, esta conducta no es una forma sana de manejar las emociones y presiones, por extremas que éstas sean.

La mejor manera de sanar estas conductas autodestructivas, es acudir con tu psicólogo o psicóloga de confianza en cual te podrá ayudar a resolver esta situación y que el adolescente que lo padece deje de hacerse daño, pueda tener paz y estabilidad emocional, además de un bueno manejo de sus emociones.

 

Contacto: MTF. Violeta Gutierrez Solís

Facebook: Psicóloga Violeta Gutiérrez

Instagram @psicologagutierrez

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