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¿Qué es la Enuresis y la Encopresis y por qué solo afecta a niños y niñas? Aquí te lo cuento

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Redacción por: Psicóloga Violeta Gutiérrez, 26 de febrero del 2026

Los trastornos de eliminación enuresis (orina) y encopresis (heces fecales), son muy característicos de la infancia. Pueden tener causa orgánica o psicológica y, en los dos casos, tienen tratamiento. La terapia psicológica para la enuresis y encopresis comprende la enseñanza para lograr controlar los esfínteres, psicoterapia y diversas recomendaciones para los padres de su hijo afectado, poder afrontar la situación, encontrando soluciones. Las manifestaciones orgánicas están relacionadas con patologías genitourinarias: estructural, infecciosa y neurológica, así como uropatía obstructiva, espina bífida y cistitis.

La enuresis es el escape involuntario de la orina durante el transcurso de la noche; la incapacidad de poder retenerla durante el día se denomina incontinencia diurna. Consiste en la aparición de una emisión repetida de la orina en la cama o en la ropa, una vez superados los cuatro años de edad, tiempo en el que el niño debería haber adquirido la continencia urinaria. Para hablar de enuresis también tenemos que hablar de frecuencia: este tipo de incontinencia tiene que ser de dos episodios semanales al menos durante tres meses consecutivos. Hay dos ejemplos de enuresis: la primaria y la secundaria. La diferencia primordial entre ambas es que, en la enuresis primaria, el niño nunca ha llegado a conseguir el control de la orina, mientras que en el la secundaria sí que lo han conseguido, aunque durante un periodo corto de tiempo, unos pocos meses como mucho.

La encopresis, es la evacuación repetida de heces en cualquier lugar inadecuado que no sea el retrete, como en el suelo o la ropa. Y se produce por lo menos una vez a la semana durante tres meses seguidos. La edad a partir de la cual puede considerarse encopresis, son los cuatro años. Casi en un 70% de los casos, la enuresis no está diagnosticada. Por regla general, la enuresis es el trastorno de la eliminación más común, y está más investigado. Este trastorno ocurre por igual en menores de ambos sexos, sin embargo, la encopresis es más frecuente en niños. La enuresis nocturna afecta al 15% de los niños de cinco años. A un 3% de los niños de cuatro años se les escapan las heces una vez por semana y, a los siete años, la encopresis tiene una prevalencia del 2,3% en los niños y del 0,7% en las niñas. Se sabe que un tercio de los niños con encopresis sufre también enuresis nocturna, un 20% enuresis diurna y un 10% de las niñas padecen infecciones urinarias recurrentes.

La mayoría de los niños aprenden a controlar los esfínteres entre las edades de 2 y 4 años, y después, es normal que se presenten episodios de incontinencia en la etapa de entrenamiento. Deben ser los padres los que, poco a poco, vayan introduciendo al niño en la independencia de hacer sus necesidades de forma autónoma. Con el transcurso del tiempo, el niño se siente cada vez más seguro para adquirir el hábito hasta que se convierte en un acto aprendido.

En el caso de la enuresis, las causas que la originan pueden ser factores hereditarios, o sea, que alguno de los miembros de su familia también haya pasado por la misma situación, o bien, por factores emocionales, donde puede ser que el niño esté pasando por un estrés emocional derivado de un cambio o situación nueva, como el divorcio de los padres, un cambio de colegio o la llegada de un nuevo hermano. En el caso de la encopresis, la causa mayor es haber obligado al pequeño a contener sus heces cuando no estaba preparado para ello, por miedos particulares del niño, por problemas emocionales, por dolor al evacuar, o puede que sea por falta de intimidad y esto provoque que se reprima.

El trastorno enurético puede tener origen orgánico por afecciones urológicas, irritaciones o cistitis, pero también a que la capacidad funcional de la vejiga esté disminuida, lo que implica que los niños enuréticos necesiten ir más con más asiduidad al baño. Cuando un niño de más de cuatro años orina durante la noche y fuera del retrete, es importante acudir al pediatra para que descarte cualquiera de las causas orgánicas mencionadas. Una vez descartadas, si se determina que la enuresis tiene un origen psicológico, se hace necesario acudir a un profesional de la psicología.

Las causas psicológicas que están detrás de la enuresis pueden ser diversas: falta de aprendizaje del niño porque no se le ha enseñado de forma correcta, insensibilización de la piel a la humedad, favorecida o provocada por usar pañales hasta edades avanzadas, etc. También puede haber un interés del niño por conseguir una reacción de sus padres, para obtener algo, que por regla general es su atención. O problemas emocionales, como cambio de casa, de colegio, la separación de los padres o el nacimiento de un hermano pequeño; en conclusión, cualquier factor que altere el entorno del niño. Y detrás de las causas de la encopresis puede estar el estreñimiento: los niños retienen tanto las heces que la presión del colon vence al esfínter y se producen evacuaciones no deseadas.

Los niños ocultan que tienen problemas de continencia por miedo o vergüenza la reacción de sus padres. Para que los pequeños puedan superarlo, lo primero es no mostrarse enfadado con la situación y hacerles conscientes del problema. El hecho de que el niño sepa por lo que está pasando ayudará a que el tratamiento sea más eficaz. Con la enuresis, se deberá reducir unas horas antes de ir a dormir la ingesta de líquidos, pero no evitarla, dado que la finalidad es que contenga la vejiga. Si también hubiese pérdidas por el día, se puede usar un horario miccional donde se establezca que se orine al menos 6 veces. Se puede elaborar un calendario miccional, donde aparezca las noches secas y las húmedas. Una visión progresiva puede ser un factor motivador en el tratamiento, y en el caso de que intervenga un terapeuta, que vea el avance. Los padres han de tomar una postura positiva con el niño para no ocasionarle emociones negativas que perjudiquen su situación. Tener una postura caótica o darle demasiada importancia a la situación, hará que el niño entre en tensión y no avance en su recuperación.

Para establecer un diagnóstico concreto, un pediatra debe determinarlo, realizar un estudio y descartar que estas etapas de pérdida se deban a problemas somáticos o fisiológicos. Una vez descartadas estas suposiciones, se puede afirmar que el pequeño, dependiendo de qué tipo de incontinencia se trate, pueda presentar alguno de estos trastornos.

Un tratamiento terapéutico va a ser siempre la mejor ayuda tanto para los padres como para el niño, estableciendo diálogo desde el respeto y la empatía, porque cada persona se desarrolla a un ritmo específico. Con tiempo, los pequeños pasarán esta fase. La ayuda psicológica es de vital importancia en estos casos.

 

MTF. Violeta Gutierrez Solís

Contacto:  Facebook: Psicóloga Violeta Gutiérrez

 Instagram @psicologagutierrez

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Conoce los distintos tipos de apego y cómo influyen de manera directa en tus relaciones personales

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Redacción: Psicóloga Violeta Gutiérrez, 09 de abril de 2026

Comprender los tipos de apego permite descubrir cómo las experiencias tempranas influyen en la forma en que las personas crean y mantienen vínculos emocionales. Las relaciones con las figuras principales de cuidado moldean la manera en que se percibe la cercanía, la dependencia y la seguridad en la vida adulta. Conocer el tipo de apego que predomina en una persona ayuda a mejorar sus relaciones y su bienestar emocional.  Los tipos de apego en la pareja definen cómo nos vinculamos emocionalmente, basándose en cuatro estilos principales: seguro, ansioso-ambivalente, evitativo y desorganizado. El apego seguro fomenta relaciones sanas y estables, mientras que los inseguros (ansioso, evitativo, desorganizado) suelen generar conflictos, dependencia o distanciamiento emocional por miedos al abandono o intimida

La teoría del apego de John Bowlby. – John Bowlby, psiquiatra y psicoanalista británico, fue quien formuló la teoría del apego moderna. Propuso que el comportamiento de apego se activa cuando el individuo percibe una amenaza o separación, y se alivia al recuperar la cercanía con una figura protectora. Bowlby basó su enfoque en la biología evolutiva, argumentando que el apego tiene una función de supervivencia. La relación temprana con el cuidador configura los modelos internos de trabajo, representaciones mentales que guían las expectativas sobre las relaciones futuras. Este planteamiento fue respaldado por observaciones empíricas y estudios longitudinales. Los datos demostraron que los niños con cuidadores sensibles desarrollan mayor seguridad, mientras que la falta de respuesta consistente puede generar patrones inseguros.

Los patrones de apego desarrollados en la infancia influyen de manera directa en cómo las personas establecen relaciones de pareja, experimentan la intimidad, manejan el rechazo y regulan su bienestar emocional. Estas diferencias determinan cómo cada individuo busca apoyo emocional, expresa sus necesidades y responde ante los conflictos o la distancia afectiva.

1. Apego seguro: vínculo, confianza y autoestima

El apego seguro se asocia con una base emocional estable. Las personas con este patrón confían en sus propias capacidades y en las intenciones de los demás. Mantienen vínculos cercanos sin perder su autonomía ni sentir miedo constante a ser rechazadas. Este estilo fomenta la autoestima y la percepción positiva del entorno. Tienden a resolver conflictos con empatía y muestran una regulación emocional equilibrada. En la adultez, este tipo de apego se relaciona con relaciones estables y satisfactorias tanto en el plano afectivo como social. Características principales:

Confianza en la disponibilidad del otro.
Comunicación abierta y regulada.
Capacidad de pedir apoyo sin temor.

2. Apego ansioso o ambivalente: validación y miedo al abandono

Quienes presentan apego ansioso o ambivalente muestran una fuerte necesidad de validación emocional. Buscan constantemente señales de aceptación y se angustian ante la distancia o la falta de atención. El miedo al abandono domina su comportamiento afectivo. Este estilo se forma en la infancia cuando las respuestas del cuidador son impredecibles: a veces afectuosas y otras distantes. En la vida adulta, genera relaciones intensas y cargadas de inseguridad. Las personas con este patrón oscilan entre la cercanía y la ansiedad, lo que puede provocar conflictos recurrentes y un malestar persistente al sentirse poco valoradas.

Rasgos comunes:

Alta sensibilidad ante el rechazo.
Dependencia emocional.
Dificultad para confiar plenamente.
3. Apego evitativo: distancia emocional y autonomía

El apego evitativo se caracteriza por una necesidad de autonomía que frecuentemente encubre un temor al rechazo. Estas personas minimizan la importancia del vínculo emocional y prefieren confiar en sí mismas antes que depender de otros. Durante la infancia, los cuidadores suelen mostrarse fríos o poco disponibles, lo que refuerza el aprendizaje de que expresar necesidades no es seguro. En la adultez, el individuo evita involucrarse demasiado para mantener control emocional. Este estilo puede dificultar la creación de lazos profundos y limitar la expresión de afecto.

Aspectos destacados:

Incomodidad ante la intimidad.
Tendencia a reprimir emociones.
Rechazo a depender de los demás.
4. Apego desorganizado: experiencias traumáticas y falta de coherencia

El apego desorganizado surge de experiencias traumáticas, negligencia o maltrato. Las figuras de cuidado representan simultáneamente fuente de seguridad y amenaza, generando una falta de coherencia en las respuestas emocionales. Este patrón combina aspectos del apego ansioso y del evitativo. La persona puede desear cercanía, pero al mismo tiempo temerla. En la adultez, se asocia con una baja autoestima y relaciones marcadas por la confusión emocional. El manejo de la distancia emocional resulta complejo, ya que el vínculo se percibe tanto como necesario como peligroso.

Indicadores frecuentes:

Conductas contradictorias (búsqueda y evitación del contacto).
Ansiedad extrema.
Dificultad para regular emociones.

Identificar tu tipo de apego personal y de la pareja es clave para mejorar tu comunicación, si detectas que tu tipo de apego es inseguro y te está ocasionando problemas en tus relaciones interpersonales, es esencial buscar apoyo psicológico, para trabajar con tu tipo de apego y lograr un equilibrio emocional e interpersonal que te haga sentir más seguro y estable  emocionalmente.

Contacto: MTF. Violeta Gutierrez Solís

Facebook: Psicóloga Violeta Gutiérrez

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¿Qué es el cutting y la autolesión? ¿Cómo tratarlos psicológicamente?

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Redacción: Psicóloga Violeta Gutiérrez, 02 de abril 2026

La autolesión es un problema grave que afecta a muchos adolescentes. Al igual que otros comportamientos de riesgo, puede ser peligroso y crear un hábito. En la mayoría de los casos, también es un signo de una angustia emocional profunda. Las amistades también pueden presionar a los adolescentes para que experimenten con ellos. El tema de la autolesión puede ser algo preocupante para los padres. Puede ser difícil entender por qué los adolescentes (o incluso los preadolescentes) se lastiman a propósito y preocupante pensar que su hijo adolescente, o uno de sus amigos, podría estar en riesgo de tener este problema. Pero los padres que son conscientes de este importante problema y entienden el dolor emocional que puede significar están en condiciones de ayudar a sus hijos.

Durante el cutting y las autolesiones en adolescentes, se usan objetos afilados como una hoja de afeitar, un cuchillo o unas tijeras para hacer marcas, cortes o rasguños en su propio cuerpo. Pero cortarse es solo una forma de autolesión. Los adolescentes que se autolesionan también pueden quemarse, rasguñarse o golpearse; golpearse la cabeza; tirarse del cabello; pellizcarse la piel; perforarse la piel con agujas u objetos punzantes; o insertarse objetos debajo de la piel.

Las autolesiones están acompañadas por una sensación de vergüenza y se mantienen en secreto. La mayoría de los adolescentes que se cortan ocultan las marcas y, si se notan, encuentran excusas para justificarlas. Sin embargo, algunos adolescentes no tratan de ocultar las lesiones e incluso permiten que la gente se dé cuenta de que las tienen.Cortarse a menudo comienza como un impulso. Pero muchos adolescentes descubren que una vez que comienzan, lo hacen cada vez con más frecuencia y pueden tener problemas para dejarlo de hacer. Muchos adolescentes que se autolesionan dicen que las lesiones les proporcionan una sensación de alivio de las emociones dolorosas profundas que sienten. Por eso, es un comportamiento que tiende a formar un círculo vicioso. Cortarse y practicar otras autolesiones pueden convertirse en la forma habitual de un adolescente de responder a las presiones y sentimientos difíciles de tolerar. Muchos dicen que se sienten “adictos” a este comportamiento. A algunos les gustaría poder parar,pero no saben cómo o sienten que no pueden hacerlo. La mayoría de las veces, la autolesión no es un intento de suicidio. Los adolescentes se autolesionan por muchas razones diferentes:

Emociones muy fuertes que los superan. La mayoría de los adolescentes que se autolesionan lo hacen para luchar contra emociones muy fuertes. Para ellos, es la única forma de expresar o interrumpir sentimientos que son demasiado intensos. El dolor emocional que produce el rechazo, las relaciones perdidas o rotas o el dolor profundo pueden ser abrumadores para algunos adolescentes.
Muchos de ellos están lidiando con un dolor emocional fuerte o con situaciones difíciles que nadie conoce. La presión de ser perfectos o de estar a la altura de estándares imposibles, propios o ajenos, puede causarles a algunos adolescentes un dolor insoportable. Algunos han sufrido malos tratos o situaciones que los han dejado sintiéndose que no cuentan con ningún tipo de apoyo, que son impotentes, indignos o no amados.
Algunos adolescentes han experimentado un trauma, lo cual puede causar olas de indiferencia o entumecimiento emocional llamado “disociación”. Para ellos, cortarse o hacer otros tipos de autolesiones puede ser una forma de probar si aún pueden sentir dolor. Otros lo describen como una forma de “despertar” de ese entumecimiento emocional.
El dolor físico autoinfligido es específico y visible. Para algunas personas, el dolor físico es preferible al dolor emocional. El dolor emocional puede sentirse como algo vago y difícil de precisar con exactitud, de conversar o de aliviar.
Al cortarse o autolesionarse, los adolescentes dicen sentir una sensación de control y alivio al ver y saber de dónde proviene el dolor específico, y una sensación de bienestar cuando éste se detiene. Las lesiones pueden simbolizar el dolor interior que quizá no se pudo verbalizar, confiar a alguien, reconocer o sanar, y dado que son autoinfligidas, es un dolor que el adolescente puede controlar.
Otras personas consideran que el alivio es simplemente un resultado de la distracción de las emociones dolorosas que produce el dolor físico intenso y la impresión de ver sangre. Algunos adolescentes dicen que no sienten dolor al cortarse, pero sí se sienten aliviados porque estas autolesiones visibles “muestran” el dolor emocional que sienten.
La sensación de “adicción”. Cortarse puede crear hábito. Si bien sólo proporciona un alivio temporal del dolor emocional, cuanto más se corta una persona, más necesidad siente de continuar haciéndolo. Al igual que con otras conductas compulsivas, el cerebro comienza a relacionar la sensación momentánea de alivio de las emociones desagradables con la acción de autolesionarse.

Cada vez que surge esta tensión, el cerebro busca entonces ese alivio y lleva al adolescente a repetir esta conducta. Es por esto que lesionarse mediante cortes puede convertirse en un hábito y hacer que la persona se sienta incapaz de dejar de hacerlo. El impulso de cortarse para obtener alivio puede parecer muy difícil de resistir cuando la tensión emocional es alta.

Presión de los pares. Algunos adolescentes son influenciados para comenzar a autolesionarse por otra persona que ya lo hace. La presión de un grupo de compañeros también puede desempeñar un papel importante. Algunos adolescentes se cortan en grupos y pueden presionar a otros a hacerlo. Un adolescente podría ceder ante esta presión de grupo para demostrar que es osado o “está en la onda”, para tener un sentido de pertenencia o evitar el acoso de sus compañeros.

Cualquiera de estos factores puede ayudar a explicar por qué un adolescente se autolesiona. Pero también juegan un papel fundamental los sentimientos y las experiencias únicos de cada adolescente. Algunos adolescentes que se autolesionan podrían no ser capaces de explicar por qué lo hacen.Independientemente de los factores que pueden conducir a que un adolescente se autolesione, esta conducta no es una forma sana de manejar las emociones y presiones, por extremas que éstas sean.

La mejor manera de sanar estas conductas autodestructivas, es acudir con tu psicólogo o psicóloga de confianza en cual te podrá ayudar a resolver esta situación y que el adolescente que lo padece deje de hacerse daño, pueda tener paz y estabilidad emocional, además de un bueno manejo de sus emociones.

 

Contacto: MTF. Violeta Gutierrez Solís

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Impacto cerebral del uso excesivo del celular

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Redacción: Psicóloga Violeta Gutiérrez, 26 de marzo de 2026

El uso del teléfono celular ha cambiado drásticamente la forma en que nos comunicamos, trabajamos y nos entretenemos. Este acceso constante a la tecnología ha traído consigo preocupaciones sobre sus efectos en la salud mental y cerebral, especialmente con el uso excesivo de estos dispositivos. Desde la dependencia digital hasta los efectos en la cognición y el bienestar emocional, el uso prolongado del celular puede tener implicaciones significativas en el cerebro humano.

¿Cómo afecta el uso excesivo del celular al cerebro?

El cerebro humano es capaz de adaptarse y cambiar según las experiencias y los estímulos a los que se expone. A pesar de ello, un uso excesivo del celular puede alterar la función cerebral de varias maneras. Estos son algunos de los efectos que los estudios científicos han asociado con el uso prolongado de los dispositivos móviles:

El uso constante de los celulares puede tener un impacto negativo en la capacidad de concentración y la atención sostenida. La multitarea, que es común cuando se navega por redes sociales o revisan mensajes mientras se realizan otras tareas, puede disminuir la eficiencia cognitiva, algunos estudios sugieren que la exposición constante a estímulos digitales puede afectar el sistema de atención del cerebro. Esto lleva a una disminución en la capacidad para concentrarse en tareas a largo plazo.

El uso excesivo del celular también se ha relacionado con deterioro de la memoria. La sobrecarga de información que se recibe a través de las redes sociales, correos electrónicos y otras plataformas digitales puede sobrecargar la capacidad del cerebro para almacenar y recordar información relevante.Un fenómeno relacionado es la memoria externa, que es la tendencia a confiar en el celular para almacenar información en lugar de recordar cosas por uno mismo. Esto puede afectar la memoria a largo plazo, ya que el cerebro deja de hacer el esfuerzo necesario para retener ciertos datos.

La exposición a la luz azul emitida por las pantallas de los celulares puede alterar el ritmo circadiano, lo que interfiere con la producción de melatonina, la hormona que regula el sueño. El uso excesivo del celular antes de acostarse puede dificultar el proceso de conciliación del sueño, lo que lleva a la privación del sueño y afecta la salud cerebral.

La falta de sueño tiene consecuencias significativas en el cerebro, incluida la reducción de la capacidad de aprender, memorizar y tomar decisiones. La privación del sueño también se asocia con un mayor riesgo de desarrollar trastornos neurológicos y psiquiátricos a largo plazo.

La constante conexión a las redes sociales, la presión por responder rápidamente a mensajes y el temor a perderse de algo, pueden generar altos niveles de estrés y ansiedad. Las notificaciones constantes y la exposición a contenidos que provocan emociones intensas, pueden tener un impacto negativo en la salud emocional y mental. El estrés crónico también afecta al cerebro, reduciendo el tamaño de ciertas áreas cerebrales, como el hipocampo, que está involucrado en la memoria y el aprendizaje. El estrés prolongado también puede contribuir al desarrollo de trastornos de ansiedad y depresión.

El uso excesivo de los celulares también está vinculado a una forma de adicción digital. Los estudios han demostrado que la dopamina, un neurotransmisor asociado con el placer y la recompensa, se libera cada vez que recibimos una notificación o interactuamos con el teléfono móvil. Esta liberación de dopamina puede crear un ciclo de refuerzo positivo, lo que lleva a la necesidad constante de revisar el celular. Con el tiempo, este ciclo puede alterar la neuro plasticidad del cerebro, disminuyendo la capacidad para disfrutar de actividades simples y reduciendo la capacidad de autocontrol. Esto se debe a que el cerebro se acostumbra a las recompensas inmediatas proporcionadas por el teléfono, lo que hace más difícil enfocarse en tareas que no ofrecen gratificación instantánea.

Los estudios sugieren que los efectos a largo plazo del uso excesivo de estos dispositivos pueden ser preocupantes:

Enfermedades neurodegenerativas: Algunos estudios sugieren que la exposición prolongada a las ondas electromagnéticas emitidas por los teléfonos móviles podría estar vinculada a un mayor riesgo de enfermedades como el Alzheimer o el Parkinson, aunque se necesita más investigación para confirmar estos efectos.
Déficit de atención e hiperactividad: La constante estimulación de las redes sociales y aplicaciones de mensajería puede contribuir al aumento de los trastornos de déficit de atención e hiperactividad (TDAH), especialmente en niños y adolescentes, que son más vulnerables a los efectos de la sobrecarga de información digital.

Cómo mitigar los efectos negativos del sobreuso del celular. Aunque el uso del teléfono celular no puede eliminarse por completo de la vida diaria, hay medidas que se pueden tomar para minimizar sus efectos negativos en el cerebro:

Establecer límites de tiempo: Establecer límites diarios para el uso de redes sociales y aplicaciones puede ayudar a reducir la sobrecarga cognitiva y mejorar la concentración.
Tomar descansos regulares: Es importante realizar pausas para evitar el agotamiento mental. Cada cierto tiempo, alejarse del teléfono y hacer una actividad diferente, como caminar o leer un libro, puede mejorar la salud cerebral.
Desactivar notificaciones: Desactivar las notificaciones no urgentes puede reducir las interrupciones y la tentación de revisar constantemente el teléfono, lo que ayuda a mejorar la concentración.
Uso responsable antes de dormir: Evitar el uso del celular al menos 30 minutos antes de dormir ayudará a mejorar la calidad del sueño y a restablecer los niveles de melatonina.
Fomentar actividades fuera de las pantallas: Practicar ejercicios físicos, meditar o disfrutar del tiempo al aire libre son excelentes formas de reducir el tiempo frente a la pantalla y cuidar la salud mental.

MTF. Violeta Gutierrez Solís

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