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La meditación y sus beneficios probados a través de investigaciones neurocientíficas

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Redacción por: Psicóloga Violeta Gutierrez

La meditación no es algo nuevo. Esta práctica nació en la India hace más de 5.000 años, ha sido parte de muchas culturas como una herramienta para encontrar calma y autoconocimiento. Hoy, gracias a los avances en neurociencia, entendemos mucho mejor cómo funciona y por qué es tan útil.

Practicar meditación puede ayudarte a reducir el estrés, manejar mejor las emociones y aumentar tu capacidad para tomar decisiones. También favorece el sueño, mejora tu bienestar general y te ayuda a mantener la calma en momentos difíciles. Contrario a lo que algunas personas piensan aún, no hace falta que seas espiritual para beneficiarte de ella, ya que sus efectos positivos están respaldados por la ciencia. Además, como veremos en la nota, esta práctica tiene un impacto directo en cómo funciona tu cerebro, y de esta forma te ayuda a vivir una vida más equilibrada y plena. Con un poco de constancia, sus beneficios pueden cambiar tu día a día de manera significativa.

La meditación tiene efectos sorprendentes en nuestro cerebro que la ciencia ha comenzado a descubrir en las últimas décadas. Es muy interesante conocer cómo esta práctica ayuda a mejorar la atención, la memoria y a reducir el estrés, pero, sobre todo, genera cambios en la forma en que nuestro cerebro procesa el presente. En lugar de dejarnos llevar por pensamientos que nos desconectan del momento, nos entrena para anclarnos en el aquí y ahora. Esto tiene un impacto directo en nuestra felicidad y bienestar.

Cuando meditamos, no solo calmamos la mente; también entrenamos a nuestro cerebro para que sea más eficiente en cómo maneja la información. Por ejemplo, esta práctica fomenta la neuro plasticidad, que es la capacidad del cerebro para reorganizarse y adaptarse, creando nuevas conexiones neuronales. Esto significa que, al meditar de manera frecuente, fortaleceremos áreas clave de nuestra mente, lo que nos ayuda a responder mejor ante desafíos y a mantenernos enfocados en lo que realmente importa. Este entrenamiento mental no requiere años de práctica, sino una dosis constante de compromiso que, poco a poco, comienza a transformar nuestra manera de pensar y sentir.

Estudios confirman que la meditación tiene un impacto directo en el cerebro. En 1973, un estudio de la Universidad de Harvard analizó por primera vez cómo esta práctica afecta a quienes la realizan de manera constante. Los resultados fueron claros: quienes meditan muestran cambios importantes en su cerebro, tanto en su actividad como en su estructura. Este fue solo el comienzo de muchas investigaciones que han respaldado su eficacia.

Un estudio más reciente, también de Harvard, publicado en la revista Science, reveló que pasamos el 47% de nuestro tiempo despiertos con la mente distraída, ya sabes, como en piloto automático. Este hábito mental, conocido como “red neuronal por defecto”, nos aleja del presente y está relacionado con niveles más bajos de felicidad. Aquí es donde la meditación nos ayuda a entrenar nuestra atención para mantenernos en el momento presente. Meditar reduce la actividad de esta red neuronal, calma la mente y reduce el ruido interno. Entonces, cuando meditas, se refuerza la corteza prefrontal, que está estrechamente relacionada con la atención, la planificación y el control de los impulsos.

Este entrenamiento mental fomenta la creación de nuevas conexiones neuronales, lo que tiene un impacto positivo en la eficiencia del cerebro y lo hace más resistente al estrés. Yaunque pienses que para ver los resultados hacen faltan años, debes saber que los beneficios de la meditación no tardan en aparecer.

Según distintos estudios, después de cinco días de práctica constante ya se observan cambios iniciales en el cerebro, aunque son temporales. Sin embargo, con dos meses de meditación regular, estos cambios se vuelven permanentes, y transforman tanto la anatomía como el funcionamiento cerebral. La clave, como ves, está en la constancia.

Pasos para empezar a meditar más

Si nunca has meditado, puede parecer complicado al principio, pero no necesitas experiencia previa. Aquí tienes algunos pasos que te ayudaran a adentrarte en el mundo de la meditación:

Busca un lugar tranquilo: Encuentra un espacio donde te sientas cómodo y puedas estar sin interrupciones.
Todo está en la respiración: Observa cómo entra y sale el aire. Si tu mente se distrae, simplemente vuelve a concentrarte en la respiración, ¡no es necesario que esté en blanco!
Dedica unos minutos al día: No hace falta mucho tiempo. De hecho, puedes iniciar con 5 o 10 minutos y luego, si quieres, aumenta gradualmente el tiempo.
Elige un horario fijo: Intenta meditar a la misma hora todos los días, como al despertar o antes de dormir, así será mucho más fácil que lo tomes como hábito.
Adopta una postura cómoda: No es necesario que te sientes en posiciones complicadas. Una silla o el suelo con un cojín funcionan perfectamente.
Usa aplicaciones o guías: Si te cuesta empezar solo, hay muchas opciones de meditaciones guiadas que pueden ayudarte.
Si ya has meditado antes y quieres incorporarlo a tu rutina, puedes probar diferentes técnicas como el mindfulness, enfocarte en un mantra o incluso practicar meditación caminando. Lo importante es que encuentres lo que mejor se adapta a ti y que lo hagas de forma constante.

La meditación es mucho más que una práctica espiritual o una moda. Sus efectos en el cerebro y en nuestra salud están respaldados por décadas de investigación. Puede parecer algo ajeno al principio, pero con un poco de práctica, los beneficios se hacen evidentes. Reducir el estrés, mejorar la atención y sentir más conexión contigo son solo algunas de las razones para intentarlo. Dale una oportunidad. Puede ser justo lo que necesitas para encontrar un mayor equilibrio en tu vida, y tu cerebro te lo agradecerá.

Contacto: celular 6484694143

Facebook: Psicóloga Violeta Gutiérrez

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Cuáles son los problemas de comportamiento más comunes en este regreso a clases, en niños y adolescentes

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Redactado por: Psicóloga Violeta Gutiérrez, 17 de septiembre del 2026

Los problemas de comportamiento en niños y adolescentes son una preocupación común para muchos padres hoy en día. Identificar las señales tempranas de problemas de conducta es crucial para abordarlos de manera efectiva y apoyar el desarrollo saludable de los jóvenes. Cambios en el comportamiento, como la agresividad o el aislamiento, pueden ser signos de que algo no está bien.

Enfrentarse a problemas de comportamiento puede ser desafiante tanto para los padres como para los niños y adolescentes involucrados. Padres y cuidadores a menudo buscan estrategias efectivas para ayudar a sus hijos. Mantener una comunicación abierta y honesta y fomentar ambientes de apoyo y comprensión puede marcar una gran diferencia.

En el proceso de resolución de estos problemas, los profesionales de la psicología pueden ofrecer orientación valiosa. Ellos ayudan a identificar las causas subyacentes y proporcionan técnicas para mejorar el comportamiento. Este es un paso esencial para facilitar cambios positivos y duraderos en el comportamiento de niños y adolescentes. El análisis de los problemas de comportamiento en niños y adolescentes permite identificar síntomas y señales de alerta, categorizar los trastornos de conducta y reconocer factores de riesgo con sus respectivas causas biológicas y genéticas.

Síntomas y Señales de Alerta

Los problemas de comportamiento a menudo se manifiestan a través de un rango de síntomas. Estos pueden incluir agresividad, desobediencia constante y episodios de rabietas intensas. Otros indicios pueden ser el aislamiento social, dificultades académicas, o desinterés en actividades habituales. Es importante observar cambios repentinos en el comportamiento, ya que podrían indicar un problema subyacente más serio. Los padres y educadores deben estar alerta ante la presencia de estas señales y buscar orientación si los problemas persisten o empeoran.

La intervención temprana es vital. Facilita la identificación de problemas y permite el acceso a tratamientos efectivos. Contar con la incorporación de profesionales calificados puede marcar una diferencia significativa en el manejo adecuado de estos comportamientos.

Los trastornos de conducta se clasifican en varias categorías. Entre ellas se encuentran el trastorno de oposición desafiante (TOD) y el trastorno de conducta (TC). El TOD se caracteriza por conductas negativas y desafiantes hacia la autoridad. Por otro lado, el TC puede incluir comportamientos más severos, como el daño deliberado a otras personas o la destrucción de propiedad. Ambos trastornos son reconocibles por patrones persistentes de comportamiento disruptivo. Distinguir entre estos tipos de trastornos es crucial, ya que cada uno requiere abordajes terapéuticos diferentes. El diagnóstico adecuado asegura que se establezcan estrategias específicas y efectivas para cada caso.

Influencia de la Crianza y el Apego

La crianza en el hogar establece las bases para el desarrollo emocional y social de los jóvenes. Un estilo educativo basado en un apego seguro puede fomentar la confianza y la autoestima en los niños. Por otro lado, estilos autoritarios o negligentes pueden conducir a problemas de comportamiento debido a la falta de apoyo emocional. La confianza y la seguridad emocional que ofrecen los cuidadores, al establecer límites claros pero afectuosos, disminuyen la aparición de comportamientos disruptivos. Establecer rutinas consistentes y proporcionar un ambiente de apoyo también son fundamentales para el desarrollo positivo.

La convivencia familiar es otro factor crucial que tiene un impacto significativo en el comportamiento. Un ambiente familiar tenso o plagado de conflictos puede generar ansiedad, agresividad, y dificultades en las relaciones interpersonales de los jóvenes. Familias con una comunicación abierta y respeto mutuo suelen tener hijos con menos problemas de conducta. Implementar estrategias para manejar el conflicto, como la resolución pacífica de disputas y el establecimiento de reglas claras, puede mejorar la dinámica familiar y, en consecuencia, el comportamiento de los menores. Crear un entorno donde todas las opiniones sean escuchadas y valoradas también contribuye al desarrollo de habilidades sociales positivas.

Diagnóstico y Ayuda Profesional

El diagnóstico temprano y la intervención adecuada son cruciales para abordar problemas de comportamiento en niños y adolescentes. Los profesionales de la salud mental y de la educación juegan un papel vital en la identificación y manejo de estos trastornos. La evaluación clínica es el primer paso en el diagnóstico de problemas de comportamiento. Los psicólogos utilizan herramientas como entrevistas, observaciones y cuestionarios estandarizados. Estos métodos ayudan a identificar trastornos específicos, como el TDAH o trastornos de ansiedad.

Una evaluación exhaustiva puede incluir análisis de antecedentes familiares y escolares. Esto permite entender factores subyacentes que pueden afectar el comportamiento. La identificación temprana es esencial para implementar un tratamiento eficaz y reducir el impacto negativo en el desarrollo del niño. Profesionales en educación y psicología colaboran para crear planes de intervención adaptados. Estos planes pueden incluir estrategias de manejo del comportamiento en el aula y apoyo psicológico individual.Los psicólogos u orientadores escolares proporcionan orientación tanto a estudiantes como a maestros. Su participación activa facilita el desarrollo de habilidades sociales y emocionales. Ayuda profesional adecuada puede mejorar significativamente el bienestar de niños y adolescentes, promoviendo un ambiente educativo positivo.

Las estrategias efectivas para abordar los problemas de comportamiento en niños y adolescentes se centran en terapias conductuales y en el desarrollo de habilidades sociales y empatía. Estos tratamientos buscan mejorar el bienestar y la interacción social de los jóvenes, promoviendo cambios positivos y duraderos.

Terapia Conductual y Cognitivo-Conductual

La terapia conductual y la terapia cognitivo-conductual (TCC) son esenciales para el tratamiento de problemas de comportamiento. La terapia conductual se basa en modificar comportamientos inadecuados a través de refuerzos positivos y negativos. Utiliza técnicas como el modelado y la desensibilización para fomentar comportamientos adecuados.

Por otro lado, la TCC trabaja tanto con pensamientos como con comportamientos. Ayuda a los individuos a identificar y cambiar patrones de pensamiento negativos que influyen en sus comportamientos. Esta terapia es eficaz en problemas como el déficit de atención, la ansiedad y la depresión. Facilita un cambio positivo al proporcionar herramientas prácticas para la autorregulación y el pensamiento crítico.

 

MTF. Violeta Gutiérrez Solís

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10 de septiembre: Día Mundial de la Prevención del Suicidio

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Redactado por: Psicóloga Violeta Gutiérrez, 10 de septiembre 2026

El Día Mundial de la Prevención del Suicidio, instaurado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en 2003, busca sensibilizar a la población y promover acciones que ayuden a salvar vidas.

¿Por qué es importante hablar del suicidio?

•​Cada año, más de 800 mil personas mueren por suicidio en el mundo: una cada 40 segundos.

•​Es una de las 20 principales causas de muerte a nivel global, en personas de todas las edades.

•​Prevén cifra récord en suicidios; en 10 años aumentó 48%

•​La Secretaría de Salud estima que en 2025 se cerrará con 8 mil 821 defunciones por suicidio en personas de 15 a 64 años.

•​De 2015 a 2024, las muertes por suicidio registraron un aumento de 48%, y en 2025 la Secretaría de Salud estima que se registre una cifra récord en el grupo de edad productiva (15 a 64 años).

•​De acuerdo con datos del primer Informe de Gobierno de Claudia Sheinbaum, dicha dependencia estima que este año cerrará con una cifra de ocho mil 821 defunciones por suicidio en personas de 15 a 64 años, 328 más que el año pasado y 559 más que en 2023.

Las causas son multifactoriales y van desde problemas económicos y familiares hasta la atención deficiente de la salud mental en instituciones públicas.

El gobierno de Claudia Sheinbaum registra 25.5 por ciento menos asesinatos que con AMLO

Es necesario fortalecer las instituciones y crear planes de prevención sólidos, con más psiquiatras y psicólogos que reciban sueldos dignos y estén presentes en hospitales, escuelas y comunidades.

La salud mental sólo ha sido una prioridad para el gobierno en los discursos y no en los hechos, pues no hay un seguimiento adecuado en el sector público, debido a falta de condiciones laborales favorables para los especialistas. Hay profesionales contratados por honorarios y eso impide que haya una continuidad en muchos de los tratamientos, además la mayoría de los servicios y atenciones públicos de salud mental están tan saturados y las citas que les llegan a dar a las personas no tienen un seguimiento adecuado, además que la espera entre una cita psicológica y otra en promedio es de un mes.

El aumento en las muertes por suicidio principalmente se presenta en población cada vez más joven, antes eran jóvenes de 15 a 29 años, pero estamos viendo que las tasas están ya desde niños de 10 años y adolescentes de 15.

Sin embargo, la prevención es posible. El tratamiento adecuado de la depresión, el abuso de sustancias y el apoyo a quienes han intentado suicidarse pueden reducir significativamente los riesgos.

Uno de los mayores desafíos es terminar con la estigmatización hacia las personas con trastornos mentales o conductas suicidas. El silencio y la discriminación son barreras que dificultan la prevención y el acceso a ayuda oportuna.

Qué es el suicidio

El suicidio, ponerle fin a tu propia vida, es una reacción trágica a situaciones de vida estresantes; más trágica aún porque el suicidio puede prevenirse. Si estás pensando en suicidarte o conoces a alguien que esté teniendo sentimientos suicidas, aprende a identificar los signos de advertencia del suicidio y a comunicarte para buscar ayuda y tratamiento profesional de inmediato. Puedes salvar una vida; la tuya o la de otro.

Puede parecer que tus problemas no tienen solución y que el suicidio es la única forma de poner fin al dolor. Pero hay algunas medidas que puedes tomar para mantenerte a salvo y volver a disfrutar de la vida.

Para ayuda inmediata:

•​Si te sientes abrumado por pensamientos de no querer vivir o tienes impulsos de intentar suicidarte, busca ayuda ahora mismo.

•​Llama a la línea directa de asistencia al suicida.

•​En México, llama de inmediato al 911 o al número de emergencia.

Síntomas

Los signos que advierten sobre el suicidio o los pensamientos suicidas incluyen lo siguiente:

•​Hablar acerca del suicidio, por ejemplo, con dichos como “me voy a suicidar”, “desearía estar muerto” o “desearía no haber nacido”

•​Obtener los medios para quitarse la vida, por ejemplo, al comprar un arma o almacenar pastillas

•​Aislarse de la sociedad y querer estar solo

•​Tener cambios de humor, como euforia un día y desazón profunda el siguiente

•​Preocuparse por la muerte, por morir o por la violencia

•​Sentirse atrapado o sin esperanzas a causa de alguna situación

•​Aumentar el consumo de drogas o bebidas alcohólicas

•​Cambiar la rutina normal, incluidos los patrones de alimentación y sueño

•​Hacer actividades arriesgadas o autodestructivas, como consumir drogas o manejar de manera negligente

•​Regalar las pertenencias o poner los asuntos personales en orden cuando no hay otra explicación lógica para hacerlo

•​Despedirse de las personas como si no se las fuera a ver de nuevo

•​Manifestar cambios de personalidad o sentirse extremadamente ansioso o agitado, en especial cuando se tienen algunos de los signos de advertencia que se mencionaron con anterioridad

Los signos de advertencia no siempre son obvios y pueden cambiar de persona a persona. Algunos dejan en claro sus intenciones mientras que otros guardan en secreto sus pensamientos y sentimientos suicidas.

 

MTF. Violeta Gutiérrez Solís

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Qué acciones realizar ante alguien que está pensando en el suicidio

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Redacción por: Psicóloga Violeta Gutiérrez, 03 de septiembre del 2026

Cuando alguien que conoces habla sobre quitarse la vida, es posible que no sepas qué hacer. Aprende a reconocer las señales de alarma y cómo obtener ayuda. Busca las señales de alarma. Cuando un ser querido o un amigo está pensando en el suicidio, pueden:

Hablar del suicidio, con frases como “voy a matarme”, “ojalá estuviera muerto” u “ojalá no hubiera nacido”.
Conseguir los medios para el suicidio, como comprar un arma o adquirir un suministro de pastillas.
Evitar el contacto social y querer que lo dejen solo.
Tener cambios en el estado de ánimo, como estar emocionalmente alegre un día y profundamente triste al siguiente.
Hablar o escribir sobre la muerte o la violencia.
Sentirse atrapado o desesperanzado ante una situación.
Aumentar el consumo de alcohol o drogas.
Cambiar las rutinas, incluidos los patrones de alimentación o sueño.
Hacer cosas arriesgadas o autodestructivas, como consumir drogas o conducir de forma que pueda causar daños.
Regalar pertenencias o poner en orden los asuntos cuando no hay motivo para hacerlo.
Despedirse de la gente como si fuera para siempre.
Desarrollar cambios de personalidad o estar excesivamente ansioso o agitado, sobre todo con otros signos de alarma.

Si alguien ha intentado suicidarse:

No lo dejes solo.
Llama de inmediato al 911 o al número local de emergencias. O si crees que está en condiciones de hacerlo sin correr riesgos, lleve a la persona al servicio de urgencias del hospital más cercano.
Trata de averiguar si la persona está bajo los efectos de drogas o de alcohol, o si pudo haber tomado una sobredosis.
Avisa de inmediato a un familiar o amigo acerca de lo que sucede.
Si un amigo o un ser querido habla o se comporta de un modo que le hace pensar que podría intentar suicidarse, no intentes manejar la situación solo. En lugar de hacer eso:
Busca ayuda con un profesional de la salud mental lo antes posible. Es posible que tu amigo o ser querido deba permanecer en el hospital hasta que pase la crisis suicida.
Insta a la persona a ponerse en contacto con una línea directa para prevención del suicidio.

Prevención del suicidio adolescente

Si usted es un adolescente al que le preocupa que un amigo o compañero de clase pueda estar pensando en el suicidio, tome medidas:

Pregúntale directamente lo que siente, aunque pueda resultar incómodo. Puede empezar con una pregunta genérica, como “¿Cómo te sientes?”. Escuche lo que tenga para decir y tómelo con seriedad. El solo hecho de hablar con alguien que muestra verdadero interés puede marcar una gran diferencia.
Si hablaste con esa persona y sigues preocupado, cuéntele sus inquietudes a un maestro, consejero escolar, alguna persona de la iglesia o del centro juvenil local, o a otro adulto responsable.
Puede ser difícil saber si un amigo o compañero de clase está pensando en suicidarse. Es posible que tu tengasmiedo de actuar y equivocarse. Si el comportamiento o las palabras de alguien te hacen pensar que corre el riesgo de suicidarse, es posible que esa persona esté lidiando con problemas graves. Aunque tu amigo o compañero de clase no esté pensando en suicidarse, puede ayudarlo a encontrar los recursos adecuados.

Ofrece apoyo. – Si un amigo o un ser querido están pensando en el suicidio, necesitan ayuda profesional; aunque el suicidio no sea un peligro inmediato. A continuación, le mostramos lo que puede hacer:

Insta a la persona a ponerse en contacto con una línea directa para prevención del suicidio.
Insta a la persona a buscar tratamiento. Alguien que está pensando en el suicidio o está muy deprimido puede no tener la energía ni la motivación para buscar ayuda. Si la persona no quiere acudir a un médico o a un profesional de la salud mental, puede sugerirle otras fuentes de ayuda. Los grupos de apoyo, los centros de crisis y las comunidades religiosas son buenas opciones. Un profesor u otra persona de confianza también pueden ayudar. También puede ofrecer apoyo y consejos, pero recuerde que su trabajo no consiste en sustituir a un profesional de la salud mental.
Ofrece a ayudar a la persona a tomar medidas para obtener ayuda y apoyo. Puede buscar opciones de tratamiento. Ofrézcase a hacer llamadas telefónicas y revisar la información sobre las prestaciones del seguro. También puede ofrecerse a acompañar a la persona a una cita médica.
Insta a la persona a hablar con usted. Alguien que está pensando en el suicidio puede sentirse avergonzado, culpable o apenado. Sea comprensivo y apoye a quien lo necesita. Opina sin echar la culpa a nadie. Escuche con atención y no interrumpa.
Se respetuoso y ten en cuenta los sentimientos de la persona. No intentes cambiar los sentimientos de la persona ni exprese conmoción. Recuerda, aunque alguien con pensamientos suicidas no esté pensando con claridad, las emociones son reales. No respetar cómo se siente la persona puede hacer que deje de hablar.
No desprecies ni critiques a la persona. Por ejemplo, no le digas: “Las cosas podrían ser peor” ni “Tienes todo por lo que vivir”. En su lugar, haga preguntas como: “¿Qué te hace sentir tan mal?” “¿Qué te haría sentir mejor?” o “¿Cómo puedo ayudarte?”
Nunca prometas mantener en secreto los sentimientos de alguien sobre el suicidio. Se comprensivo, pero explícale que es posible que no pueda cumplir esa promesa. Si crees que la vida de la persona corre peligro, hay que pedir ayuda.
Señala que las cosas pueden mejorar. Cuando alguien tiene pensamientos suicidas, parece como si nada fuera a mejorar su situación. Tranquiliza a la persona dile que el tratamiento incluye aprender otras formas de afrontar la vida, lo que puede hacer que vuelva a sentirse mejor.
Insta a la persona a no consumir alcohol ni drogas. Consumir drogas o alcohol puede parecer que alivia los sentimientos dolorosos, pero empeora la situación. Puede llevarlo a comportamientos riesgosos o a sentirse más deprimido. Si la persona necesita ayuda para dejar las drogas o el alcohol, ofrécele ayuda para encontrar tratamiento.
Retira los objetos peligrosos de la casa de la persona, si es posible. Si puede, asegúrate de que la persona no tenga objetos a su alrededor que pueda utilizar para suicidarse. Busca y retira objetos como cuchillos, navajas, pistolas o drogas. Si la persona toma un medicamento que podría utilizarse para una sobredosis, insiste en que alguien se lo guarde y se lo administre según lo prescrito.

Presta atención a todos los indicios de comportamiento relacionados con el suicidio

Si alguien habla de planes suicidas o se comporta de un modo que sugiere que la persona está pensando en suicidarse, no le reste importancia ni ignore la situación. Muchas personas que se suicidaron manifestaron en algún momento dicha intención. No se preocupe si usted reacciona de manera exagerada; lo más importante es la seguridad de su amigo o ser querido. No se preocupe por no deteriorar la relación que tienen cuando la vida de alguien está en juego.

Usted no es responsable de evitar un suicidio. Sin embargo, puede hacer algo para ayudar a la persona a entender que hay otras alternativas para asegurar su bienestar y recibir tratamiento.

 

MTF. Violeta Gutiérrez Solís

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