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Vive en gratitud y consigue un enfoque más positivo
Nota por: Psicóloga Violeta Gutierrez, 25 de Diciembre del 2025
Una dinámica social de espontánea generosidad permite experimentar un sentimiento positivo interno que nos conecta con los otros. Existen dos tipos de gratitud: la personal y la social. La primera es la emoción resultante de la conciencia y apreciación de lo que es significativo y valioso para uno mismo. Esto puede expresarse como la sensación de que hay mucho en la vida qué agradecer de forma generalizada. Incluso, se manifiesta de modo específico como una sensación de apreciación y goce por los eventos cotidianos, como las hojas que caen en el otoño y sus colores. En este sentido, la gratitud es muy parecida al optimismo.
La gratitud social, en cambio, se concibe como una emoción que se experimenta cuando alguien hace por nosotros algo bondadoso que no merecemos y lo realiza de forma libre y desinteresada. Un acto no merecido que sucede cuando se da fuera de un contexto de obligación o de expectativas de reciprocidad. El aspecto social de la gratitud va acompañado de una acción, en tanto que tiende a reconocer y a responder el agradecimiento y la bondad de otra persona. Cuando concebimos el aspecto social de la gratitud, resulta importante distinguirla del estado de deuda moral.
La gratitud tiene un papel relevante en el bienestar. Se enlaza con el buen ánimo, predice las conductas de ayuda, está asociada con la regulación de la depresión, permite valorar el materialismo menor necesidad de poseer cosas y de sentirse definido por ellas, y produce lazos sociales más fuertes. La gratitud forma parte de los estudios del lado positivo de la vida, de lo que vale la pena vivir, lo más disfrutable y lo más productivo. Sin embargo, al ser un tema de investigación relativamente joven, hay desacuerdo en si constituye una virtud moral, una actitud, una emoción, un hábito, un rasgo de personalidad o una respuesta de afrontamiento.
Es importante tener en cuenta que la gratitud es una emoción que depende del pensamiento. Cuando se trata de gratitud social, lo primero consiste en percibir que otra persona haya realizado de forma libre y desinteresada un acto bondadoso por nosotros. Una acción benigna puede ocurrir sin que las personas beneficiadas experimenten gratitud, en tanto la gratitud es una emoción que requiere cierta sofisticación cognitiva. Así, la interpretación del hecho será fundamental:
a) Cuando las personas interpretan el acto de dar como intencional, libre y no merecido, entonces experimentarán gratitud.
b ) Cuando la acción del otro no se interpreta como desinteresada, en lugar de sentir gratitud, las personas pueden contraer una deuda moral hacia el otro. Esta sensación en general es desagradable, dado que produce en las personas que lo reciben un sentido de obligación por devolver el acto bondadoso.
Cuando se trata de gratitud personal, tiene que ver con un efecto cognitivo que puede ser un rasgo de personalidad sentir que, en general, hay mucho en la vida qué agradecer o un estado provocado sentirse agradecido en un momento particular. De esta forma, este tipo de gratitud puede concebirse como un foco cognitivo mayor en los aspectos benéficos de la vida, que conlleva. La gratitud modifica la respuesta del sistema cardiovascular ante estresores externos, lo que cambia la fisiología del estrés. En un estudio se estresó a los participantes con una tarea típica. Se les recomendó restar en serie el número 13, iniciando con 1022. Además, se les sugirió que lo hicieran lo más rápido posible. Las personas que experimentaron gratitud el día anterior o durante la semana recién pasada, tuvieron una menor reactividad cardiovascular. De esta manera, se comprueba que la gratitud es un protector de la salud. A la par, la gratitud lleva a mantener una presión arterial más baja, un ritmo cardiaco óptimo, una mejor calidad de sueño y conductas de cuidado de la salud (como hacer ejercicio) que mantienen una respuesta para combatir el estrés. En resumen, la gratitud tiene un impacto de equilibrio en la variabilidad cardiaca, incluso en pacientes con problemas del corazón.
La gratitud fortalece los lazos sociales. La gratitud busca completar un circuito que nutre la socialización. Los nexos sociales son tan importantes para la felicidad, que nutrirlos puede ser lo más significativo que ocurre en la vida cotidiana. Se buscan incrementar la gratitud interpersonal, fomentando su comunicación vía mensajes de correo y cartas, son aquellas que adicionan bienestar de forma más efectiva. A algunas personas tampoco suele gustarles mucho que se les sugiera que agradezcan constantemente, en tanto que son conductas muy demandantes de tiempo y energía. Por otro lado, la manifestación o expresión forzada puede ser excesiva para los individuos, causando que las intervenciones sean poco efectivas.
Durante los últimos 15 años, la investigación sobre esta emoción se ha centrado principalmente en los beneficios de tener altos niveles de ella. Las personas que la sienten más hacia la vida en general, tienen una apreciación más positiva de sí mismos y del mundo, así como del futuro. Esto parece sugerir un papel clave en la salud mental, especialmente si concebimos a la depresión como una tríada negativa en la que hay visiones desfavorables sobre uno mismo, el mundo y el futuro. Puede formar parte de una “tríada positiva”; si es sostenida a través del tiempo, protege tanto del estrés como de la depresión.
En cuanto a las relaciones, propicia una interpretación más generosa de las transacciones sociales. Por ejemplo, cuando se experimenta, hay una explicación de que lo que se recibe de otros es más valioso. Se percibe que los regalos son más valiosos y que son dados de forma altruista. Este análisis generoso de las relaciones sociales lleva a que las personas que experimentan gratitud frecuentemente tengan relaciones más saludables.
Puede mejorar el bienestar psicológico: las personas duermen mejor, buscan más apoyo social, tienen un afrontamiento más activo ante la vida, disminuyen su ansiedad e incluso mejoran su imagen corporal. Todos estos beneficios protegen la salud mental.
MTF. Violeta Gutierrez Solís
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Afectaciones psicológicas de la vejez en los adultos mayores
Psicóloga Violeta Gutiérrez, 16 de abril de 2026
Para muchas personas es fundamental enfocarse en envejecer con éxito, lo que implica una adaptación positiva a los cambios físicos, mentales y sociales que ocurren en esta etapa.
La vejez representa un período que coincide con el deterioro corporal y cognitivo progresivo, pero su definición está influenciada por el contexto sociocultural en el que vive cada adulto mayor. La Organización Mundial de la Salud subraya que la fase senil no se identifica solo en función de la edad, sino también de los nuevos roles sociales como el hecho de ser abuelos o de pasar de ser trabajador a estar jubilado. La tercera edad conlleva señales de identificación específicas que siguen su propio curso y varían de una persona a otra, de acuerdo a un tiempo y orden inespecíficos. Los cambios son físicos y también mentales. Algunas de las señales físicas son:
Hay que poner atención en las señales psicológicas de esta etapa. Diversos estudios confirman que la vejez, al igual que la adolescencia, requiere la estructuración de una nueva identidad, no solo personal sino también social. La transición a la tercera edad implica la aparición de una cantidad considerable de estrés que, si no se gestiona adecuadamente, puede transformarse principalmente en trastornos del estado de ánimo y de ansiedad
La muerte representa el evento crítico por excelencia. La reflexión sobre este tema cada vez ocupa un espacio más relevante y las emociones como el miedo, la preocupación y la ansiedad pueden irrumpir en la vida de las personas mayores y de los familiares. Los familiares desempeñan un papel esencial en este período de reflexión, ya que se convierten en contenedores emocionales, el lugar seguro en el que la persona mayor puede encontrar consuelo y atención.
La jubilación y la enfermedad son los otros dos acontecimientos críticos. Por un lado, la jubilación supone la pérdida del rol social que la persona ha mantenido durante la mayor parte de su vida. Volver a encontrar su sitio dentro de la sociedad se convierte en una necesidad para esta generación, a fin de evitar que surja un sentimiento de inutilidad y vacío o una posible sintomatología depresiva y ansiosa, en los casos más graves.
Una forma útil de afrontar esta nueva etapa es mantener vivos los intereses que uno tiene, dedicarse a su familia y volver a encontrar una nueva manera de estar juntos, y realizar actividades de voluntariado. Un aspecto positivo es la cantidad de tiempo disponible para dedicarse al autocuidado.
La enfermedad representa uno de los procesos más delicados para las personas mayores y sus familias. Surgen tanto la necesidad de recibir ayuda y apoyo como la necesidad de ser autónomos, al igual que lo han sido durante la edad adulta. El reto principal de las personas mayores es el de aceptar ayuda. Los retos psicológicos que pueden surgir en la vejez pueden influir de manera significativa en la calidad de vida de las personas mayores. Cuando no se identifican y abordan a tiempo, es posible que contribuyan a:
Prevalencia de los trastornos psicológicos en la vejez
La vejez es una etapa en la que los trastornos psicológicos pueden adquirir una relevancia significativa, influyendo tanto en la calidad de vida como en la funcionalidad diaria de las personas mayores. Según la Organización Mundial de la Salud (2025), aproximadamente un 14 % de los adultos mayores de 70 años experimenta algún trastorno mental, siendo la depresión, la ansiedad y la demencia los más frecuentes. La prevención y la promoción de la salud mental en la vejez requieren un enfoque integral que involucre tanto a la persona mayor como a su entorno familiar y comunitario. Algunas estrategias respaldadas por investigaciones incluyen:
La colaboración familiar, de la persona mayor, y los profesionales de salud mental como los psicólogos, juegan un papel crucial para afrontar los retos psicológicos que pueden surgir en esta etapa.

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Conoce los distintos tipos de apego y cómo influyen de manera directa en tus relaciones personales
Redacción: Psicóloga Violeta Gutiérrez, 09 de abril de 2026
Comprender los tipos de apego permite descubrir cómo las experiencias tempranas influyen en la forma en que las personas crean y mantienen vínculos emocionales. Las relaciones con las figuras principales de cuidado moldean la manera en que se percibe la cercanía, la dependencia y la seguridad en la vida adulta. Conocer el tipo de apego que predomina en una persona ayuda a mejorar sus relaciones y su bienestar emocional. Los tipos de apego en la pareja definen cómo nos vinculamos emocionalmente, basándose en cuatro estilos principales: seguro, ansioso-ambivalente, evitativo y desorganizado. El apego seguro fomenta relaciones sanas y estables, mientras que los inseguros (ansioso, evitativo, desorganizado) suelen generar conflictos, dependencia o distanciamiento emocional por miedos al abandono o intimida
La teoría del apego de John Bowlby. – John Bowlby, psiquiatra y psicoanalista británico, fue quien formuló la teoría del apego moderna. Propuso que el comportamiento de apego se activa cuando el individuo percibe una amenaza o separación, y se alivia al recuperar la cercanía con una figura protectora. Bowlby basó su enfoque en la biología evolutiva, argumentando que el apego tiene una función de supervivencia. La relación temprana con el cuidador configura los modelos internos de trabajo, representaciones mentales que guían las expectativas sobre las relaciones futuras. Este planteamiento fue respaldado por observaciones empíricas y estudios longitudinales. Los datos demostraron que los niños con cuidadores sensibles desarrollan mayor seguridad, mientras que la falta de respuesta consistente puede generar patrones inseguros.
Los patrones de apego desarrollados en la infancia influyen de manera directa en cómo las personas establecen relaciones de pareja, experimentan la intimidad, manejan el rechazo y regulan su bienestar emocional. Estas diferencias determinan cómo cada individuo busca apoyo emocional, expresa sus necesidades y responde ante los conflictos o la distancia afectiva.
1. Apego seguro: vínculo, confianza y autoestima
El apego seguro se asocia con una base emocional estable. Las personas con este patrón confían en sus propias capacidades y en las intenciones de los demás. Mantienen vínculos cercanos sin perder su autonomía ni sentir miedo constante a ser rechazadas. Este estilo fomenta la autoestima y la percepción positiva del entorno. Tienden a resolver conflictos con empatía y muestran una regulación emocional equilibrada. En la adultez, este tipo de apego se relaciona con relaciones estables y satisfactorias tanto en el plano afectivo como social. Características principales:
2. Apego ansioso o ambivalente: validación y miedo al abandono
Quienes presentan apego ansioso o ambivalente muestran una fuerte necesidad de validación emocional. Buscan constantemente señales de aceptación y se angustian ante la distancia o la falta de atención. El miedo al abandono domina su comportamiento afectivo. Este estilo se forma en la infancia cuando las respuestas del cuidador son impredecibles: a veces afectuosas y otras distantes. En la vida adulta, genera relaciones intensas y cargadas de inseguridad. Las personas con este patrón oscilan entre la cercanía y la ansiedad, lo que puede provocar conflictos recurrentes y un malestar persistente al sentirse poco valoradas.
Rasgos comunes:
El apego evitativo se caracteriza por una necesidad de autonomía que frecuentemente encubre un temor al rechazo. Estas personas minimizan la importancia del vínculo emocional y prefieren confiar en sí mismas antes que depender de otros. Durante la infancia, los cuidadores suelen mostrarse fríos o poco disponibles, lo que refuerza el aprendizaje de que expresar necesidades no es seguro. En la adultez, el individuo evita involucrarse demasiado para mantener control emocional. Este estilo puede dificultar la creación de lazos profundos y limitar la expresión de afecto.
Aspectos destacados:
El apego desorganizado surge de experiencias traumáticas, negligencia o maltrato. Las figuras de cuidado representan simultáneamente fuente de seguridad y amenaza, generando una falta de coherencia en las respuestas emocionales. Este patrón combina aspectos del apego ansioso y del evitativo. La persona puede desear cercanía, pero al mismo tiempo temerla. En la adultez, se asocia con una baja autoestima y relaciones marcadas por la confusión emocional. El manejo de la distancia emocional resulta complejo, ya que el vínculo se percibe tanto como necesario como peligroso.
Indicadores frecuentes:
Identificar tu tipo de apego personal y de la pareja es clave para mejorar tu comunicación, si detectas que tu tipo de apego es inseguro y te está ocasionando problemas en tus relaciones interpersonales, es esencial buscar apoyo psicológico, para trabajar con tu tipo de apego y lograr un equilibrio emocional e interpersonal que te haga sentir más seguro y estable emocionalmente.
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¿Qué es el cutting y la autolesión? ¿Cómo tratarlos psicológicamente?
Redacción: Psicóloga Violeta Gutiérrez, 02 de abril 2026
La autolesión es un problema grave que afecta a muchos adolescentes. Al igual que otros comportamientos de riesgo, puede ser peligroso y crear un hábito. En la mayoría de los casos, también es un signo de una angustia emocional profunda. Las amistades también pueden presionar a los adolescentes para que experimenten con ellos. El tema de la autolesión puede ser algo preocupante para los padres. Puede ser difícil entender por qué los adolescentes (o incluso los preadolescentes) se lastiman a propósito y preocupante pensar que su hijo adolescente, o uno de sus amigos, podría estar en riesgo de tener este problema. Pero los padres que son conscientes de este importante problema y entienden el dolor emocional que puede significar están en condiciones de ayudar a sus hijos.
Durante el cutting y las autolesiones en adolescentes, se usan objetos afilados como una hoja de afeitar, un cuchillo o unas tijeras para hacer marcas, cortes o rasguños en su propio cuerpo. Pero cortarse es solo una forma de autolesión. Los adolescentes que se autolesionan también pueden quemarse, rasguñarse o golpearse; golpearse la cabeza; tirarse del cabello; pellizcarse la piel; perforarse la piel con agujas u objetos punzantes; o insertarse objetos debajo de la piel.
Las autolesiones están acompañadas por una sensación de vergüenza y se mantienen en secreto. La mayoría de los adolescentes que se cortan ocultan las marcas y, si se notan, encuentran excusas para justificarlas. Sin embargo, algunos adolescentes no tratan de ocultar las lesiones e incluso permiten que la gente se dé cuenta de que las tienen.Cortarse a menudo comienza como un impulso. Pero muchos adolescentes descubren que una vez que comienzan, lo hacen cada vez con más frecuencia y pueden tener problemas para dejarlo de hacer. Muchos adolescentes que se autolesionan dicen que las lesiones les proporcionan una sensación de alivio de las emociones dolorosas profundas que sienten. Por eso, es un comportamiento que tiende a formar un círculo vicioso. Cortarse y practicar otras autolesiones pueden convertirse en la forma habitual de un adolescente de responder a las presiones y sentimientos difíciles de tolerar. Muchos dicen que se sienten “adictos” a este comportamiento. A algunos les gustaría poder parar,pero no saben cómo o sienten que no pueden hacerlo. La mayoría de las veces, la autolesión no es un intento de suicidio. Los adolescentes se autolesionan por muchas razones diferentes:
Cada vez que surge esta tensión, el cerebro busca entonces ese alivio y lleva al adolescente a repetir esta conducta. Es por esto que lesionarse mediante cortes puede convertirse en un hábito y hacer que la persona se sienta incapaz de dejar de hacerlo. El impulso de cortarse para obtener alivio puede parecer muy difícil de resistir cuando la tensión emocional es alta.
Presión de los pares. Algunos adolescentes son influenciados para comenzar a autolesionarse por otra persona que ya lo hace. La presión de un grupo de compañeros también puede desempeñar un papel importante. Algunos adolescentes se cortan en grupos y pueden presionar a otros a hacerlo. Un adolescente podría ceder ante esta presión de grupo para demostrar que es osado o “está en la onda”, para tener un sentido de pertenencia o evitar el acoso de sus compañeros.
Cualquiera de estos factores puede ayudar a explicar por qué un adolescente se autolesiona. Pero también juegan un papel fundamental los sentimientos y las experiencias únicos de cada adolescente. Algunos adolescentes que se autolesionan podrían no ser capaces de explicar por qué lo hacen.Independientemente de los factores que pueden conducir a que un adolescente se autolesione, esta conducta no es una forma sana de manejar las emociones y presiones, por extremas que éstas sean.
La mejor manera de sanar estas conductas autodestructivas, es acudir con tu psicólogo o psicóloga de confianza en cual te podrá ayudar a resolver esta situación y que el adolescente que lo padece deje de hacerse daño, pueda tener paz y estabilidad emocional, además de un bueno manejo de sus emociones.
Contacto: MTF. Violeta Gutierrez Solís
Facebook: Psicóloga Violeta Gutiérrez
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