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Manejo del estrés

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Redactado por: Psicóloga Violeta Gutierrez

Todos nos sentimos estresados en algún momento u otro. Es una reacción normal y saludable a un cambio o desafío. Pero el estrés que continúa por más de unas cuantas semanas puede afectar su salud. Evite que el estrés lo enferme aprendiendo maneras saludables para manejarlo.

Aprenda a reconocer el estrés

El primer paso para manejar el estrés es reconocer la presencia del estrés en su vida. Todo el mundo experimenta el estrés de manera diferente. Es posible que se enoje o esté irritable, que no pueda dormir o que sufra dolores de cabeza o malestar estomacal. ¿Cuáles son las señales del estrés en usted? Una vez que conozca las señales que debe buscar podrá comenzar a manejarlo.

Adicionalmente, identifique las situaciones que pueden provocarle estrés. Estas situaciones se conocen como tensionantes. Sus tensionantes pueden ser la familia, la escuela, el trabajo, las relaciones, el dinero o los problemas de salud. Una vez que comprenda de dónde viene su estrés podrá idear maneras con las cuales lidiar con sus tensionantes.

Evite aliviar el estrés de maneras poco saludables

Al sentirse estresado, usted puede recurrir a comportamientos poco saludables que lo ayuden a relajarse. Estos comportamientos pueden incluir:

Comer en exceso
Fumar cigarrillos
Beber alcohol y consumir drogas
Dormir demasiado o no dormir lo suficiente

Estos comportamientos pueden ayudarle a sentirse mejor en un principio, pero pueden hacerle más daño de lo que ayudan. En lugar de ellos, utilice los consejos que se presentan a continuación para encontrar maneras saludables de reducir el estrés.

Encuentre técnicas saludables para controlar el estrés

Existen muchas maneras de manejar el estrés. Pruebe algunas para averiguar cuáles funcionan mejor para usted

1. Reconozca las cosas que no puede cambiar. Aceptar que no puede cambiar ciertas cosas le permite dejarlas ir y no alterarse. Por ejemplo, no puede cambiar el hecho de que debe conducir durante la hora pico. Pero puede buscar maneras de relajarse en el trayecto, como escuchar un podcast o un audiolibro.
2. Evite las situaciones estresantes. Siempre que le sea posible, aléjese de la fuente del estrés. Por ejemplo, si su familia discute en los días festivos, dese un descanso y salga a caminar o a dar una vuelta en el auto.
3. Haga ejercicio. Realizar actividades físicas todos los días es la mejor y más fácil manera de lidiar con el estrés. Al hacer ejercicio, su cerebro libera químicos que lo hacen sentir bien. También puede ayudarle con su energía reprimida o su frustración. Busque algo que disfrute, ya sea caminar, montar en bicicleta, jugar softball, nadar o bailar, y hágalo por al menos 30 minutos la mayoría de los días.
4. Cambie su perspectiva. Intente desarrollar una actitud más positiva ante los desafíos. Puede hacerlo reemplazando los pensamientos negativos con pensamientos más positivos. Por ejemplo, en lugar de pensar, “¿por qué siempre todo sale mal?”, cambie esa idea por, “puedo encontrar una manera de superar esto”. Puede parecer difícil o tonto en un principio, pero podría descubrir que esto le ayuda a dar un giro a su perspectiva.
5. Haga algo que disfrute. Cuando el estrés lo tenga decaído, haga algo que disfrute para ayudar a ponerlo de pie de nuevo. Puede ser algo tan simple como leer un buen libro, escuchar música, ver su película favorita o salir a cenar con un amigo. O comience un nuevo pasatiempo o clase. Sin importar lo que elija, intente hacer al menos una cosa al día que sea solo para usted.
6. Aprenda nuevas maneras para relajarse. La práctica de técnicas de relajación es una gran manera de lidiar con el estrés del día a día. Las técnicas de relajación le ayudan a disminuir el ritmo cardíaco y reducir la presión sanguínea. Existen muchos tipos, desde respiraciones profundas y meditación hasta yoga y taichí. Tome una clase o intente aprender de libros, videos o recursos en línea.
7. Conéctese con sus seres queridos. No deje que el estrés se interponga entre usted y su vida social. Pasar tiempo con familiares y amigos puede ayudarle a sentirse mejor y olvidarse del estrés. Confiar sus problemas a un amigo también puede ayudarle a resolverlos.
8. Duerma lo suficiente. Descansar suficientemente durante la noche puede ayudarle a pensar con más claridad y a tener más energía. Esto hará que sea más fácil manejar cualquier problema que pueda surgir. Intente dormir entre 7 y 9 horas todas las noches.
9. Mantenga una dieta saludable. Comer alimentos saludables ayuda a darle energía a su cuerpo y su mente. Evite los refrigerios con altos contenidos de azúcar y consuma muchas verduras, frutas, granos integrales, lácteos reducidos o libres de grasas y proteínas magras.
10. Aprenda a decir que no. Si su estrés viene de realizar demasiadas tareas en casa o en el trabajo, aprenda a establecer límites. Pida ayuda a los demás cuando la necesite.

Contacto Teléfono: 6484694143

Facebook: Psicóloga Violeta Gutiérrez

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¿De qué se trata el Síndrome del Impostor? Aquí te lo cuento

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De acuerdo con un artículo publicado en el International Journal of Behavioral Science, se estima que el 70 % de las personas en todo el mundo experimentará al menos un episodio de este síndrome en algún momento de su vida. Pero ¿Por qué nos sentimos así?

El síndrome del impostor es un fenómeno psicológico en el cual las personas exitosas tienen la sensación de no ser merecedoras de sus logros. A pesar de que sus logros son evidentes, tienen una persistente sensación de no merecer el reconocimiento o el éxito obtenido. En consecuencia, se sienten como un fraude o un impostor. Este síndrome fue descrito por primera vez en 1978 por las psicólogas Suzanne Imes y Pauline Rose Clance. Quienes experimentan este síndrome tienden a atribuir sus logros a la suerte o a factores externos, pero nunca a sí mismos. A menudo temen que en algún momento sean descubiertos como “fraudes” o “impostores”, lo que les genera ansiedad, inseguridad y los lleva a buscar validación externa constantemente. Esimportante conocer por qué se genera el síndrome para poder arrancar el problema desde la raíz. Algunos de los factores que inducen el síndrome del impostor son:

Baja autoestima. – Las personas que experimentan el síndrome del impostor tienden a subestimarse y no reconocen sus propias habilidades y logros. Cuando alguien tiene una visión negativa de sí mismo, es más propenso a dudar de su valía y capacidades, creyendo que no merece el éxito que ha obtenido.
Atención excesiva a las críticas. – Quienes son muy sensibles a las opiniones y evaluaciones negativas de los demás tienden a ignorar o minimizar los elogios y reconocimientos positivos que reciben, lo que alimenta inseguridades. Sentir una presión constante por ser perfectos y temer ser juzgados o rechazados por los demás los lleva a desvalorizar sus propios logros y capacidades.
Estereotipos de género. – En contextos laborales, los estereotipos de género pueden asociar ciertas habilidades o roles con un género específico. Si una persona se encuentra en un campo profesional donde se espera que un género predomine y ella pertenece al otro, podría cuestionar su valía y sentirse como un impostor, aunque tenga las habilidades y la experiencia necesarias.
Falta de reconocimiento en la infancia. – Los infantes buscan la validación y el apoyo de sus figuras de autoridad, como padres, maestros o cuidadores. Cuando los adultos no reconocen o valoran adecuadamente los logros y esfuerzos del niño, pueden generar sentimientos de inseguridad y duda sobre su valía y capacidades. Esta falta de reconocimiento se puede internalizar como una sensación de inferioridad.
Distorsión para aceptar el éxito. – Las personas que experimentan el síndrome del impostor tienden a minimizar o desvalorizar sus propios logros y éxitos. No se sienten merecedoras de ello y creen que han tenido suerte o que los demás sobreestiman sus habilidades. Es posible que las personas desarrollen una tendencia a minimizar sus logros para evitar sentirse vulnerables ante el juicio ajeno.

Señales del síndrome del impostor

1. Procrastinación o exceso de preparación de tareas cotidianas. – Cuando las personas con el síndrome del impostor se enfrentan a tareas o retos, tienden a prepararse en exceso o a procrastinar. Ambas respuestas se originan de una sensación de insuficiencia, y pueden conducir al burnout o a bajo rendimiento académico o profesional.

2. Perfeccionismo excesivo. – Si bien querer superarse o tener metas ambiciosas no indican síndrome del impostor, la hipercompetitividad y autocrítica dura sí que lo hacen. El exceso de perfeccionismo puede conducir a las personas a ponerse estándares inalcanzables que, cuando no se logran, refuerzan la percepción distorsionada de fraude.

3. Miedo intenso al fracaso. – Una de las señales más claras del síndrome del impostor es la ansiedad intensa al enfrentar retos por miedo a equivocarse, especialmente cuando se traduce en trabajar en exceso, al asumirlos o en evitarlos por completo. La persona que tiene estas conductas las utiliza como estrategia para mitigar el supuesto riesgo de fracaso.

4. Sensaciones fugaces de éxito después de los logros. – Aunque reconocer el papel de la suerte o los factores externos en el éxito individual puede ser una muestra de humildad, el que la sensación de logro o satisfacción después de superar un reto o alcanzar un nuevo logro profesional no perdure es un claro indicador de del síndrome del impostor, pues muestra incapacidad para internalizar los éxitos propios.

Consejos prácticos para que logres combatir el síndrome del impostor.

1. Aprende a manejar las críticas de manera constructiva. – Reconoce que todos cometemos errores y que las críticas no definen nuestra valía. Recuerda que el síndrome del impostor es una percepción distorsionada de ti mismo y que tus logros y capacidades son genuinos.

2. Reconoce el impacto de los estereotipos de género. – Es fundamental cuestionar y desafiar estas creencias limitantes, así como considerar el impacto que tienen. Un estudio publicado en el Journal of General Internal Medicine indica que las tasas del síndrome del impostor suelen ser más altas en mujeres que en hombres.

3. Desafía tus pensamientos negativos. – Cuestiona las creencias negativas sobre ti mismo y tus habilidades. Identifica y reemplaza los pensamientos negativos con afirmaciones positivas y realistas sobre tus capacidades.

4. Trabaja en tu autoestima. Independientemente de lo que los demás piensen, procura construir una confianza más sólida y aprende a liberarte de la necesidad constante de validación externa. También puede ser útil trabajar con un terapeuta para abordar las experiencias pasadas y desarrollar una mayor autoaceptación y autocompasión.

5. Celebra tus éxitos.- No subestimes tus logros. Celebra cada paso hacia adelante, por pequeño que sea. Reconoce tus esfuerzos y méritos para reforzar tu confianza en ti mismo. Acepta los cumplidos y agradece a quienes reconocen tus habilidades.

6. Mantente en constante preparación y aprendizaje. – Continuar tu preparación profesional ayudará a que el síndrome del impostor tenga menos poder sobre ti y tus oportunidades en el mundo laboral serán mayores.

 

MTF. Violeta Gutierrez Solís

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¿Qué es un psicólogo clínico y qué cosas son consideradas una mala praxis? Aquí te lo cuento

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Redacción por: Psicóloga Violeta Gutiérrez, 29 enero 26

Un psicólogo clínico es mucho más que un simple consejero o terapeuta, son expertos en el campo de la psicología clínica que han pasado años formándose y adquiriendo la experiencia necesaria para ayudar a las personas a superar sus desafíos emocionales y psicológicos. Estos profesionales ofrecen una combinación única de apoyo, comprensión y terapia, trabajando con cada paciente de manera individual para encontrar la mejor solución para sus necesidades.  Por tanto, la formación de un Psicólogo clínico es un proceso riguroso que incluye la especialización en psicología y la certificación por parte del colegio oficial de psicólogos.  Este proceso asegura que los psicólogos clínicos estén altamente capacitados y cualificados para prestar una atención de calidad a sus pacientes. En el ámbito de la salud mental, los psicólogos clínicos desempeñan un papel fundamental en la ayuda a las personas a superar sus problemas. Ya sea que estés lidiando con problemas de ansiedad, depresión, estrés o cualquier otro desafío emocional, un psicólogo clínico puede proporcionarte la ayuda que necesitas para avanzar.

Un psicólogo clínico te guiará en un viaje hacia la comprensión y la curación emocional. A través del uso de técnicas avanzadas de terapia cognitivo conductual, estos profesionales trabajarán contigo para identificar patrones de pensamiento y comportamiento negativos y ayudarte a reemplazarlos con pensamientos y comportamientos más saludables. La realidad es que no es fácil abordar problemas emocionales y psicológicos, en cambio, con la ayuda de un psicólogo clínico, todo es posible.

Aunque pueda parecer que un psicólogo y un psicólogo clínico son lo mismo, en realidad existen diferencias cruciales entre estos dos profesionales.   Por un lado, el psicólogo general puede desempeñar una variedad de funciones en el campo de la psicología, como la investigación, la enseñanza o la consultoría.

Un psicólogo clínico tiene un enfoque más específico y se centra en ofrecer terapia y apoyo a sus pacientes que están luchando con problemas emocionales y psicológicos.  Esta diferencia en el enfoque es importante, ya que los pacientes que buscan ayuda para problemas emocionales y psicológicos necesitan un profesional que tenga un conocimiento profundo y una experiencia en este ámbito.  Un psicólogo clínico es especialmente capacitado para proporcionar esta ayuda, puesto que ha pasado años formándose y adquiriendo la experiencia necesaria para prestar una atención de calidad a sus pacientes.

1. No ajustar bien la relación terapeuta-paciente, la Línea de Implicación Óptima es un espacio imaginado en el que la relación de implicación entre tu paciente y tú es óptima para la efectividad de la terapia. Al traspasar dicha línea (hacia una mayor o menor implicación) se corre el riesgo de estropear dicha relación. Además, cuanta mayor distancia, mayores serán esos riesgos. Por ejemplo, tener una relación demasiado cercana con el paciente, o tener una relación de pareja o amistad.

2. Juzgar las creencias de tu paciente, el trabajo de un psicólogo/a consiste en ayudar a su paciente a trabajar aquellos pensamientos, conductas o emociones que le hagan sufrir o le generen un gran malestar, no en cambiar aquellos pensamientos, conductas o emociones que nosotros/as, como terapeutas, consideremos que son equivocados.

3.  No practicar la escucha activa, no basta con saber escuchar para ser terapeuta, pero sí que es fundamental dominar la escucha activa. Si no escuchas lo que te dice tu paciente, malamente podrás saber lo que le pasa, por qué le pasa o cómo ayudarle.

4. No validar los sentimientos o experiencias de tu paciente, minimizar sus emociones, es importante primero validar y después hacer preguntas que le ayuden a ser consiente para corregir aquellos aspectos de su vida que no esta manejando de manera adecuada, si tu vez que ejerce violencia psicológica no debes permitir que lo siga haciendo.

5. Decirle a tu paciente lo que tiene que hacer, este es unerror habitual que suelen cometer los y las profesionales de la psicología cuando empiezan a hacer terapia es llevar al paciente por un camino determinado, sin tener en cuenta sus decisiones. Es decir, decirle al paciente lo que tiene que hacer. La clave fundamental es que guíes a tu paciente hacia el camino que él/ella quiera seguir.

6. Meter tu religión a la práctica clínica, recuerda que dentro de tu consultorio dejas de ser la persona que eres, tus gustos, religión, ideología filosófica, política, eres lo mas imparcial y objetivo posible, la consulta clínica debe ser laica, decir cosas como “eso no es de Dios”, ya que la persona se puede sentir juzgada y limitada para hablar libremente.

7. Un psicólogo no puede recetar medicamentos de ningún tipo, nosotros no tenemos ningún tipo de educación ni capacitación médica, no conocemos todo el cuerpo humano, solo el cerebro es por esto que los psicólogos no podemos manejar ningún medicamento, solo los médicos pueden hacerlo.

8. trabajar solo con lo que estas capacitado para manejar, no elijas usuarios y situaciones para las que no estas capacitado, por ejemplo pacientes que quieren tratamiento de hipnosis, niños con capacidades especiales, violencia, drogas y no contar con la capacitación suficiente para trabajar correctamente estos problemas y empeorar con esto la situación del usuario.

9. Comentar las cosas o situaciones que se hablaron en consulta psicológica ya que hay normas, leyes y clausulas que protegen la confidencialidad de la información que se maneja.

10. Adjudicarte títulos que no están avalados por la secretaria de educación publica para eso existe una pagina de la sep. donde se pueden verificar las credenciales del profesional con el que estas acudiendo o vas a acudir, y cerciorarte de que todo está en orden.

10. No podemos atender a nuestras familias, ni amistades.Por que perdemos la objetividad al trabajar con las personas que queremos y con las que hay sentimientos involucrados

11. Hablar lo menos posible sobre ti o tu vida privada, es la consulta de tu paciente, invierte ese tiempo para que el hable sobre su vida, sus patrones de conducta, sus emociones, etc.

12. No pretendan la perfección, somos seres humanos como todos, con virtudes y defectos, mas existe el estigma de que nuestras vidas deben ser perfectas, que no debemos sentir enojo, miedo o tristeza y mucho menos expresarlo, por que si es así no somos buenos psicólogos, esto es un mito, somos seres pensantes y sintientes y para ser eficientes hay que ser empáticos y poder conectar con nuestras emociones.

 

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Cómo cultivar y mejorar tus herramientas de inteligencia emocional

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Nota por: Psicóloga Violeta Gutiérrez, 22 de enero del 2026

En la actualidad vivimos como si estuviéramos en modo robot, desconectados de nuestras emociones, principalmente de las menos positivas porque no nos gusta sufrir, ni experimentar dolor y nos enseñan a aislarnos de ellas para protegernos.

Cuando algo te haga actuar o sentirte de una determinada forma, párate un segundo, reflexiona sobre la emoción que hay detrás, y encuentra su origen. Al principio es inevitable que te cueste, pero poco a poco, ya verás como con la práctica es más sencillo de lo que pensabas a priori.

Son de 4 a 6 las emociones básicas y de las que se crean y se desarrollan todas las demás. Así que ve más allá, intenta concretar y ser lo más específico posible para poder identificar tu emoción. Y es que poder ponerle nombre a lo que sientes es muy importante para comprender y entender lo que te pasa. Muchas veces las emociones primarias desencadenan otras emociones secundarias, y esto nos puede llevar al error de creer que lo que realmente estamos sintiendo es la emoción secundaria, pero no, a veces hay que ir más allá, buscar e identificar la emoción primera que es la que realmente nos está afectando.

Las emociones tienen la finalidad de darnos información y ponernos en alerta sobre lo que está ocurriendo. Son inevitables y tal y como te he dicho al inicio de este post, no se pueden eliminar. Aceptando esto como algo intrínseco a nosotros y a nuestra especie, una vez que la emoción aparezca trata de no juzgar. Nunca consideres tus emociones, como algo bueno o malo, hazlo como fuente de información que te ayudará a ser más consciente de ti mismo. Ni más, ni menos.

Para poder identificar mejor las emociones es muy importante fijarnos en el lenguaje no verbal, en el lenguaje corporal: brazos, postura de la espalda. De esta forma, si te cuesta identificar tus emociones, entender el lenguaje corporal te dará muchas pistas de lo que está ocurriendo en tu interior y te ayudará en el proceso. No nos podemos olvidar tampoco de las manifestaciones fisiológicas automáticas tales como ponerse rojo, sudoración excesiva, temblor de piernas, presión en el pecho, etc. Y es que si encontramos patrones y conexiones causa-efecto entre la sensación física que experimento cuando se desencadena determinada emoción, seré un experto emocional.

Es fundamental acostumbrarnos y entrenarnos a pensar en los sentimientos y en las causas que puede haber detrás de determinadas reacciones y es que, buscando el porqué de las reacciones, conseguirás entender un poquito mejor a las personas. De nuevo hablamos de asertividad y es que es un factor que se necesita para poder expresar las emociones de manera correcta. Es importante sacar lo que llevamos dentro y no tragar y que se quede sin salir y es que todo lo que no se expresa, se puede enquistar. Así que a partir de ahora comparte las emociones con las personas que te rodean, para seguir avanzando.

Cuando nos referimos a reconocer, sobre todo se trata de primero saber que estoy sintiendo y luego poner nombre a lo que estoy sintiendo. Esta es la fase inicial, pero es algo que trabajamos constantemente porque a veces vamos tan enfocados a lo que tenemos que hacer y a nuestra agenda que ni siquiera notamos las emociones.

De manera frecuente en consulta me encuentro con personas que tienen niveles altos de estrés pero que no lo perciben hasta que ya se convierte en un dolor de espalda o en un dolor de estómago. ¿Por qué ocurre esto? porque no prestanatención, la mente esta dispersa, llena de pensamientos intrusivos que no te permite concentrarte. Y si el cerebro no lo percibe no lo atiende. Por eso este primer paso es fundamental trabajarlo.

La fase de comprensión nos permite entender cuál es la función que está cumpliendo esa emoción y entonces cómo puedo utilizarla para mejorar. A veces, cuando trabajo la comprensión me encuentro con que tendemos a evitar lo que nos hace sentirnos mal para restarle importancia o porque es realmente desagradable.

Se me viene a la mente un caso de una paciente donde no quería empezar a trabajar desde la terapia porque tenía miedo de abrir una caja llena de dolor para la que no se sentía preparada. Era consciente de que el dolor estaba, pero no quería entenderlo, ni estaba disponible emocionalmente para vivirlo. En ocasiones lo que hay detrás del dolor es una decisión, como en este caso, que finalmente se dio cuenta de que su relación de pareja no funcionaba.

Y por último la fase de manejo es cuando utilizamos toda la información anterior en forma de conductas. Por ejemplo, cuando:

He identificado que siento miedo a la opinión de mis jefes por si me quedo sin trabajo.
Que ese miedo me indica que este trabajo me gusta y que lo quiero mantener.
Que el efecto el miedo sostenido es que me desconcentro, tengo peores resultados y el miedo se incrementa mucho más.

Entonces lo que hay que hacer es cambiar el foco delpensamiento y de las conductas, trabaja en ti, veras como después de hacer esto toda ira mejor, tu mente se concentra y al final los resultados llegan. A modo práctico y lúdico, podemos desarrollar y afianzar nuestra Inteligencia Emocional si llevas a cabo lo siguiente:

1. Ejercicios de respiración consciente.
2. Actividades relacionadas con el arte escénico: teatro, danza, música.
3. Ejercicios en los que se emplee el cuerpo de manera consciente, pesas, box.
4. Juegos en los que sea importante manejar e interpretar emociones de los demás.
5. Ejercicios de afirmación y/o pensamiento positivo.
6. Ejercicios de meditación, relajación guiada, visualización.

La mejor manera para manejar de forma correcta laInteligencia Emocional y sus componentes, es hacerlo con la ayuda de un experto en salud mental. Solicita una cita de terapia psicológica con tu psicólogo o Psicóloga de confianza, no lo dudes, entre mas pronto lo hagas, más rápido podrás tomar decisiones más asertivas, mejora tu comunicación y relaciones con los demás, así como mantener el control y manejo de tus emociones.

 

 

MTF. Violeta Gutierrez Solís

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