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Un año más, un año menos…

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Por Jesús M. Esparza Flores

¿Debemos celebrar el inicio de un nuevo año o debemos lamentar el tiempo transcurrido?  Se cuenta que, cruzando el desierto, un viajero vio a un nómada sentado al pie de una palmera. A poca distancia descansaban sus camellos, pesadamente cargados con oro y piedras preciosas: diamantes, rubís, zafiros y esmeraldas. El viajero se le acercó y le preguntó:

—¿Puedo ayudarle en algo? Me parece verlo muy preocupado.

—Tiene razón —respondió el árabe—. Estoy muy afligido porque acabo de perder la más preciosa de las joyas.

Extrañado, el viajero preguntó:

—¿Y qué joya era esa?

—Era una joya como no volverá a hacerse otra. Estaba tallada en un pedazo de piedra de la vida, y había sido hecha en el taller del tiempo. La adornaban veinticuatro brillantes, alrededor de los cuales se agrupaban sesenta joyas más pequeñas. Prenda igual, no podrá producirse jamás.

—Su joya debió haber sido preciosa —repuso el viajero—. ¿Pero no cree que, con el suficiente dinero que usted tiene, se pueda fabricar otra igual?

—¡Imposible! —exclamó el árabe—. Es que la joya perdida era un día, y un día que se pierde no vuelve a recuperarse jamás…

Desde las primeras civilizaciones, el ser humano ha contado el paso de los días y ha intentado dividir el tiempo en sistemas lógicos. Esta necesidad de representar el paso del tiempo llevó a la creación de los primeros calendarios. Cada pueblo adaptaba el calendario como un reflejo de su cultura: su religión, las festividades más importantes, el paso de las estaciones y la cosecha. Además de introducir nuevas observaciones y cálculos que han llevado hasta los calendarios actuales.

En la actualidad existen diferentes tipos de calendarios: el calendario chino, el hebreo, el hindú, el musulmán, el persa, el budista. El más utilizado en el todo el mundo es el calendario gregoriano, un calendario solar creado en 1582. Las civilizaciones más antiguas se basaban en la observación del cielo y las estrellas para contar el tiempo, aunque no era un método exacto. La posición de los planetas y las fases de la luna se convirtieron en la referencia: cuando la luna retornaba a la fase inicial de su órbita, el mes había terminado.

El calendario más antiguo del que se tiene conocimiento está en Aberdeenshire (Escocia) y data del 8,000 a.C. Se trata de un monumento del monolítico compuesto por 12 piedras que marcan la posición de la luna a lo largo de un año.

Algunas culturas también incluyeron el paso de las estaciones y las observaciones solares: eso dio origen a los calendarios lunisolares. Los sumerios y los babilonios fueron los pioneros en crear este tipo de calendarios hace 5,000 años en la región de Mesopotamia (actual Oriente Medio, ocupando parte de Irak, Turquía y Siria).

Los sumerios (sur de Mesopotamia, donde actualmente se encuentra Irak), dividieron el año en doce ciclos lunares, aunque este tiempo no coincidía con el año solar, que era más largo. Así que añadían un mes cada cuatro años para compensar. Más tarde, los babilonios fraccionaron el día en 24 horas y la hora en 60 minutos. El calendario sumerio inspiró el calendario de otras civilizaciones como los hebreos, los antiguos egipcios y los griegos clásicos.

Por su parte, los primeros calendarios solares aparecieron en Egipto hace 3,000 años. Los astrónomos y matemáticos egipcios descubrieron que el año duraba 365 días, dividieron el calendario en 12 meses de 30 días cada uno y tomaron festivos los 5 días que sobraban cada año.

Hace unos 2,000 años, la civilización maya creó su propio calendario en ciclos de 52 años. Los mayas calcularon las fechas desde el 3114 a.C. hasta el año 2012, donde muchos creyeron que era el fin del mundo.

Los primeros calendarios romanos tenían 10 meses, de marzo hasta diciembre, y solo contaban con 304 días. Con el paso del tiempo, los astrónomos romanos mejoraron sus observaciones del cielo y definieron un calendario de 12 meses y 355 días a partir del siglo VII a.C.

Siglos después, en el año 45 a.C., el famoso político y militar Julio César estableció un nuevo calendario: el calendario juliano. Este constaba de 365 días, ya que se le agregaron 10 días para completar el giro de la Tierra alrededor del Sol. Tras la muerte de Julio César, en el año 44 a.C., el senado romano decidió dedicarle el mes de julio en su honor. Su sucesor, el emperador César Augusto, decidió que el mes siguiente fuera dedicado a su persona: agosto. Tanto julio, como agosto, ganaron un día y pasaron a tener 31 días. Estos dos días fueron retirados de febrero, que pasó a tener 28 días. Para evitar el desajuste con el año solar, se añade un día extra a febrero, en los años bisiestos.

Los mayas también calcularon que el año solar tenía 365 días, pero las fechas se marcaban combinando tres calendarios diferentes: el Tzolkin o calendario divino, el Haab o calendario ceremonial y la Cuenta Larga, que contemplaba un período de más de 5,000 años.

Sin embargo, el desfase con el ciclo solar llevó al Papa Gregorio XIII a encargar un nuevo calendario en 1582, que luego llevó su nombre: calendario gregoriano, aunque se trata del calendario más preciso, utilizado en casi todo el mundo, cada año se desajusta 26 segundos. Dentro de 3,300 años, tendremos que añadir un día más para ajustar el calendario.

El Año Nuevo chino es la festividad tradicional más importante del año en el calendario chino, celebrada también en otros países en el este y del sudeste de Asia. El año 2022 sería en la República Popular China el 4720, año del tigre de agua. Basado en el calendario lunisolar tradicionalmente utilizado en China, las celebraciones comienzan el primer día del primer mes lunar y terminan el día quince, cuando se celebra el Festival de los Faroles. Durante este periodo, se produce la mayor migración humana del planeta, el “movimiento de primavera”, con millones de personas viajando a sus lugares de origen para celebrar las fiestas con sus familias. El año 4720, según el calendario chino, comenzó el 1 de febrero de 2022, y su cómputo parte desde el año 2697 a. C.

En Marruecos, el calendario juliano se sigue utilizando hasta hoy en gran parte del país, sobre todo en las regiones de habla tamazigh (bereber). Se puede estimar el número de usuarios, en unos 10 millones de personas. Conocido como “año campesino” (fel·lahí en árabe), el año juliano figura, junto con el gregoriano y el lunar islámico, en todos los almanaques de pared populares. Los nombres de los meses reproducen los originales latinos, con variaciones de pronunciación regionales: Yennair, Febrair, Mars, Ibril, Mayu, Yuniu, Yuliuz, Ghusht, Shutambir, Ktober, Nuwambir, Duyambir.

Así es como, hoy en día, decidimos celebrar el inicio cada vuelta al sol desde un punto arbitrario de la órbita, que se identifica por el primero de enero, de acuerdo a nuestras costumbres. Las fechas y los días tienen el simbolismo que nosotros decidimos otorgarles. Y ya sea, por cuestiones astronómicas, religiosas, políticas y/o culturales, el simbolismo del 31 de diciembre es el de un año más en la cuenta del tiempo… y a la vez, un año menos.

Frases de la semana: “Pasamos el 1 de enero caminando por nuestras vidas, habitación por habitación, elaborando una lista de trabajos por hacer, grietas para reparar. Tal vez este año, para equilibrar la lista, debemos caminar por las habitaciones de nuestras vidas … No buscando defectos, sino potencial.” – Ellen Goodman. “La mala noticia es que el tiempo vuela. La buena noticia es que eres el piloto.” – Michael Altshuler “La partida de un año da la bienvenida a nuevos recuerdos”. – Munia Khan

Cantante recomendado de la semana: Mecano. Fue un grupo español de género pop, pioneros del tecno-pop, new wave y wave, activos entre 1981 y 1992, periodo al que hay que sumar una fugaz reaparición durante seis meses en 1998. Ana Torroja tuvo la idea de crear el grupo, al lado de Nacho y José María Cano, sin pensar que sus canciones marcarían a toda una generación. El grupo llevaba roto seis años, desde 1992, pero en 1998 José María Cano decidió hacerlo público. La cantante Ana Torroja ha confirmado, lo que era un secreto a voces: los roces, disputas y la lucha constante de egos entre los hermanos Cano motivaron la separación de Mecano. Ana fue una de las más afectadas, tanto que sin darse cuenta cayó en una fuerte depresión, lo que la llevó al borde de su vida, luego se mudó a México y ha vivido aquí desde entonces; aunque intentó grabar un disco como solista, su desempeño en los escenarios nunca ha sido el mismo. El espectáculo musical “Hoy No Me Puedo Levantar”, basado en sus canciones, ha tenido un éxito impresionante, nosotros lo hemos visto en tres ocasiones. Mis canciones favoritas de ellos son: Me cuesta tanto olvidarte; La fuerza del destino; el 7 de Septiembre; J.C; Tu; El uno, el dos, el tres; Cruz de navajas; Hijo de la luna; Hoy no me puedo levantar; Eugenio Salvador Dalí; Dalai Lama; Naturaleza Muerta y Un año más. De esta última canción, oigan la versión con Ana Torroja, Ximena Sariñana y Carla Morrison. Mención aparte, lo merece la canción “Vivimos siempre juntos” la cual produjo Nacho Cano ya estando fuera de Mecano, esta es la canción que más me une e identifica con Ileana: vivimos siempre juntos y moriremos juntos…

Canción recomendada de la semana: Un año más de Mecano. Año con año, esta canción nos acompaña a mí y a mi familia para dejar atrás el año y recibir uno nuevo en nuestras vidas, extrañando a quienes se nos adelantaron. Es una de las canciones más recordadas de Mecano  ya que  recuerda con nostalgia el paso del tiempo, nos transporta a las tradiciones españolas con las que dejan atrás la última noche  del año. Por medio de esta canción, Mecano proyecta un paisaje en nuestra mente sobre el cual se dibuja la Plaza de la Puerta del Sol en Madrid, con miles de asistentes, reunidos a la espera de las 12 campanadas que dará el reloj, para marcar así el comienzo de un año nuevo. Si Mariah Carey tiene en su All I want for Christmas is you su canción que suena cada época navideña, a Mecano le ocurre lo mismo con su himno de despedida en cada noche de fin de año y que se ha convertido, en uno de los temas más escuchados de nuestro país en las plataformas digitales. Lo dijo en su momento José María Cano y no le faltaba razón: un año más, es una auténtica foto instantánea de un momento muy concreto, esos minutos que separan el 31 de diciembre del 1 de enero de cada año. La parte más emotiva de la canción dice: “Y en el reloj de antaño como de año en año, cinco minutos más para la cuenta atrás, hacemos el balance de lo bueno y malo, cinco minutos antes de la cuenta atrás. Y aunque para las uvas hay algunos nuevos, a los que ya no están le echaremos de menos, y a ver si espabilamos (sacudirse el sueño o la pereza. Apresurarse, darse prisa en la realización de algo) los que estamos vivos y en el año que viene nos reímos…”

 

Por hoy es todo. Pues me voy…    jesusmesparzaf1962@gmail.com

Posdata: No se aceptan críticas, porque ¿saben ustedes cual es la diferencia entre una crítica positiva y la negativa? Pues, la positiva es toda la que yo hago y, la negativa es… ¡toda aquella que me hacen a mí!

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Cosas que puedes hacer como padre o madre para que tus hijos sean niños más felices

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Redacción por: Psicóloga Violeta Gutiérrez, 29 de abril del 2026

Cuando les pregunto a los padres en consulta qué desean para sus hijos, el 99% tiene la misma respuesta. Que crezca sano y que sea feliz. La felicidad es uno de los principales deseos de todo padre para sus hijos y, sin embargo, pocos conocen qué ingredientes lleva la receta que permitirá a sus hijos ser felices tanto hoy como el día de mañana. Cuando a tí te educaron se sabía muy poco acerca de cómo ayudar a los niños a ser felices, pero en los últimos años, la psicología positiva y la neurociencia han encontrado muchos datos acerca de las claves que hacen que seamos más felices. Te comparto algunas acciones de los padres que más contribuyen a la felicidad presente y futura de sus hijos.

1. Dale mucho amor.

El amor es al cerebro lo que el agua a una planta. Los niños que han sido queridos, besados, tocados, achuchados, cogidos en brazos, cuidados y escuchados crecen siendo adultos que se sienten seguros en el mundo. Cuando besas a tus hijos o los llevas a la escuela de la mano vuestro cerebro segrega oxitocina una hormona que une al niño con sus padres y le aporta amor y confianza. Vestirles, bañarles, llevarlos al médico o hacerles la comida unen a padres e hijos, también genera oxitocina y les permite sentir que el mundo es un lugar seguro.

2. Pon límites y normas.

Si pensamos a corto plazo, todo niño sería más feliz si sus padres le permitieran hacer todo lo que le da la gana. Pero la ciencia ha demostrado que los niños que aprenden a respetar normas llegan a ser adultos capaces de satisfacer sus deseos de acuerdo a las normas sociales. Por eso es tan importante que los padres sean capaces de establecer rutinas positivas, límites y normas. Establecer límites y normas ayudan mucho a los niños a sentirse más seguros en un mundo cada vez más incierto y cambiante.

3.Juega, juega y juega.

El juego estimula el contacto físico, ayuda al niño a aprender a establecer vínculos con sus padres y es un acto de disfrute en sí mismo. Si quieres que tu hijo sea un adulto feliz permítele que juegue libremente y disfruta jugando con él. Si el niño no juega de pequeño, no lo hará de mayor y sabemos que seguir teniendo la capacidad de jugar es una de las claves de las personas adultas altamente felices.

4.Enséñales a agradecer las pequeñas y grandes cosas.

Las personas más felices tienen el hábito de agradecer y sentirse agradecidos. El simple gesto de dar las gracias cuando tu hijo sale del baño cuando se lo pides y de enseñarle a decir gracias cuando le das una galleta contribuirá a aumentar su felicidad. Si además introduces una rutina sencilla como dar las gracias cada día por tener alimentos, un techo donde resguardarnos, por haber recibido la visita de la abuela o por haber podido jugar con un amiguito el sentimiento de gratitud se extenderá a la vida.Mi hora favorita para dar las gracias es la hora de la cena. Recuerda que no hace falta ser religioso para dar las gracias; sentirse agradecido es un sentimiento libre de todas las culturas y creencias y la realidad es que aquellas personas que son conscientes de las cosas buenas que ocurrieron en su vida son más felices.

5. Educa de forma positiva.

Sabemos que la forma de poner límites y normas influye mucho en la vida de los niños porque una de las mayores fuentes de sufrimiento e insatisfacción en el mundo de los adultos tiene que ver con la forma en la que nos enfrentamos a los conflictos interpersonales. Así, los niños que aprenden de sus padres a resolver conflictos, respetar normas y límites con menos gritos y enfados, no solo llega a ser adultos con una mejor autoestima, sino que también son capaces de resolver conflictos interpersonales de una manera positiva. La Asociación Americana de Pediatría recomienda a los padres que aprendan a educar a los hijos con estrategias positivas.

6. Comienza siendo tú feliz.

Los niños son grandes imitadores. Mientras conversamos, mientras nos enfrentamos a nuestros problemas, el cerebro de los niños imita nuestra forma de ser para ponerla en práctica cuando tenga la oportunidad. Este ensayo general lo realizan unas neuronas que llamamos neuronas espejo encargadas de imitar todo aquello que observan. Si te muestras infeliz e insatisfecho con tu trabajo, con tu pareja o con la vida en general el cerebro de tus hijos imitará tu forma de entender el mundo. Si criticas sentirá que las personas son una decepción, si desconfías sentirá que las personas no son de fiar, si te preocupas aprenderá que el mundo está lleno de peligros. Si te olvidas de sonreír, disfrutar o vivir la vida con alegría tus hijos también lo olvidarán. Educar en positivo ayuda a prevenir traumas emocionales en la infancia y crecer con un sentimiento de confianza y seguridad que les acompañará toda la vida

7. Acepta tus fracasos y los suyos también

Todos podemos equivocarnos, el error y el fracaso son parte de la vida. Si preguntamos a las personas de más éxito del planeta nos dirán que el éxito sólo ha llegado después de muchos fracasos. No juzgues sus fallos, ni despiertes la culpa cuando no lo hacen bien. Acéptalo con humor y cariño y enséñales a volver a intentarlo, a superarse con esfuerzo e ilusión y aceptar que equivocarse es solo una parte de aprender. Un secreto: si no eres indulgente con tus propios fallos, ellos tampoco lo serán.

8. Deja que se enfrente él/ella mismo a los problemas de la vida.

Ser feliz requiere trabajo y entrenamiento y sobreproteger o ponerlo todo fácil no ayuda. Si quisieras que tu hijo fuera rápido no intentarías correr muy rápido con él en brazos,sino que dejarías que corriera solo. Si quieres que sea capaz de ser feliz en la adversidad, no hagas que el viento sople siempre a su favor, dale la oportunidad de navegar en tempestades y aprender a afrontar el viento en contra.

 

Contacto: MTF. Violeta Gutierrez Solís

Facebook: Psicóloga Violeta Gutiérrez

Instagram @psicologagutierrez

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¿Cómo hacer crecer nuestra empatía hacia los demás? Aquí te comparto algunos tips para lograrlo

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Redacción: Psicóloga Violeta Gutiérrez, 23 de abril del 2026

Se podría pensar que la empatía es un rasgo de la personalidad: hay personas que parecen ser empáticas por diseño. Y claro, la empatía es más natural para algunos de nosotros. Las personas llamadas empáticas tienen una gran capacidad para relacionarse con los sentimientos de otras personas; a veces, casi sienten demasiada empatía. Pero la empatía también es una habilidad. Con la práctica, puedes desarrollar tu músculo de la empatía y mejorar tus conexiones con los demás. Desarrollar la empatía es un conjunto de habilidades que se pueden perfeccionar y desarrollar.

Ser más empático requiere esfuerzo. Es parte de la naturaleza humana huir del dolor. Ser empático significa involucrarse en el dolor de otra persona en lugar de distanciarse de él. Poder reconocer la incomodidad y apoyarse en ella es una elección consciente y un desafío por el que una persona puede trabajar. Para ser más empático, ponte en la perspectiva de la persona con la que quieres sentir empatía. Los conoces y sabes la emoción que están experimentando. Entonces, puedes imaginar cómo se sienten. Se trata de comunicar que estás con ellos y que no están solos. No intentes cambiar a la persona ni su emoción, simplemente conéctate con ella.

Por empatía se conoce a la capacidad que tenemos los seres humanos por ponernos en el lugar de otra persona y entender las emociones y los sentimientos que puede llegar a experimentar nuestro interlocutor, incluso si no estamos de acuerdo con sus opiniones o creencias. La clave esencial es que se trata de una habilidad para entender qué siente la otra persona, y más específicamente para entender por qué está sintiendo eso en un momento de terminado. Por ello, es uno de los elementos psicológicos clave para ser capaces de crear vínculos sociales fuertes y relaciones fluidas con los demás.

Por suerte, la empatía es una habilidad que se aprende de manera natural a través del desarrollo psicosocial de los niños y las niñas desde la infancia, que se refuerza durante la adolescencia y que se va poniendo en práctica a lo largo de la vida de la persona; sin embargo, esta puede ser potenciada también en la etapa adulta, siempre que se pongan en práctica varias estrategias para desarrollar la empatía.

Las personas más empáticas tendrán mayores facilidades para relacionarse correctamente con los demás. Por el contrario, las personas con pocas habilidades de empatía tendrán mayor dificultad para comunicarse con su entorno y para llegar a establecer relaciones más intensas y profundas. Por eso, es importante adoptar hábitos que nos permitan experimentar la empatía con todos sus matices. Estrategias para desarrollar la empatía en tus relaciones con los demás

1. Piensa en las prioridades de los demás. – No todo el mundo rige su vida según nuestros valores y nuestros objetivos a medio y largo plazo, y pasar esto por alto puede hacer que las relaciones sean poco fluidas. Solamente el hecho de centrar nuestra atención en otras personas distintas a nosotros nos hará ser empáticos y ponernos en el lugar del otro, y nos alejará del egocentrismo. Así podremos empezar a incorporar en nuestro día a día, de manera progresiva, el pensamiento por otras personas que se encuentran en nuestro entorno.

2. Evita los prejuicios. – De manera constante tenemos tendencia a crear una idea propia sobre otras personas y concebirlas tal y como nosotros hemos imaginado que son desde el principio. Esta técnica basada en el prejuicio es muy poco recomendable, ya que además de ser poco empática e injusta en muchos casos, nos impide conocer verdaderamente a otras personas que se cruzan en nuestro camino. En lugar de realizar juicios de valor previamente o dejarnos llevar por los prejuicios, es importante conocer antes a esa persona y valorarla únicamente por la realidad.

3. Considera las posibles causas contextuales del mal comportamiento. – Muchos patrones de comportamiento considerados “malos” o poco adecuado tienen entre sus principales desencadenantes situaciones que no están bajo el control de la persona que se comporta mal. Por ejemplo, una adicción o una infancia traumática a causa de problemas familiares. Tener en cuenta estos aspectos que van más allá de la propia individualidad es otra manera de desarrollar empatía.

4. Agradece siempre que tengas oportunidad. – El agradecimiento es otro signo de empatía que no debemos pasar por alto, ya que significa que valoramos el esfuerzo de aquellos que nos ayudan o nos hacen cualquier favor. Las personas más empáticas valoran siempre el trabajo de los demás, tanto si están en una cafetería, en un restaurante o en un aula de una universidad. Agradecer a otros siempre que tengamos oportunidad es uno de los primeros pasos para ser empático.

5. Practica un estilo de comunicación asertivo. – El asertividad consiste en expresar de manera clara lo que sentimos o pensamos sobre cualquier cosa o persona, respetando siempre las opiniones ajenas. Además de eso, se basa también en escuchar siempre a la otra persona, en no juzgarla, en establecer límites personales y en ser responsable emocionalmente.

6. Valora el sufrimiento ajeno. – Algunas personas tienden a minimizar o relativizar el sufrimiento ajeno o aquellas situaciones en las que alguna persona lo puede estar pasando mal. Este hábito resulta muy poco empático, ya que, de nuevo, significa que nos creemos el centro del universo o que somos superiores a los demás. Lo que a nosotros nos puede parecer una tontería sin importancia, para otros puede suponer vivir un infierno. Un ejemplo claro lo tenemos en quienes padecen estrés postraumático y experimentan situaciones que activan su trauma.

7. Descifra mensajes poco evidentes. – A veces debemos aprender a leer entre líneas en gestos o mensajes no verbales que pueda emitir nuestro interlocutor. Tanto en la comunicación no verbal como en la entonación con la que se dicen las cosas podemos identificar cómo se encuentra la otra persona más allá de su mensaje literal. Las personas empáticas cazan al vuelo todos estos mensajes que otras personas menos observadoras podrán pasar por alto o ignorar.

8. Respeta el ritmo de los demás. – Esto significa que, si alguna persona necesita más tiempo para expresarse o es más lenta, debemos adaptarnos a su ritmo y sus dinámicas de comunicación. Solamente así lograremos conocer en profundidad a esa persona y lograr una conexión verdadera, profunda y genuina.

La terapia psicológica te ayuda a desarrollar empatía. – La intervención psicológica es otro de los recursos más importantes y eficaces para llegar a ser personas más empáticas. Si buscas ayuda profesional para ello, ponte en contacto conmigo.

 

 

MTF. Violeta Gutierrez Solís

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Afectaciones psicológicas de la vejez en los adultos mayores

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Psicóloga Violeta Gutiérrez, 16 de abril de 2026

Para muchas personas es fundamental enfocarse en envejecer con éxito, lo que implica una adaptación positiva a los cambios físicos, mentales y sociales que ocurren en esta etapa.

La vejez representa un período que coincide con el deterioro corporal y cognitivo progresivo, pero su definición está influenciada por el contexto sociocultural en el que vive cada adulto mayor. La Organización Mundial de la Salud subraya que la fase senil no se identifica solo en función de la edad, sino también de los nuevos roles sociales como el hecho de ser abuelos o de pasar de ser trabajador a estar jubilado. La tercera edad conlleva señales de identificación específicas que siguen su propio curso y varían de una persona a otra, de acuerdo a un tiempo y orden inespecíficos. Los cambios son  físicos y también mentales. Algunas de las señales físicas son:

la lentitud psicomotriz progresiva,
la curvatura postural gradual,
el posible desarrollo de enfermedades orgánicas relacionadas con el aparato osteoarticular,
las enfermedades crónicas como la hipertensión, los temblores, la sordera y la pérdida de movilidad y de autonomía, y
la disminución del deseo sexual.
El cuerpo cambia y con él también lo hace la percepción que uno tiene de sí mismo. Aceptar estos cambios representa una tarea evolutiva importante y necesaria para el bienestar psicofísico de las personas mayores.

Hay que poner atención en las señales psicológicas de esta etapa. Diversos estudios confirman que la vejez, al igual que la adolescencia, requiere la estructuración de una nueva identidad, no solo personal sino también social. La transición a la tercera edad implica la aparición de una cantidad considerable de estrés que, si no se gestiona adecuadamente, puede transformarse principalmente en trastornos del estado de ánimo y de ansiedad

La muerte representa el evento crítico por excelencia. La reflexión sobre este tema cada vez ocupa un espacio más relevante y las emociones como el miedo, la preocupación y la ansiedad pueden irrumpir en la vida de las personas mayores y de los familiares. Los familiares desempeñan un papel esencial en este período de reflexión, ya que se convierten en contenedores emocionales, el lugar seguro en el que la persona mayor puede encontrar consuelo y atención.

La jubilación y la enfermedad son los otros dos acontecimientos críticos. Por un lado, la jubilación supone la pérdida del rol social que la persona ha mantenido durante la mayor parte de su vida. Volver a encontrar su sitio dentro de la sociedad se convierte en una necesidad para esta generación, a fin de evitar que surja un sentimiento de inutilidad y vacío o una posible sintomatología depresiva y ansiosa, en los casos más graves.

Una forma útil de afrontar esta nueva etapa es mantener vivos los intereses que uno tiene, dedicarse a su familia y volver a encontrar una nueva manera de estar juntos, y realizar actividades de voluntariado. Un aspecto positivo es la cantidad de tiempo disponible para dedicarse al autocuidado.

La enfermedad representa uno de los procesos más delicados para las personas mayores y sus familias. Surgen tanto la necesidad de recibir ayuda y apoyo como la necesidad de ser autónomos, al igual que lo han sido durante la edad adulta. El reto principal de las personas mayores es el de aceptar ayuda. Los retos psicológicos que pueden surgir en la vejez pueden influir de manera significativa en la calidad de vida de las personas mayores. Cuando no se identifican y abordan a tiempo, es posible que contribuyan a:

Deterioro funcional: la presencia de síntomas como depresión o ansiedad puede dificultar la realización de actividades cotidianas, lo que puede afectar la autonomía y la independencia.
Aumento de la morbilidad: los desafíos psicológicos pueden influir en el curso de enfermedades físicas ya existentes, haciendo que su manejo y recuperación sean más complejos.

Prevalencia de los trastornos psicológicos en la vejez

La vejez es una etapa en la que los trastornos psicológicos pueden adquirir una relevancia significativa, influyendo tanto en la calidad de vida como en la funcionalidad diaria de las personas mayores. Según la Organización Mundial de la Salud (2025), aproximadamente un 14 % de los adultos mayores de 70 años experimenta algún trastorno mental, siendo la depresión, la ansiedad y la demencia los más frecuentes. La prevención y la promoción de la salud mental en la vejez requieren un enfoque integral que involucre tanto a la persona mayor como a su entorno familiar y comunitario. Algunas estrategias respaldadas por investigaciones incluyen:

Fomentar la participación social: mantenerse activo en la comunidad y participar en actividades grupales o de voluntariado puede ayudar a reducir el aislamiento y favorecer un mejor estado de ánimo.
Promover hábitos de vida saludables es fundamental. Por ejemplo, realizar actividad física de manera regular, como ejercicios de fuerza, resistencia, actividades aeróbicas o caminatas de intensidad moderada, ha demostrado reducir los síntomas depresivos y mejorar el bienestar psicológico en la vejez (Jané-Llopis & Gabilondo, 2008). Además, mantener una alimentación equilibrada y cuidar el descanso también contribuyen al bienestar psicológico.
Apoyar la autonomía y la toma de decisiones, facilitando que la persona mayor conserve el control sobre su vida cotidiana, puede fortalecer su autoestima y su sentido de utilidad.
Las intervenciones familiares y comunitarias, como el apoyo emocional de la familia y la presencia de redes comunitarias de apoyo, suelen ser factores protectores importantes.

La colaboración familiar, de la persona mayor, y los profesionales de salud mental como los psicólogos, juegan un papel crucial para afrontar los retos psicológicos que pueden surgir en esta etapa.

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