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Un año más, un año menos…

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Por Jesús M. Esparza Flores

¿Debemos celebrar el inicio de un nuevo año o debemos lamentar el tiempo transcurrido?  Se cuenta que, cruzando el desierto, un viajero vio a un nómada sentado al pie de una palmera. A poca distancia descansaban sus camellos, pesadamente cargados con oro y piedras preciosas: diamantes, rubís, zafiros y esmeraldas. El viajero se le acercó y le preguntó:

—¿Puedo ayudarle en algo? Me parece verlo muy preocupado.

—Tiene razón —respondió el árabe—. Estoy muy afligido porque acabo de perder la más preciosa de las joyas.

Extrañado, el viajero preguntó:

—¿Y qué joya era esa?

—Era una joya como no volverá a hacerse otra. Estaba tallada en un pedazo de piedra de la vida, y había sido hecha en el taller del tiempo. La adornaban veinticuatro brillantes, alrededor de los cuales se agrupaban sesenta joyas más pequeñas. Prenda igual, no podrá producirse jamás.

—Su joya debió haber sido preciosa —repuso el viajero—. ¿Pero no cree que, con el suficiente dinero que usted tiene, se pueda fabricar otra igual?

—¡Imposible! —exclamó el árabe—. Es que la joya perdida era un día, y un día que se pierde no vuelve a recuperarse jamás…

Desde las primeras civilizaciones, el ser humano ha contado el paso de los días y ha intentado dividir el tiempo en sistemas lógicos. Esta necesidad de representar el paso del tiempo llevó a la creación de los primeros calendarios. Cada pueblo adaptaba el calendario como un reflejo de su cultura: su religión, las festividades más importantes, el paso de las estaciones y la cosecha. Además de introducir nuevas observaciones y cálculos que han llevado hasta los calendarios actuales.

En la actualidad existen diferentes tipos de calendarios: el calendario chino, el hebreo, el hindú, el musulmán, el persa, el budista. El más utilizado en el todo el mundo es el calendario gregoriano, un calendario solar creado en 1582. Las civilizaciones más antiguas se basaban en la observación del cielo y las estrellas para contar el tiempo, aunque no era un método exacto. La posición de los planetas y las fases de la luna se convirtieron en la referencia: cuando la luna retornaba a la fase inicial de su órbita, el mes había terminado.

El calendario más antiguo del que se tiene conocimiento está en Aberdeenshire (Escocia) y data del 8,000 a.C. Se trata de un monumento del monolítico compuesto por 12 piedras que marcan la posición de la luna a lo largo de un año.

Algunas culturas también incluyeron el paso de las estaciones y las observaciones solares: eso dio origen a los calendarios lunisolares. Los sumerios y los babilonios fueron los pioneros en crear este tipo de calendarios hace 5,000 años en la región de Mesopotamia (actual Oriente Medio, ocupando parte de Irak, Turquía y Siria).

Los sumerios (sur de Mesopotamia, donde actualmente se encuentra Irak), dividieron el año en doce ciclos lunares, aunque este tiempo no coincidía con el año solar, que era más largo. Así que añadían un mes cada cuatro años para compensar. Más tarde, los babilonios fraccionaron el día en 24 horas y la hora en 60 minutos. El calendario sumerio inspiró el calendario de otras civilizaciones como los hebreos, los antiguos egipcios y los griegos clásicos.

Por su parte, los primeros calendarios solares aparecieron en Egipto hace 3,000 años. Los astrónomos y matemáticos egipcios descubrieron que el año duraba 365 días, dividieron el calendario en 12 meses de 30 días cada uno y tomaron festivos los 5 días que sobraban cada año.

Hace unos 2,000 años, la civilización maya creó su propio calendario en ciclos de 52 años. Los mayas calcularon las fechas desde el 3114 a.C. hasta el año 2012, donde muchos creyeron que era el fin del mundo.

Los primeros calendarios romanos tenían 10 meses, de marzo hasta diciembre, y solo contaban con 304 días. Con el paso del tiempo, los astrónomos romanos mejoraron sus observaciones del cielo y definieron un calendario de 12 meses y 355 días a partir del siglo VII a.C.

Siglos después, en el año 45 a.C., el famoso político y militar Julio César estableció un nuevo calendario: el calendario juliano. Este constaba de 365 días, ya que se le agregaron 10 días para completar el giro de la Tierra alrededor del Sol. Tras la muerte de Julio César, en el año 44 a.C., el senado romano decidió dedicarle el mes de julio en su honor. Su sucesor, el emperador César Augusto, decidió que el mes siguiente fuera dedicado a su persona: agosto. Tanto julio, como agosto, ganaron un día y pasaron a tener 31 días. Estos dos días fueron retirados de febrero, que pasó a tener 28 días. Para evitar el desajuste con el año solar, se añade un día extra a febrero, en los años bisiestos.

Los mayas también calcularon que el año solar tenía 365 días, pero las fechas se marcaban combinando tres calendarios diferentes: el Tzolkin o calendario divino, el Haab o calendario ceremonial y la Cuenta Larga, que contemplaba un período de más de 5,000 años.

Sin embargo, el desfase con el ciclo solar llevó al Papa Gregorio XIII a encargar un nuevo calendario en 1582, que luego llevó su nombre: calendario gregoriano, aunque se trata del calendario más preciso, utilizado en casi todo el mundo, cada año se desajusta 26 segundos. Dentro de 3,300 años, tendremos que añadir un día más para ajustar el calendario.

El Año Nuevo chino es la festividad tradicional más importante del año en el calendario chino, celebrada también en otros países en el este y del sudeste de Asia. El año 2022 sería en la República Popular China el 4720, año del tigre de agua. Basado en el calendario lunisolar tradicionalmente utilizado en China, las celebraciones comienzan el primer día del primer mes lunar y terminan el día quince, cuando se celebra el Festival de los Faroles. Durante este periodo, se produce la mayor migración humana del planeta, el “movimiento de primavera”, con millones de personas viajando a sus lugares de origen para celebrar las fiestas con sus familias. El año 4720, según el calendario chino, comenzó el 1 de febrero de 2022, y su cómputo parte desde el año 2697 a. C.

En Marruecos, el calendario juliano se sigue utilizando hasta hoy en gran parte del país, sobre todo en las regiones de habla tamazigh (bereber). Se puede estimar el número de usuarios, en unos 10 millones de personas. Conocido como “año campesino” (fel·lahí en árabe), el año juliano figura, junto con el gregoriano y el lunar islámico, en todos los almanaques de pared populares. Los nombres de los meses reproducen los originales latinos, con variaciones de pronunciación regionales: Yennair, Febrair, Mars, Ibril, Mayu, Yuniu, Yuliuz, Ghusht, Shutambir, Ktober, Nuwambir, Duyambir.

Así es como, hoy en día, decidimos celebrar el inicio cada vuelta al sol desde un punto arbitrario de la órbita, que se identifica por el primero de enero, de acuerdo a nuestras costumbres. Las fechas y los días tienen el simbolismo que nosotros decidimos otorgarles. Y ya sea, por cuestiones astronómicas, religiosas, políticas y/o culturales, el simbolismo del 31 de diciembre es el de un año más en la cuenta del tiempo… y a la vez, un año menos.

Frases de la semana: “Pasamos el 1 de enero caminando por nuestras vidas, habitación por habitación, elaborando una lista de trabajos por hacer, grietas para reparar. Tal vez este año, para equilibrar la lista, debemos caminar por las habitaciones de nuestras vidas … No buscando defectos, sino potencial.” – Ellen Goodman. “La mala noticia es que el tiempo vuela. La buena noticia es que eres el piloto.” – Michael Altshuler “La partida de un año da la bienvenida a nuevos recuerdos”. – Munia Khan

Cantante recomendado de la semana: Mecano. Fue un grupo español de género pop, pioneros del tecno-pop, new wave y wave, activos entre 1981 y 1992, periodo al que hay que sumar una fugaz reaparición durante seis meses en 1998. Ana Torroja tuvo la idea de crear el grupo, al lado de Nacho y José María Cano, sin pensar que sus canciones marcarían a toda una generación. El grupo llevaba roto seis años, desde 1992, pero en 1998 José María Cano decidió hacerlo público. La cantante Ana Torroja ha confirmado, lo que era un secreto a voces: los roces, disputas y la lucha constante de egos entre los hermanos Cano motivaron la separación de Mecano. Ana fue una de las más afectadas, tanto que sin darse cuenta cayó en una fuerte depresión, lo que la llevó al borde de su vida, luego se mudó a México y ha vivido aquí desde entonces; aunque intentó grabar un disco como solista, su desempeño en los escenarios nunca ha sido el mismo. El espectáculo musical “Hoy No Me Puedo Levantar”, basado en sus canciones, ha tenido un éxito impresionante, nosotros lo hemos visto en tres ocasiones. Mis canciones favoritas de ellos son: Me cuesta tanto olvidarte; La fuerza del destino; el 7 de Septiembre; J.C; Tu; El uno, el dos, el tres; Cruz de navajas; Hijo de la luna; Hoy no me puedo levantar; Eugenio Salvador Dalí; Dalai Lama; Naturaleza Muerta y Un año más. De esta última canción, oigan la versión con Ana Torroja, Ximena Sariñana y Carla Morrison. Mención aparte, lo merece la canción “Vivimos siempre juntos” la cual produjo Nacho Cano ya estando fuera de Mecano, esta es la canción que más me une e identifica con Ileana: vivimos siempre juntos y moriremos juntos…

Canción recomendada de la semana: Un año más de Mecano. Año con año, esta canción nos acompaña a mí y a mi familia para dejar atrás el año y recibir uno nuevo en nuestras vidas, extrañando a quienes se nos adelantaron. Es una de las canciones más recordadas de Mecano  ya que  recuerda con nostalgia el paso del tiempo, nos transporta a las tradiciones españolas con las que dejan atrás la última noche  del año. Por medio de esta canción, Mecano proyecta un paisaje en nuestra mente sobre el cual se dibuja la Plaza de la Puerta del Sol en Madrid, con miles de asistentes, reunidos a la espera de las 12 campanadas que dará el reloj, para marcar así el comienzo de un año nuevo. Si Mariah Carey tiene en su All I want for Christmas is you su canción que suena cada época navideña, a Mecano le ocurre lo mismo con su himno de despedida en cada noche de fin de año y que se ha convertido, en uno de los temas más escuchados de nuestro país en las plataformas digitales. Lo dijo en su momento José María Cano y no le faltaba razón: un año más, es una auténtica foto instantánea de un momento muy concreto, esos minutos que separan el 31 de diciembre del 1 de enero de cada año. La parte más emotiva de la canción dice: “Y en el reloj de antaño como de año en año, cinco minutos más para la cuenta atrás, hacemos el balance de lo bueno y malo, cinco minutos antes de la cuenta atrás. Y aunque para las uvas hay algunos nuevos, a los que ya no están le echaremos de menos, y a ver si espabilamos (sacudirse el sueño o la pereza. Apresurarse, darse prisa en la realización de algo) los que estamos vivos y en el año que viene nos reímos…”

 

Por hoy es todo. Pues me voy…    jesusmesparzaf1962@gmail.com

Posdata: No se aceptan críticas, porque ¿saben ustedes cual es la diferencia entre una crítica positiva y la negativa? Pues, la positiva es toda la que yo hago y, la negativa es… ¡toda aquella que me hacen a mí!

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¿Cuál es la diferencia entre un Psicólogo y un Psiquiatra y a cuál debo acudir? Aquí te lo cuento

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Redacción Psicóloga Violeta Gutiérrez, 12 de marzo de 2026

Qué hace un Psiquiatra

La especialidad de la psiquiatría se ocupa del estudio, prevención, evaluación, diagnóstico, tratamiento y la rehabilitación de los problemas de salud mental. Soy consciente de que esta descripción puede asustar a muchas personas que no quieren sentirse enfermas y rechacen la idea de acudir a un psiquiatra. Pero, dime ¿a dónde acudirías si hay un alimento que te ha sentado mal, te sale una mancha en la piel o tienes algún dolor? ¿Acaso no acudirías al médico? Quizás no sea nada importante, pero si es un problema tratable, mejor hacerlo cuanto antes. Por tanto, ¿por qué no ir también al médico si os encontráis nerviosos, extremadamente preocupados, tristes u obsesionados? El beneficio de ir y el riesgo de no ir es el mismo.

Cómo trabaja un Psiquiatra

Un psiquiatra tiene unas herramientas muy rudimentarias: la principal es la palabra, al igual que el psicólogo. El psiquiatra va a conversar contigo, como lo hace el psicólogo, para entender qué te pasa y cómo poder ayudarte. Generalmente son necesarias entre una y dos horas de entrevista para poder establecer un diagnóstico y acordar contigo un plan de tratamiento. El plan del tratamiento no tiene por qué necesariamente incluir un medicamento, como la mayoría de las personas creen. Lo que sí es cierto es que el psiquiatra, como médico, puede prescribir medicación a las personas que se pueden beneficiar de ella. Más adelante, veremos cómo se realiza el proceso de prescripción.

Qué hace un Psicólogo Clínico

Un psicólogo clínico generalmente ofrece tratamientos de psicoterapia a pacientes que previamente ha evaluado o han sido derivados por otros profesionales (médicos de familia, psiquiatras o tutores académicos). Los psicólogos clínicos, además de psicoterapia individual, pueden hacer terapia de pareja o terapia de familia. Algunos psicólogos clínicos se han subespecializado y son neuropsicólogos clínicos y realizan evaluaciones neuropsicológicas. Solo los psicólogos especialistas en psicología clínica son los que pueden desarrollar su actividad en los centros, establecimientos y servicios del Sistema Nacional de Salud.

Cómo trabaja un Psicólogo Clínico

Al igual que el Psiquiatra, el Psicólogo Clínico se va a valer de la palabra para poder realizar su trabajo. Las evaluaciones diagnósticas las va a hacer fundamentalmente mediante una entrevista clínica (una conversación con el paciente). La intervención terapéutica también va a tener como pilar la palabra, que puede complementar con algunos ejercicios. Estos ejercicios pueden ser de meditación o relajación, de escritura terapéutica, de realización de un diario o registros o de imaginación guiada, entre otros. Con los niños el trabajo de un Psicólogo Clínico Infantil suele ser algo distinto. Al tener menor capacidad de comunicación verbal, se utilizan otros medios como el dibujo o el juego. El psicólogo infantil va a tener también muy en cuenta todo aquello que los padres o cuidadores principales puedan aportar sobre el niño.

Diferencias entre un Psicólogo y un Psiquiatra

Como decíamos anteriormente, esta es la principal pregunta que nos hacen muchos pacientes y muchas personas fuera de la consulta cuando se enteran que somos psicólogos o psiquiatras. ¿Cuál es la diferencia entre un psiquiatra y un psicólogo?

La principal diferencia entre psicólogos y psiquiatras, y que más peso tiene, es que el psiquiatra es médico y el psicólogo es psicólogo. Por tanto, como médico, el psiquiatra puede prescribir medicación y puede solicitar distintas pruebas diagnósticas. El tipo de pruebas diagnósticas que puede solicitar un psiquiatra son: análisis de sangre, análisis de orina, pruebas de imagen (radiografías, escáner, resonancia magnética), ECG, EEG, estudios del sueño o interconsultas con otras especialidades médicas. Estas pruebas no se solicitan para confirmar el diagnóstico de un trastorno mental, sino que sirven para: Descartar determinadas enfermedades médicas que cursan con síntomas similares a los trastornos mentales, por ejemplo, descartar hipertiroidismo cuando haya ansiedad e insomnio. Conocer si la medicación prescrita o el estilo de vida ha interferido de alguna manera en su salud física, por ejemplo, monitorizando el peso y las cifras de colesterol.

¿Quién puede medicar: el psiquiatra o el psicólogo?

Esta es otra pregunta con la que nos encontramos a diario: personas que confunden a un psiquiatra con un psicólogo y llaman psicólogo a un profesional que le prescribió una medicación. En España, los psicólogos no pueden prescribir medicación de ningún tipo, mientras que los psiquiatras pueden prescribir cualquier medicación porque antes de psiquiatras, son médicos. Los psicólogos no pueden prescribir medicación, mientras que los psiquiatras pueden prescribir cualquier medicación.

La prescripción de medicación es una forma de tratamiento clave para muchos trastornos mentales. En los últimos 30 años se han producido avances importantísimos y los tratamientos actuales son muy seguros, bastante eficaces y muy bien tolerados por los pacientes. Es cierto que los casos más graves son los que más se benefician de un tratamiento farmacológico. Pero, en muchos casos leves, la medicación también puede marcar una diferencia muy importante y ayudar muchísimo a la persona que está siendo tratada. Los psicólogos clínicos, que trabajan codo a codo con los psiquiatras, saben cuándo derivar a su paciente a un psiquiatra para que pueda ofrecerle un tratamiento farmacológico. Cuándo pedir cita con un psiquiatra. En general, recomendamos pedir cita con un psiquiatra en los siguientes casos:

si tienes un síntoma definido (como insomnio, crisis de pánico, llanto frecuente o problemas de concentración) que causa un malestar significativo.

si crees que puedes necesitar medicación o si ya estás tomando medicación.
si un psicólogo ha recomendado que te vea un psiquiatra o llevas tiempo haciendo terapia sin haber obtenido mejoría.
si tienes una adicción.
si has tenido algún cambio conductual reciente o has pensado en hacerte daño de alguna manera.

Cuándo pedir cita con un psicólogo

Sería recomendable pedir cita con un psicólogo en primera instancia en los siguientes casos:
ante un problema de insatisfacción vital.
ante una conflictiva de pareja, familiar o laboral.
cuando se presentan síntomas leves y poco persistentes de ansiedad o depresión.
cuando un psiquiatra ha recomendado realizar un tratamiento de psicoterapia.

¿Puedo tratarme con un psiquiatra y un psicólogo a la vez?

Claro que puedes tener un tratamiento combinado con psiquiatra y psicólogo. De hecho, es una práctica muy habitual y muy recomendable en muchos casos. La visión de dos profesionales de un mismo problema puede ser muy enriquecedora y ayudar más al paciente. Esto es posible cuando los dos profesionales trabajan en equipo, se coordinan, se conocen y se compenetran bien. Por supuesto, es más sencillo si ya se conocen y trabajan en el mismo centro.

 

MTF. Violeta Gutierrez Solís

Facebook: Psicóloga Violeta Gutiérrez

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El empoderamiento de las mujeres: uno de los objetivos claves en este 8M

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Imagen ilustrativa tomada de internet.

Redacción por: Psicóloga Violeta Gutiérrez, 05 de marzo de 2026

Este 8 de marzo (8M), Día Internacional de la Mujer, es una jornada de lucha y reflexión, no de celebración. Se busca visibilizar y exigir la equidad de género real, erradicar la violencia machista, feminicidios y brechas salariales, así como garantizar derechos laborales, económicos, reproductivos y de seguridad para todas las mujeres.

Principales objetivos del 8M:

Erradicación de la violencia: Protesta contra la violencia de género, física, psicológica, sexual y económica, incluyendo los feminicidios.
Igualdad sustantiva: Exigir igualdad de derechos y oportunidades en todos los ámbitos, superando las brechas legales, económicas y laborales.
Justicia y seguridad: Garantizar que los derechos de las mujeres se cumplan y cesen la impunidad.
Sororidad y visibilidad: Tomar las calles para mostrar la fuerza colectiva, recordar a las víctimas de la violencia y alzar la voz por la equidad.
Derechos reproductivos y de salud: Acceso al aborto legal y seguro, y atención integral a la salud.

El empoderamiento es un proceso mediante el cual individuos o grupos adquieren la capacidad y los medios para tomar decisiones autónomas y ejercer control sobre sus propias vidas. Este concepto se popularizó en los años 60, especialmente en el movimiento afroamericano y en la teoría de Paulo Freire, que enfatizaba el desarrollo de la conciencia crítica. En el contexto de los movimientos de mujeres, el empoderamiento de la mujer se refiere tanto a la toma de poder individual, fortaleciendo la autoestima y la capacidad de elección, como al poder colectivo para cambiar las relaciones de género en diversas esferas.

Conseguir la igualdad de género requiere un enfoque multifacético que aborde tanto el empoderamiento individual como el colectivo. A nivel individual, se trata de fomentar la autoconfianza, la independencia económica y la capacidad de tomar decisiones. A nivel colectivo, es crucial transformar las estructuras económicas, políticas, jurídicas y socioculturales que perpetúan la desigualdad. La educación, las políticas de igualdad de género en el trabajo y la participación activa en procesos de toma de decisiones son esenciales para avanzar hacia una sociedad más justa.

El empoderamiento de la mujer es fundamental para alcanzar la igualdad, el desarrollo y la paz, como lo destacó la Declaración de Pekín en 1995. Empoderar a las mujeres significa no solo mejorar sus condiciones de vida individualmente, sino también impulsar cambios sociales profundos que beneficien a toda la comunidad. Cuando las mujeres tienen igualdad de acceso al poder y los recursos, toda la sociedad se beneficia de una mayor justicia social, económica y política.

Tipos de empoderamiento:

Poder sobre: Relacionado con la dominación y subordinación. Es la capacidad de influir o controlar a otros.
Poder de: Se refiere a la capacidad de tomar decisiones y desarrollar soluciones creativas.
Poder con: Enfatiza la solidaridad y la capacidad de organizarse colectivamente para alcanzar objetivos comunes.
Poder interior: Se refiere a la autoestima, la confianza en uno mismo y la fuerza psicológica para actuar con autonomía.

Los principios del empoderamiento giran en torno a la adquisición de poder y control sobre la propia vida y la capacidad de hacer elecciones. A continuación, se detallan algunos principios fundamentales:

1. Autonomía: Fomentar la capacidad de actuar de forma independiente y tomar decisiones propias.
2. Confianza en sí mismo: Desarrollar una imagen positiva de uno mismo y creer en la propia capacidad para influir en su vida y en su entorno.
3. Solidaridad y organización colectiva: Unirse y organizarse para lograr objetivos comunes y defender derechos colectivos.
4. Transformación social: Cambiar las estructuras y las normas sociales que perpetúan la desigualdad y la subordinación.

Mujeres en liderazgo y STEM

El empoderamiento se refleja en la importancia de las mujeres en liderazgo, mujeres en STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas), y mujeres importantes en la historia. Han allanado el camino para la igualdad de género en el trabajo y han inspirado a nuevas generaciones de mujeres científicas y mujeres activistas.

El empoderamiento es un proceso esencial para que individuos y grupos adquieran autonomía y control sobre sus vidas. Fomenta la autoestima, la independencia económica y la capacidad de tomar decisiones, tanto a nivel individual como colectivo. Al transformar las estructuras que perpetúan la desigualdad, se promueve una sociedad más justa. El empoderamiento de la mujer es clave para el desarrollo social, económico y político, beneficiando a toda la comunidad y contribuyendo a una mayor justicia social y igualdad de género en el trabajo. A través de la educación, la sensibilización y el apoyo a las mujeres en liderazgo, podemos avanzar hacia un futuro donde todas las mujeres tengan las oportunidades y los recursos necesarios para prosperar.

MTF. Violeta Gutierrez Solís

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¿Qué es la Enuresis y la Encopresis y por qué solo afecta a niños y niñas? Aquí te lo cuento

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Redacción por: Psicóloga Violeta Gutiérrez, 26 de febrero del 2026

Los trastornos de eliminación enuresis (orina) y encopresis (heces fecales), son muy característicos de la infancia. Pueden tener causa orgánica o psicológica y, en los dos casos, tienen tratamiento. La terapia psicológica para la enuresis y encopresis comprende la enseñanza para lograr controlar los esfínteres, psicoterapia y diversas recomendaciones para los padres de su hijo afectado, poder afrontar la situación, encontrando soluciones. Las manifestaciones orgánicas están relacionadas con patologías genitourinarias: estructural, infecciosa y neurológica, así como uropatía obstructiva, espina bífida y cistitis.

La enuresis es el escape involuntario de la orina durante el transcurso de la noche; la incapacidad de poder retenerla durante el día se denomina incontinencia diurna. Consiste en la aparición de una emisión repetida de la orina en la cama o en la ropa, una vez superados los cuatro años de edad, tiempo en el que el niño debería haber adquirido la continencia urinaria. Para hablar de enuresis también tenemos que hablar de frecuencia: este tipo de incontinencia tiene que ser de dos episodios semanales al menos durante tres meses consecutivos. Hay dos ejemplos de enuresis: la primaria y la secundaria. La diferencia primordial entre ambas es que, en la enuresis primaria, el niño nunca ha llegado a conseguir el control de la orina, mientras que en el la secundaria sí que lo han conseguido, aunque durante un periodo corto de tiempo, unos pocos meses como mucho.

La encopresis, es la evacuación repetida de heces en cualquier lugar inadecuado que no sea el retrete, como en el suelo o la ropa. Y se produce por lo menos una vez a la semana durante tres meses seguidos. La edad a partir de la cual puede considerarse encopresis, son los cuatro años. Casi en un 70% de los casos, la enuresis no está diagnosticada. Por regla general, la enuresis es el trastorno de la eliminación más común, y está más investigado. Este trastorno ocurre por igual en menores de ambos sexos, sin embargo, la encopresis es más frecuente en niños. La enuresis nocturna afecta al 15% de los niños de cinco años. A un 3% de los niños de cuatro años se les escapan las heces una vez por semana y, a los siete años, la encopresis tiene una prevalencia del 2,3% en los niños y del 0,7% en las niñas. Se sabe que un tercio de los niños con encopresis sufre también enuresis nocturna, un 20% enuresis diurna y un 10% de las niñas padecen infecciones urinarias recurrentes.

La mayoría de los niños aprenden a controlar los esfínteres entre las edades de 2 y 4 años, y después, es normal que se presenten episodios de incontinencia en la etapa de entrenamiento. Deben ser los padres los que, poco a poco, vayan introduciendo al niño en la independencia de hacer sus necesidades de forma autónoma. Con el transcurso del tiempo, el niño se siente cada vez más seguro para adquirir el hábito hasta que se convierte en un acto aprendido.

En el caso de la enuresis, las causas que la originan pueden ser factores hereditarios, o sea, que alguno de los miembros de su familia también haya pasado por la misma situación, o bien, por factores emocionales, donde puede ser que el niño esté pasando por un estrés emocional derivado de un cambio o situación nueva, como el divorcio de los padres, un cambio de colegio o la llegada de un nuevo hermano. En el caso de la encopresis, la causa mayor es haber obligado al pequeño a contener sus heces cuando no estaba preparado para ello, por miedos particulares del niño, por problemas emocionales, por dolor al evacuar, o puede que sea por falta de intimidad y esto provoque que se reprima.

El trastorno enurético puede tener origen orgánico por afecciones urológicas, irritaciones o cistitis, pero también a que la capacidad funcional de la vejiga esté disminuida, lo que implica que los niños enuréticos necesiten ir más con más asiduidad al baño. Cuando un niño de más de cuatro años orina durante la noche y fuera del retrete, es importante acudir al pediatra para que descarte cualquiera de las causas orgánicas mencionadas. Una vez descartadas, si se determina que la enuresis tiene un origen psicológico, se hace necesario acudir a un profesional de la psicología.

Las causas psicológicas que están detrás de la enuresis pueden ser diversas: falta de aprendizaje del niño porque no se le ha enseñado de forma correcta, insensibilización de la piel a la humedad, favorecida o provocada por usar pañales hasta edades avanzadas, etc. También puede haber un interés del niño por conseguir una reacción de sus padres, para obtener algo, que por regla general es su atención. O problemas emocionales, como cambio de casa, de colegio, la separación de los padres o el nacimiento de un hermano pequeño; en conclusión, cualquier factor que altere el entorno del niño. Y detrás de las causas de la encopresis puede estar el estreñimiento: los niños retienen tanto las heces que la presión del colon vence al esfínter y se producen evacuaciones no deseadas.

Los niños ocultan que tienen problemas de continencia por miedo o vergüenza la reacción de sus padres. Para que los pequeños puedan superarlo, lo primero es no mostrarse enfadado con la situación y hacerles conscientes del problema. El hecho de que el niño sepa por lo que está pasando ayudará a que el tratamiento sea más eficaz. Con la enuresis, se deberá reducir unas horas antes de ir a dormir la ingesta de líquidos, pero no evitarla, dado que la finalidad es que contenga la vejiga. Si también hubiese pérdidas por el día, se puede usar un horario miccional donde se establezca que se orine al menos 6 veces. Se puede elaborar un calendario miccional, donde aparezca las noches secas y las húmedas. Una visión progresiva puede ser un factor motivador en el tratamiento, y en el caso de que intervenga un terapeuta, que vea el avance. Los padres han de tomar una postura positiva con el niño para no ocasionarle emociones negativas que perjudiquen su situación. Tener una postura caótica o darle demasiada importancia a la situación, hará que el niño entre en tensión y no avance en su recuperación.

Para establecer un diagnóstico concreto, un pediatra debe determinarlo, realizar un estudio y descartar que estas etapas de pérdida se deban a problemas somáticos o fisiológicos. Una vez descartadas estas suposiciones, se puede afirmar que el pequeño, dependiendo de qué tipo de incontinencia se trate, pueda presentar alguno de estos trastornos.

Un tratamiento terapéutico va a ser siempre la mejor ayuda tanto para los padres como para el niño, estableciendo diálogo desde el respeto y la empatía, porque cada persona se desarrolla a un ritmo específico. Con tiempo, los pequeños pasarán esta fase. La ayuda psicológica es de vital importancia en estos casos.

 

MTF. Violeta Gutierrez Solís

Contacto:  Facebook: Psicóloga Violeta Gutiérrez

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