Connect with us

HOY ESCRIBE EN LA NOTICIA

¿Cuál es la diferencia entre un Psicólogo y un Psiquiatra y a cuál debo acudir? Aquí te lo cuento

Published

on

Redacción Psicóloga Violeta Gutiérrez, 12 de marzo de 2026

Qué hace un Psiquiatra

La especialidad de la psiquiatría se ocupa del estudio, prevención, evaluación, diagnóstico, tratamiento y la rehabilitación de los problemas de salud mental. Soy consciente de que esta descripción puede asustar a muchas personas que no quieren sentirse enfermas y rechacen la idea de acudir a un psiquiatra. Pero, dime ¿a dónde acudirías si hay un alimento que te ha sentado mal, te sale una mancha en la piel o tienes algún dolor? ¿Acaso no acudirías al médico? Quizás no sea nada importante, pero si es un problema tratable, mejor hacerlo cuanto antes. Por tanto, ¿por qué no ir también al médico si os encontráis nerviosos, extremadamente preocupados, tristes u obsesionados? El beneficio de ir y el riesgo de no ir es el mismo.

Cómo trabaja un Psiquiatra

Un psiquiatra tiene unas herramientas muy rudimentarias: la principal es la palabra, al igual que el psicólogo. El psiquiatra va a conversar contigo, como lo hace el psicólogo, para entender qué te pasa y cómo poder ayudarte. Generalmente son necesarias entre una y dos horas de entrevista para poder establecer un diagnóstico y acordar contigo un plan de tratamiento. El plan del tratamiento no tiene por qué necesariamente incluir un medicamento, como la mayoría de las personas creen. Lo que sí es cierto es que el psiquiatra, como médico, puede prescribir medicación a las personas que se pueden beneficiar de ella. Más adelante, veremos cómo se realiza el proceso de prescripción.

Qué hace un Psicólogo Clínico

Un psicólogo clínico generalmente ofrece tratamientos de psicoterapia a pacientes que previamente ha evaluado o han sido derivados por otros profesionales (médicos de familia, psiquiatras o tutores académicos). Los psicólogos clínicos, además de psicoterapia individual, pueden hacer terapia de pareja o terapia de familia. Algunos psicólogos clínicos se han subespecializado y son neuropsicólogos clínicos y realizan evaluaciones neuropsicológicas. Solo los psicólogos especialistas en psicología clínica son los que pueden desarrollar su actividad en los centros, establecimientos y servicios del Sistema Nacional de Salud.

Cómo trabaja un Psicólogo Clínico

Al igual que el Psiquiatra, el Psicólogo Clínico se va a valer de la palabra para poder realizar su trabajo. Las evaluaciones diagnósticas las va a hacer fundamentalmente mediante una entrevista clínica (una conversación con el paciente). La intervención terapéutica también va a tener como pilar la palabra, que puede complementar con algunos ejercicios. Estos ejercicios pueden ser de meditación o relajación, de escritura terapéutica, de realización de un diario o registros o de imaginación guiada, entre otros. Con los niños el trabajo de un Psicólogo Clínico Infantil suele ser algo distinto. Al tener menor capacidad de comunicación verbal, se utilizan otros medios como el dibujo o el juego. El psicólogo infantil va a tener también muy en cuenta todo aquello que los padres o cuidadores principales puedan aportar sobre el niño.

Diferencias entre un Psicólogo y un Psiquiatra

Como decíamos anteriormente, esta es la principal pregunta que nos hacen muchos pacientes y muchas personas fuera de la consulta cuando se enteran que somos psicólogos o psiquiatras. ¿Cuál es la diferencia entre un psiquiatra y un psicólogo?

La principal diferencia entre psicólogos y psiquiatras, y que más peso tiene, es que el psiquiatra es médico y el psicólogo es psicólogo. Por tanto, como médico, el psiquiatra puede prescribir medicación y puede solicitar distintas pruebas diagnósticas. El tipo de pruebas diagnósticas que puede solicitar un psiquiatra son: análisis de sangre, análisis de orina, pruebas de imagen (radiografías, escáner, resonancia magnética), ECG, EEG, estudios del sueño o interconsultas con otras especialidades médicas. Estas pruebas no se solicitan para confirmar el diagnóstico de un trastorno mental, sino que sirven para: Descartar determinadas enfermedades médicas que cursan con síntomas similares a los trastornos mentales, por ejemplo, descartar hipertiroidismo cuando haya ansiedad e insomnio. Conocer si la medicación prescrita o el estilo de vida ha interferido de alguna manera en su salud física, por ejemplo, monitorizando el peso y las cifras de colesterol.

¿Quién puede medicar: el psiquiatra o el psicólogo?

Esta es otra pregunta con la que nos encontramos a diario: personas que confunden a un psiquiatra con un psicólogo y llaman psicólogo a un profesional que le prescribió una medicación. En España, los psicólogos no pueden prescribir medicación de ningún tipo, mientras que los psiquiatras pueden prescribir cualquier medicación porque antes de psiquiatras, son médicos. Los psicólogos no pueden prescribir medicación, mientras que los psiquiatras pueden prescribir cualquier medicación.

La prescripción de medicación es una forma de tratamiento clave para muchos trastornos mentales. En los últimos 30 años se han producido avances importantísimos y los tratamientos actuales son muy seguros, bastante eficaces y muy bien tolerados por los pacientes. Es cierto que los casos más graves son los que más se benefician de un tratamiento farmacológico. Pero, en muchos casos leves, la medicación también puede marcar una diferencia muy importante y ayudar muchísimo a la persona que está siendo tratada. Los psicólogos clínicos, que trabajan codo a codo con los psiquiatras, saben cuándo derivar a su paciente a un psiquiatra para que pueda ofrecerle un tratamiento farmacológico. Cuándo pedir cita con un psiquiatra. En general, recomendamos pedir cita con un psiquiatra en los siguientes casos:

si tienes un síntoma definido (como insomnio, crisis de pánico, llanto frecuente o problemas de concentración) que causa un malestar significativo.

si crees que puedes necesitar medicación o si ya estás tomando medicación.
si un psicólogo ha recomendado que te vea un psiquiatra o llevas tiempo haciendo terapia sin haber obtenido mejoría.
si tienes una adicción.
si has tenido algún cambio conductual reciente o has pensado en hacerte daño de alguna manera.

Cuándo pedir cita con un psicólogo

Sería recomendable pedir cita con un psicólogo en primera instancia en los siguientes casos:
ante un problema de insatisfacción vital.
ante una conflictiva de pareja, familiar o laboral.
cuando se presentan síntomas leves y poco persistentes de ansiedad o depresión.
cuando un psiquiatra ha recomendado realizar un tratamiento de psicoterapia.

¿Puedo tratarme con un psiquiatra y un psicólogo a la vez?

Claro que puedes tener un tratamiento combinado con psiquiatra y psicólogo. De hecho, es una práctica muy habitual y muy recomendable en muchos casos. La visión de dos profesionales de un mismo problema puede ser muy enriquecedora y ayudar más al paciente. Esto es posible cuando los dos profesionales trabajan en equipo, se coordinan, se conocen y se compenetran bien. Por supuesto, es más sencillo si ya se conocen y trabajan en el mismo centro.

 

MTF. Violeta Gutierrez Solís

Facebook: Psicóloga Violeta Gutiérrez

 Instagram @psicologagutierrez

Continue Reading
Click to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

HOY ESCRIBE EN LA NOTICIA

Programación mental: ¿Está nuestra mente ya programada?

Published

on

By

Imagen ilustrativa tomada de la web

Redacción por: Psicóloga Violeta Gutiérrez, 02 de julio 2026

La programación mental es fundamental porque tu mente subconsciente dirige aproximadamente el 95% de tus acciones y decisiones diarias.  Tu mapa interno determina tu realidad, por lo que transformar creencias limitantes moldea directamente tus resultados, tu salud emocional y tu calidad de vida ¿Cómo nuestra programación define nuestra realidad?

La importancia de la programación mental para el éxito fomenta la neuro plasticidad: Gracias a la capacidad del cerebro para crear nuevas conexiones neuronales, puedes adaptarte mejor a los cambios y aprender nuevas formas de responder ante situaciones estresantes.

  • Elimina bloqueos subconscientes: Los patrones negativos, como pensar “no soy capaz”, suelen sabotear tus objetivos. Reprogramar tu mente te ayuda a superar barreras invisibles que limitan tu potencial financiero o personal.
  • Mejora la resiliencia y el enfoque: Sustituir los pensamientos destructivos por una mentalidad orientada al crecimiento te permite ver los obstáculos como oportunidades y mantener la calma bajo presión.
  • Eleva tu bienestar general: Trabajar en tus hábitos subconscientes y tu mentalidad reduce los patrones de estrés, mejora tu autoimagen y te permite tomar decisiones más informadas.

El concepto más mundano de programación viene a referirse a un cambio en la forma de pensar de las personas. Son muchos los que hablan que la sociedad y los medios de comunicación nos lavan el cerebro y programan nuestra mente. En este sentido, la programación sería inculcarnos unas ideas sin darnos cuenta de ello.

Lo cierto es que actuamos sobre la base de unas creencias y unos valores. Pensamos que esas creencias y valores vienen de fábrica en nuestro cerebro cuando nacemos y son parte de lo que somos y de nuestra personalidad. Pero eso no es verdad, las creencias y valores las adoptamos en nuestra infancia y son generadas por nuestro medioambiente, nuestros padres, familiares e influencias de la sociedad. Sí, estamos programados. Aunque conforme vamos madurando esa programación evoluciona. El motivo es que el medioambiente que nos rodea cambia.

Ahora bien, este cambio de creencias y actitudes puede realizarse de dos formas, o bien de forma inconsciente, asumiendo creencias y nuevas formas de pensar del entorno. O bien de forma consciente por nuestra parte, cuando analizamos creencias erróneas y, por lo tanto, las cambiamos por nuevas creencias. Estos son los casos menores. La mayoría de las ocasiones estos cambios se producen de forma inconsciente.

Si la programación de nuestros padres y de la sociedad siempre fuera buena, no habría problema. El problema es que esa programación, en la mayoría de las ocasiones lleva al fracaso y la infelicidad. Muchos terapeutas ven que el problema de sus pacientes son creencias y valores erróneos que le producen sufrimiento. La solución es cambiar esas creencias y valores. Cosa complicada, porque los pacientes suelen asociar estas creencias y valores a su identidad.

A esto se le suma que la programación está instaurada en el inconsciente. A la hora de evolucionar como especie, hemos desarrollado un sistema para facilitar nuestro funcionamiento. Nuestra mente posee un sistema que actúa de forma automática, permitiendo liberar nuestra mente para poder atender y pensar en otras cosas al mismo tiempo. Este sistema lo gobierna la mente inconsciente a través de una programación. Por lo tanto, el cambio requiere de esfuerzo y tiempo, dado que solo lo que está bien asumido y grabado queda instaurado en el inconsciente.

Hasta aquí un primer nivel de programación, el producido por las creencias. Pero hay un nivel más profundo. El nivel del condicionamiento de nuestros pensamientos y sentimientos.

Según la fuerte asociación con unos determinados estímulos, de forma inconsciente y por condicionamiento a nuestra mente van a surgir unos pensamientos concretos. O sea, nos convertimos en un robot. Pensamientos específicos surgen automáticamente. Igual ocurre con los sentimientos. Determinadas circunstancias desatan sentimientos concretos fuera de nuestro control. Tenemos un programa de pensamientos y sentimientos. Lo relevante es que este programa determina lo que podemos conseguir en la vida.

En su libro “Los secretos de la Mente Millonaria”, T. Harv Eker, expone como unos determinados pensamientos nos pueden llevar a conseguir más prosperidad económica o nos puede llevar a la pobreza. Si, como el lector puede adivinar, estos pensamientos son los que tenemos programados sin ser conscientes de ellos. Uno de los aspectos más relevantes de este libro es que si no eres consciente de esta programación (y la mayoría de nosotros no lo somos) tenemos limitado nuestro nivel de adquisición económica hagamos lo que hagamos. Y esto no se aplica solo a las finanzas. Se aplica a los demás aspectos de nuestras vidas como por ejemplo la salud, el trabajo, el amor o el éxito. Tenemos programados unos pensamientos y sentimientos que nos impiden lograr determinados niveles en cada uno de esos campos.

Aquí surge el símil de termostato. Igual que un termostato genera que una habitación se encuentre siempre al mismo nivel de temperatura, nuestra programación no lleva a obtener siempre los mismos resultados en determinadas áreas de nuestra vida.

Sí, existe una programación para conseguir el éxito. Y sí, podemos programar nuestra mente para alcanzar éxito. Mas te advierto que no es fácil, no es un trabajo de un día, dado que todas las programaciones mentales se han generado durante el transcurso de años y años de nuestras vidas, requerirá de perseverancia.

 

MTF. Violeta Gutiérrez Solís

Facebook: Psicóloga Violeta Gutiérrez

Instagram @psicologagutierrez

Continue Reading

HOY ESCRIBE EN LA NOTICIA

28 de junio, Día Internacional del LGBTTI+: Salud Mental ante una preferencia sexual diferente

Published

on

By

Redacción: Psicóloga Violeta Gutiérrez, 24 de junio 2026

El Día Internacional del Orgullo LGBT+ (lesbiana, gay, bisexual y trans), también conocido como Día del Orgullo Gay. Se celebra el 28 de junio porque en tal fecha se conmemoran los disturbios de Stonewall (Nueva York, EE. UU.) de 1969, que marcan el inicio del movimiento de liberación homosexual. Dichos disturbios consistieron en una serie de manifestaciones espontáneas y violentas contra una redada policial que tuvo lugar en la madrugada del 28 de junio de 1969, en el pub conocido como el Stonewall Inn del barrio neoyorquino de Greenwich Villaje, uno de los pocos espacios de libertad para la comunidad homosexual que era acosada con frecuencia por la policía de la ciudad. Los asiduos al Stonewall Inn se hartaron de estos acosos homofóbicos y ese día las fuerzas de la ley quisieron arrestar a varias de las 200 personas que se encontraban en el bar por razones tan simples como el que dos hombres o mujeres bailaran juntos o no llevaran ropa considerada tradicional para su sexo. En vez de dejarse atacar y acosar, los asistentes al Stonewall Inn decidieron resistirse y alrededor de las 1:20 de la madrugada comenzó una batalla a la que luego se unieron más miembros de la comunidad LGBT+, convirtiéndose así en un ícono de la lucha por los derechos gay, ya que durante los días siguientes hechos similares se dieron en otros sectores de Nueva York, siendo reconocidos como el catalizador del movimiento moderno proderechos LGBT+ en Estados Unidos y en todo el mundo.

La noción básica del Orgullo LGBT+ consiste en que ninguna persona debe avergonzarse de lo que es, cualquiera que sea su sexo, orientación sexual o identidad sexual, transmitiéndose la idea de una dignidad intrínseca de cada ser humano, que no debe verse afectada por su conducta ni orientación sexual. En tal sentido, se trata de dignidad LGBT+. Las personas lesbianas, gay, bisexuales, trans e intersexuales (LGBTI) enfrentan obstáculos sustantivos en el ejercicio de todo tipo de derechos. En el acceso a la educación, al empleo o a la salud, e incluso en el mismo proceso de desarrollo de la identidad, las personas que tienen una orientación sexual, identidad o expresión de género no normativa, así como las personas que nacen con características anatómicas y fisiológicas que no coinciden con lo que tradicionalmente se asume debe ser una mujer o un hombre, encuentran barreras motivadas por prejuicios sociales y omisiones legales.

Los prejuicios contra la diversidad sexual y de género se originan en el predominio cultural del binarismo sexual, que lleva a una valoración positiva y a una prescripción exclusiva de la heterosexualidad y de la congruencia entre el sexo que le fue asignado al nacer y su identidad de género, así como de las características corporales que se consideran “normales”. En ocasiones, esto contribuye a casos de violencia que pueden terminar con la vida de las personas. La discriminación por orientación sexual, identidad de género, expresión de género y características sexuales diversas tiene una naturaleza estructural. Estas personas experimentan un ambiente de hostilidad persistente en el contexto social general. Casi siete de cada diez dijeron que sus derechos se respetaban poco o nada (67.7%). Casi ocho de cada diez han evitado mostrar afecto a su pareja en público o expresar libremente su orientación sexual o identidad de género por temor (76.6%). La mitad de las personas también reportó que dejaron de frecuentar algunos lugares (49.8%), y casi cuatro de cada diez dejaron de asistir a eventos y actividades por temor (37.1%). Pero tal vez la consecuencia más alarmante de la discriminación y violencia a la que se enfrentan de manera cotidiana sea el deseo de dejar de vivir.

Las minorías sexuales tienen una peor percepción de su estado de salud mental y solicitan más ayuda psicológica. Los estudios demuestran que presentan una mayor prevalencia de problemas psicológicos, principal-mente ansiedad, depresión, ideación suicida o abuso de sustancias. Diversos estudios revelan que quienes mantienen relaciones con individuos del mismo sexo enfrentan mayores niveles de ansiedad, trastornos del estado de ánimo y abuso de sustancias. Además, revelan que las mujeres lesbianas y bisexuales acuden menos a controles ginecológicos, debido a la falta de uso de métodos anticonceptivos, lo que representa un riesgo significativo para su salud. Ellas consumen más drogas y tienen más relaciones sexuales bajo coacción, resultando en altos niveles de ansiedad y síntomas depresivos. Liberarse de prejuicios y trabajar la identidad es clave para una buena salud mental. La homofobia internalizada, el estigma y las experiencias de discriminación y violencia son estresores significativos para las personas no heterosexuales, afectando su salud mental con sentimientos de culpa, problemas sexuales y pensamientos suicidas. La homofobia internalizada daña la autoestima y aumenta el riesgo de depresión. El estigma afecta la percepción de salud y contribuye a trastornos mentales. El ocultamiento de la orientación sexual genera tortura psicológica y mayor probabilidad de ideación suicida.  A continuación, dejamos algunas pautas esenciales sobre cómo ayudar a una persona Lgbtti a que se sienta más comprendida:

  • Preguntar por sus necesidades: Escuchar cómo se siente, cuáles son sus miedos, ofrecer un espacio seguro donde la persona pueda hablar abiertamente sobre su experiencia sin ser juzgada.
  • Apoyar a la persona: El apoyo y comprensión mejoran la salud mental del individuo, evitando riesgos asociados a la discriminación y promoviendo el bienestar a través de mostrar interés en la experiencia de la persona sobre su orientación sexual. Hay que hacer saber a la persona que su orientación sexual no cambia tu opinión sobre ella, que tu apoyo es incondicional.
  • Aceptación familiar: La aceptación familiar es un factor protector importante. Sin embargo, muchas familias conciben la homosexualidad y la bisexualidad como algo negativo, que les lleva a sentir vergüenza o desconcierto hacia su propio familiar. La aceptación promueve el bienestar, mientras que la discriminación familiar puede llevar a la necesidad de abandonar el hogar para expresar libremente la orientación sexual.
  • Educación: Informarse sobre las diferentes orientaciones sexuales y los desafíos a los que se enfrentan las personas del colectivo. Entender términos, conceptos y experiencias comunes de discriminación y estigmatización. Intenta romper con mitos y estereotipos negativos. Es crucial educar a la sociedad ayudando a superar prejuicios. Los desafíos inmediatos incluyen eliminar la discriminación, maltrato y violencia mediante cambios legales y sensibilización, desarrollar servicios de salud adecuados, y combatir la falta de oportunidades educativas y laborales para las comunidades LGBTIQ+.
  • Proteger de la discriminación: Si es posible, toma medidas para protegerla de situaciones discriminatorias en casa, escuela o en el trabajo.
  • Buscar ayuda profesional: Es muy importante si existen sentimientos de culpa, vergüenza, si existe ansiedad o algún malestar acudir con un experto en salud mental para poder trabajar esos sentimientos, la autoestima, la identidad, etc. Además, existen líneas de ayuda y recursos en línea específicos para personas del colectivo. Existen libros y materiales disponibles en bibliotecas y en internet que pueden ayudarle a ver de forma positiva la diversidad sexual. También hay grupos de apoyo presenciales y online donde personas que forman parte de este colectivo comparten sus vivencias, puede hacer sentir a la persona muy comprendida por los demás miembros.

 

MTF. Violeta Gutiérrez Solís

Facebook: Psicóloga Violeta Gutiérrez

Instagram @psicologagutierrez

Continue Reading

HOY ESCRIBE EN LA NOTICIA

Cómo construir la responsabilidad afectiva para crear relaciones saludables

Published

on

By

Redacción por: Psicóloga Violeta Gutiérrez, 18 de junio de 2026

La responsabilidad afectiva, o su ausencia como veremos más adelante, aplica a todas nuestras interacciones: no solo a las relaciones románticas, sino también a los vínculos familiares, la amistad y las conexiones laborales. No se trata de un rasgo de la personalidad estable, sino de una forma de comportamiento que puede cambiarse.

¿Cuál es exactamente el significado de responsabilidad afectiva?

Una posible definición es hacernos cargo de nuestros sentimientos y necesidades, así como tener en cuenta la repercusión emocional en otras personas de aquello que decimos y hacemos. Además, se ha observado que las personas perciben a quienes toman decisiones activas como más responsables de los resultados que a quienes deciden no actuar (Zeelenberg et al., 2000), lo que refuerza la importancia de asumir un rol consciente en nuestras interacciones emocionales

Tener responsabilidad afectiva, es hacernos cargo de nuestros deseos, necesidades y sentimientos. La responsabilidad afectiva con uno mismo es muy importante. Encargarse de nuestros propios sentimientos nos ayuda a conocerlos, ponerles nombre y gestionarlos. Al mismo tiempo, la responsabilidad afectiva también implica no obviar el impacto emocional y las expectativas que generamos en otras personas. Además, se ha observado que la percepción de responsabilidad puede amplificar las reacciones empáticas, especialmente cuando es evidente que una persona ha causado y tenía la intención de provocar un determinado resultado emocional en el otro (Gonzalez et al., 2021).

Aunque ya hemos dicho que la responsabilidad afectiva (o la falta de responsabilidad afectiva) se puede dar en cualquier vínculo, quizás estamos más habituados a oír hablar de la responsabilidad afectiva en una relación sentimental. Probablemente se deba a que, al ser relaciones más profundas e íntimas, suelen surgir mayores roces, ya que activan con mayor intensidad los sistemas de apego. Pero, por ejemplo, la responsabilidad afectiva familiar (o la poca responsabilidad afectiva) también es bastante común. A veces, damos por hecho que los lazos de sangre nos dan derecho a invadir la privacidad, a decidir por otras personas y a pretender saber lo que es conveniente para ellas. Esto sucede con la responsabilidad afectiva de padres a hijos y viceversa, ya que cuando los progenitores son muy mayores, los hijos también suelen tomar decisiones sin tener en cuenta lo que estos necesitan y/o sienten.

Lo mismo ocurre con la responsabilidad afectiva en el trabajo. Es importante ponerla en práctica porque pasamos gran parte de nuestro día con compañeros y compañeras, así que la asertividad, la empatía y saber poner límites serán clave para que las conexiones sean sanas y no generar un ambiente conflictivo o emocionalmente tenso.

La responsabilidad afectiva en la amistad también debe estar presente para mantener una relación sana y duradera. Puedes ponerla en práctica siguiendo estos ejemplos de responsabilidad afectiva con amigos: ser proactiva o proactivo cuando necesiten algo, abordar los problemas directamente con la persona, disculparse si se ha cometido un error y respetar los momentos en los que la persona quiera estar sola y no en nuestra compañía.

Retomando la responsabilidad afectiva en parejas, ¿por qué puede ser difícil encontrar a una persona afectivamente responsable. Vivimos en una sociedad que busca la gratificación inmediata y evita el sufrimiento y la incomodidad emocional, lo que puede dificultar la tolerancia al conflicto. Las relaciones se han vuelto más individualistas y pueden dejar de resultar atractivas si surgen obstáculos. Posiblemente, las apps de encuentros como Tinder han evidenciado que la responsabilidad afectiva a veces brilla por su ausencia, hasta tal punto que ha surgido una nueva app, Tame, que promueve el healthy dating o, en otras palabras, la responsabilidad afectiva. Para quienes practican el ghosting, la app pide una explicación y, en caso de no darla, el usuario no puede volver a hacer uso de ella.

Se dice que en nuestras sociedades hay una mayor tendencia a vínculos utilitaristas en los que falta empatía e inteligencia emocional, lo que a su vez se traduce en ghosting, benching o breadcrumbing. Como diría el sociólogo Zygmunt Bauman, estamos en tiempos de “amor líquido” O  en una sociedad líquida en la que no hay tiempo que perder, y hemos provisto incluso a las relaciones de los botones de spam y suprimir.

Pero entonces, ¿qué es la responsabilidad afectiva en pareja? Hablamos de responsabilidad afectiva y emocional cuando en una pareja ambas partes son conscientes de que sus actos, sus palabras y aquello que callan tienen un impacto en la relación y pueden afectar emocionalmente a la otra persona, sin perder de vista la responsabilidad individual sobre la propia regulación emocional.. Con una pareja sin responsabilidad afectiva no se tiene en cuenta que hay dos voces y hay que llegar a acuerdos para respetar la voz y las decisiones de ambas, evitando dinámicas unilaterales o desequilibradas.

Por supuesto, pese a la empatía y la responsabilidad afectiva, surgirán problemas de pareja. Además, tampoco se trata de responder a todos los deseos y necesidades de la otra persona y anteponerlos a los nuestros para que así todo fluya. La responsabilidad afectiva es una herramienta que ayuda a afrontar situaciones y a gestionarlas mediante acuerdos y comunicación.

En este sentido, formularse preguntas para parejas como: ¿Nos sentimos escuchados mutuamente?, ¿Estamos siendo claros con nuestras expectativas?, ¿Hay algo que no estamos diciendo por miedo al conflicto?, puede ayudar a crear un espacio seguro donde ambas personas puedan expresar lo que sienten y necesitan sin miedo a ser juzgadas.

Si detectas que no estas siendo responsable afectivamente en tus relaciones en general y no sabes como cambiarlo, es importante que acudas con tu psicólogo o psicóloga de confianza para que te guie en la construcción de tu responsabilidad afectiva.

 

Contacto: MTF. Violeta Gutiérrez Solís

Facebook: Psicóloga Violeta Gutiérrez

Instagram @psicologagutierrez

Continue Reading

#Tendencias