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¿De qué se trata el Síndrome del Impostor? Aquí te lo cuento

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De acuerdo con un artículo publicado en el International Journal of Behavioral Science, se estima que el 70 % de las personas en todo el mundo experimentará al menos un episodio de este síndrome en algún momento de su vida. Pero ¿Por qué nos sentimos así?

El síndrome del impostor es un fenómeno psicológico en el cual las personas exitosas tienen la sensación de no ser merecedoras de sus logros. A pesar de que sus logros son evidentes, tienen una persistente sensación de no merecer el reconocimiento o el éxito obtenido. En consecuencia, se sienten como un fraude o un impostor. Este síndrome fue descrito por primera vez en 1978 por las psicólogas Suzanne Imes y Pauline Rose Clance. Quienes experimentan este síndrome tienden a atribuir sus logros a la suerte o a factores externos, pero nunca a sí mismos. A menudo temen que en algún momento sean descubiertos como “fraudes” o “impostores”, lo que les genera ansiedad, inseguridad y los lleva a buscar validación externa constantemente. Esimportante conocer por qué se genera el síndrome para poder arrancar el problema desde la raíz. Algunos de los factores que inducen el síndrome del impostor son:

Baja autoestima. – Las personas que experimentan el síndrome del impostor tienden a subestimarse y no reconocen sus propias habilidades y logros. Cuando alguien tiene una visión negativa de sí mismo, es más propenso a dudar de su valía y capacidades, creyendo que no merece el éxito que ha obtenido.
Atención excesiva a las críticas. – Quienes son muy sensibles a las opiniones y evaluaciones negativas de los demás tienden a ignorar o minimizar los elogios y reconocimientos positivos que reciben, lo que alimenta inseguridades. Sentir una presión constante por ser perfectos y temer ser juzgados o rechazados por los demás los lleva a desvalorizar sus propios logros y capacidades.
Estereotipos de género. – En contextos laborales, los estereotipos de género pueden asociar ciertas habilidades o roles con un género específico. Si una persona se encuentra en un campo profesional donde se espera que un género predomine y ella pertenece al otro, podría cuestionar su valía y sentirse como un impostor, aunque tenga las habilidades y la experiencia necesarias.
Falta de reconocimiento en la infancia. – Los infantes buscan la validación y el apoyo de sus figuras de autoridad, como padres, maestros o cuidadores. Cuando los adultos no reconocen o valoran adecuadamente los logros y esfuerzos del niño, pueden generar sentimientos de inseguridad y duda sobre su valía y capacidades. Esta falta de reconocimiento se puede internalizar como una sensación de inferioridad.
Distorsión para aceptar el éxito. – Las personas que experimentan el síndrome del impostor tienden a minimizar o desvalorizar sus propios logros y éxitos. No se sienten merecedoras de ello y creen que han tenido suerte o que los demás sobreestiman sus habilidades. Es posible que las personas desarrollen una tendencia a minimizar sus logros para evitar sentirse vulnerables ante el juicio ajeno.

Señales del síndrome del impostor

1. Procrastinación o exceso de preparación de tareas cotidianas. – Cuando las personas con el síndrome del impostor se enfrentan a tareas o retos, tienden a prepararse en exceso o a procrastinar. Ambas respuestas se originan de una sensación de insuficiencia, y pueden conducir al burnout o a bajo rendimiento académico o profesional.

2. Perfeccionismo excesivo. – Si bien querer superarse o tener metas ambiciosas no indican síndrome del impostor, la hipercompetitividad y autocrítica dura sí que lo hacen. El exceso de perfeccionismo puede conducir a las personas a ponerse estándares inalcanzables que, cuando no se logran, refuerzan la percepción distorsionada de fraude.

3. Miedo intenso al fracaso. – Una de las señales más claras del síndrome del impostor es la ansiedad intensa al enfrentar retos por miedo a equivocarse, especialmente cuando se traduce en trabajar en exceso, al asumirlos o en evitarlos por completo. La persona que tiene estas conductas las utiliza como estrategia para mitigar el supuesto riesgo de fracaso.

4. Sensaciones fugaces de éxito después de los logros. – Aunque reconocer el papel de la suerte o los factores externos en el éxito individual puede ser una muestra de humildad, el que la sensación de logro o satisfacción después de superar un reto o alcanzar un nuevo logro profesional no perdure es un claro indicador de del síndrome del impostor, pues muestra incapacidad para internalizar los éxitos propios.

Consejos prácticos para que logres combatir el síndrome del impostor.

1. Aprende a manejar las críticas de manera constructiva. – Reconoce que todos cometemos errores y que las críticas no definen nuestra valía. Recuerda que el síndrome del impostor es una percepción distorsionada de ti mismo y que tus logros y capacidades son genuinos.

2. Reconoce el impacto de los estereotipos de género. – Es fundamental cuestionar y desafiar estas creencias limitantes, así como considerar el impacto que tienen. Un estudio publicado en el Journal of General Internal Medicine indica que las tasas del síndrome del impostor suelen ser más altas en mujeres que en hombres.

3. Desafía tus pensamientos negativos. – Cuestiona las creencias negativas sobre ti mismo y tus habilidades. Identifica y reemplaza los pensamientos negativos con afirmaciones positivas y realistas sobre tus capacidades.

4. Trabaja en tu autoestima. Independientemente de lo que los demás piensen, procura construir una confianza más sólida y aprende a liberarte de la necesidad constante de validación externa. También puede ser útil trabajar con un terapeuta para abordar las experiencias pasadas y desarrollar una mayor autoaceptación y autocompasión.

5. Celebra tus éxitos.- No subestimes tus logros. Celebra cada paso hacia adelante, por pequeño que sea. Reconoce tus esfuerzos y méritos para reforzar tu confianza en ti mismo. Acepta los cumplidos y agradece a quienes reconocen tus habilidades.

6. Mantente en constante preparación y aprendizaje. – Continuar tu preparación profesional ayudará a que el síndrome del impostor tenga menos poder sobre ti y tus oportunidades en el mundo laboral serán mayores.

 

MTF. Violeta Gutierrez Solís

Contacto: celular 6484694143

Facebook: Psicóloga Violeta Gutiérrez

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Signos, síntomas y prevención del abuso sexual infantil en México

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Redactado por: Psicóloga Violeta Gutiérrez, 21 de mayo del 2026

Durante el primer trimestre de 2026, el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) registró más de 24,000 delitos contra menores de edad (0 a 17 años). De estos, el abuso, acoso y violación sexual representaron una de las categorías principales. En promedio nacional, se reportaron alrededor de 787 carpetas diarias por delitos de género. Contexto y estadísticas clave. El panorama oficial indica que la violencia sexual es un problema estructural en el país, afectando principalmente a mujeres y niñas: Víctimas de género:

Durante los dos primeros meses de 2026, el Consejo Ciudadano para la Seguridad y Justicia de la CDMX reportó una tasa de 214 carpetas de investigación por delitos de género por cada 100 mil habitantes, destacando entidades como la Ciudad de México.

Abuso Infantil: Los datos de niñez indican que más del 86%de las víctimas menores de edad en delitos sexuales son mujeres. En el marco del Día Internacional contra la Explotación Sexual Infantil, se contabilizaron decenas de casos de pornografía y captación mediante redes de trata.Cifra negra: Las estimaciones nacionales del INEGI advierten que la incidencia real supera por mucho a las cifras oficiales, ya que más del 90% de los delitos sexuales no se denuncian por desconfianza en las autoridades o miedo a la revictimización.

Herramientas de apoyo y denuncia Si tú o alguien que conoces necesita ayuda inmediata, puedes comunicarte a los siguientes recursos: Emergencias Nacionales: Línea 911 para atención de emergencias y canalización a instancias de protección de la mujer y las infancias.

El abuso sexual infantil no es un problema nuevo, sino una de las formas de maltrato infantil que acompañó al desarrollo del hombre durante toda su historia. Aparece en la literatura, en el cine y frecuentemente en noticias periodísticas. Es el más escondido de los maltratos y del que menos se conoce, tanto en el ambiente médico legal como en el social. El abuso sexual infantil no ocurre solo en poblaciones marginales, sino que abarca todas las culturas y todas las clases sociales. La estimación de mayor demanda que hay en la actualidad se debe a que recién ahora las personas involucradas se están animando a denunciarlo, lo que se refleja en una mayor cantidad de consultas, tanto en el nivel hospitalario como en el privado. En América latina, 1 de cada 5 niños son abusados por un familiar cercano; en más del 50% hay evidencias de situaciones incestuosas; el 80% son amigos, vecinos o parientes.

Definición de abuso sexual: Cualquier solicitud o ejercicio de contacto, caricias, juegos o toqueteos, en los que al menos uno de los implicados no desea, conoce o carece de conciencia de lo que está pasando y que se obtiene por la fuerza o la ascendencia con la víctima.

Los signos o síntomas pueden variar dependiendo de la edad y la clase de abuso. Para el caso de los más pequeños -niños menores de 8 años- existen algunas características físicas y psicológicas que nunca deben pasarse por alto:

Revisar su cuerpo frecuentemente: identificar cualquier anormalidad en las zonas íntimas como enrojecimiento, inflamación, brotes, infecciones urinarias repetitivas y flujo.
Síntomas de ansiedad: pesadillas repetitivas, alteraciones del sueño, distracción o ensimismamiento, cambio en los patrones alimentarios o desgano, no poder tragar y cambios repentinos del estado de ánimo. Hay que tener en cuenta que durante las etapas del crecimiento algunos de estos cambios son normales, pero cuando son repentinos por lo general pueden considerarse un signo de alarma.
Interés súbito por temas sexuales: conductas auto estimulatorias, juegos de características sexuales o dibujos, preguntas de índole sexual.
Nuevos temores: miedo a lugares o personas que antes no se presentaban, no querer quedarse con algún adulto o cuidador.
Otros síntomas: Mencionar que tienen secretos o amigos especiales, que aparezca con juguetes o dinero que habitualmente no tienen ni pueden conseguir.
En cuanto a los adolescentes víctimas de abuso sexual, según la especialista, pueden presentar episodios de depresión: hablar de muerte o suicidio o autolesionarse, descuidar sus estudios y el aspecto personal. Sufren además desórdenes alimenticios, abuso de licor de drogas, promiscuidad y temores repentinos como a quedarse solos con alguien o en algún lugar en específico.

La prevención es fundamental y resulta tarea de los padres y cuidadores de los menores y adolescentes. Ante las alertas se recomienda:

Ser cuidadoso con quién se deja a sus hijos. Los depredadores sexuales por lo general son cercanos a algún entorno de sus víctimas.
Supervise el acceso a internet de los niños, así evitará que tenga contacto con personas extrañas y material inadecuado.
Si va de paseo o algún campamento, verifique la información de cada uno de los encargados, siempre que regrese de sus actividades pregúntele cómo le fue, con quién estuvo, qué hizo.
De acuerdo con la edad, es importante que tengan algún conocimiento sobre la sexualidad. Los menores de 8 años deben saber cuáles son los genitales, que nadie los puede tocar o quitar la ropa y explicarles que no deben dejarse manipular o amedrentar con regalos o amenazas.
Hable abiertamente sobre sexualidad con ellos y permita que hagan preguntas. Incentive siempre en los niños a que comenten cualquier situación que los haga sentir incómodos o vulnerables.
Si sospecha que un menor es víctima de abuso mantenga la calma e informe a las autoridades.
Brinde apoyo al menor, crea en su denuncia, no lo juzgue, rechace o culpe.

Estas señales son algunos indicadores y es difícil tener la certeza de abuso solo con estos indicios. Si los padres tienen sospechas o el menor o adolescente habla sobre conductas inapropiadas, lo más recomendado es que el menor sea evaluado por su medico pediatra, asi como la atención psicológica.

 

MTF. Violeta Gutiérrez Solís

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Estudio revela el potencial terapéutico de la psilocibina en el tratamiento de depresión, ansiedad o estrés postraumático

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Psicóloga: Violeta Gutiérrez Solis, 14 de mayo 2026

La psilocibina, sustancia activa que se halla en los hongos alucinógenos, está siendo objeto de estudios recientes debido a su potencial para el tratamiento de los trastornos mentales como la depresión, la ansiedad o el estrés postraumático. En un estudio experimental en curso, que está realizando un equipo de investigadores de la Universidad de Washington (EE UU) y del que se han publicado las primeras conclusiones en la revista Nature, se está explorando cómo esta sustancia puede afectar a la conectividad cerebral y promover cambios positivos en la forma en que las personas procesan sus emociones.

El equipo investigador reclutó a siete adultos sanos de 18 a 45 años del campus de Medicina de la Universidad de Washington. Los voluntarios se inscribieron de marzo de 2021 a mayo de 2023, con la obligación de haber tenido al menos una exposición anterior a sustancias psicodélicas o drogas alucinógenas (por ejemplo, psilocibina, mezcalina, ayahuasca o LSD), pero sin exposición en los últimos 6 meses. Se les realizó resonancias magnéticas antes, durante y tres semanas después de que tomaran una dosis alta (25 mg) de psilocibina. Además, los participantes también recibieron una cantidad adicional entre 6 y 12 meses después. Los voluntarios ofrecieron puntuaciones más altas en todas las dimensiones del cuestionario de experiencia sobre el uso de psilocibina con respecto al uso de un placebo (40 mg de metilfenidato), resaltando la experiencia mística, el estado de ánimo positivo o el sentimiento de trascendencia.

Los especialistas han realizado un descubrimiento significativo al observar que la psilocibina provoca una alteración temporal en una red esencial de regiones cerebrales que están profundamente involucradas en procesos de pensamiento introspectivo. Estas áreas del cerebro son fundamentales para actividades como la ensoñación, donde la mente divaga y crea imágenes y escenarios, así como para la memoria, que nos permite recordar experiencias pasadas y reflexionar sobre ellas. Los resultados de esta investigación no solo arrojan luz sobre los efectos psicoactivos de la psilocibina en la actividad cerebral, sino que también ofrecen una comprensión más profunda de cómo esta sustancia puede influir en la percepción del yo y en la forma en que las personas interactúan con su entorno. A medida que los científicos continúan explorando los mecanismos existentes detrás de estos efectos, se abre la puerta, además, a ampliar el uso de la psilocibina y de otros compuestos similares como herramientas terapéuticas, lo que podría transformar la manera en que abordamos el tratamiento de trastornos mentales en el futuro.

En el presente estudio, el equipo investigador ha analizado, concretamente, cómo la psilocibina afectaba a la conectividad funcional, tanto en el córtex como en el subcórtex. Se ha descubierto que estos cambios eran resultado de la desincronización entre diversas áreas del cerebro. Las modificaciones inducidas por la psilocibina fueron particularmente pronunciadas en lo que se conoce como “red de modo predeterminado” (DMN), que se encuentra vinculada a una región del cerebro denominada hipocampo anterior. Esta área es fundamental para la formación de nuestro sentido del espacio, la percepción del tiempo y la construcción de la identidad personal.

A pesar de su potencial, el uso de la psilocibina no está exento de riesgos, especialmente para aquellas personas con antecedentes de trastornos mentales. Su consumo fuera de un entorno controlado y sin la supervisión de un profesional de la salud puede ser peligroso. Uno de los mayores riesgos es la posibilidad de desencadenar episodios de psicosis, sobre todo en personas con antecedentes de esquizofrenia o trastornos bipolares, efectos que pueden persistir después de que la sustancia haya sido eliminada del organismo. Además, se pueden experimentar efectos secundarios inmediatos como náuseas, ansiedad, ataques de pánico y paranoia. Por ello, según advierten los investigadores, la compra y el consumo de setas alucinógenas de fuentes no reguladas representa un riesgo considerable.

La psilocibina se perfila como uno de los tratamientos más prometedores y revolucionarios para la salud mental en los próximos años, posicionándose como una alternativa real para trastornos resistentes a los fármacos convencionales. Investigaciones recientes, incluyendo ensayos clínicos de fase 3 en 2026, sugieren que la terapia asistida con psilocibina puede proporcionar mejoras rápidas y duraderas con solo una o dos dosis. .La psilocibina está en camino de convertirse en un estándar de atención, pero no como una “pastilla diaria”, sino como un modelo de terapia puntual de alta intensidad.

Puntos clave sobre su estado actualizados al día de hoy 14 demayo de 2026:

Estado Regulatorio y Aprobación: La FDA de EE. UU. ha designado a la psilocibina como “terapia innovadora” (breakthrough therapy) para la depresión resistente, acelerando su revisión. Tras resultados positivos en Fase 3, se espera una posible aprobación definitiva entre finales de 2026 y 2027.

Eficacia en Salud Mental: Estudios muestran eficacia significativa en el tratamiento de:

Depresión Mayor y Resistente: Reducción de síntomas que dura meses, a menudo funcionando cuando los antidepresivos tradicionales fallan.
Ansiedad y Estrés Postraumático (TEPT): Muestra potencial para reducir la ansiedad, especialmente en pacientes terminales.
Adicciones: Evidencia emergente en el tratamiento del trastorno por consumo de alcohol y nicotina.

Mecanismo de Acción: A diferencia de los antidepresivos diarios, la psilocibina que se convierte en psilocina actúa sobre los receptores de serotonina ((5-HT_{2A}), promoviendo la neuro plasticidad y desactivando la “Default Mode Network” red neuronal por defecto, lo que permite reiniciar patrones de pensamiento rígidos. No es uso recreativo: La investigación enfatiza que el tratamiento es terapia asistida con psicodélicos (TAP), lo que implica que el paciente toma la sustancia en un entorno clínico controlado con supervisión profesional, no de manera independiente.

Riesgos y Limitaciones: Aunque segura en entornos controlados, puede ser peligrosa para personas con antecedentes de psicosis, trastorno bipolar o inestabilidad cardíaca. La terapia requiere una preparación cuidadosa y seguimiento profesional para ser efectiva.

 

Contacto: MTF. Violeta Gutierrez Solís

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La maternidad sin un contexto de apoyo y contención, se convierte en una tarea muy difícil de realizar

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Redacción por: Psicóloga Violeta Gutiérrez, 07 de mayo del 2026

Desde la psicología perinatal y la evidencia clínica, sabemos que el bienestar emocional de las madres y sus familias no es un aspecto secundario, sino un pilar fundamental para la salud mental materna e infantil. Por eso, hablar de maternidad en soledad no es una cuestión individual, sino un problema de salud pública y social que nos atraviesa a todos.

La maternidad es una experiencia profundamente transformadora a nivel emocional, psicológico y corporal. Sin embargo, no todas las mujeres la viven en las mismas condiciones. Para muchas madres, criar se convierte en una experiencia marcada por la soledad, la sobrecarga y el agotamiento extremo. Cuando no hay una red de apoyo real, la maternidad puede vivirse como una tarea imposible, no por falta de amor o capacidad, sino por falta de sostén y de manos que nos ayuden a lidiar con esta etapa tan retadora de la vida.

Nuestras madres, y sobre todo nuestras abuelas, criaban de forma muy diferente. No porque fueran mejores o peores madres, sino porque el contexto era radicalmente distinto. La vecina entraba a tu casa sin llamar y se quedaba con el bebé mientras tú hacías la compra. La abuela vivía en el mismo edificio o a dos calles de distancia. Las primas, las tías, las comadres se turnaban para cuidar, aconsejar y ayudar. Nadie esperaba que una madre lo hiciera todo sola. La crianza era un asunto colectivo. Los niños jugaban en la calle mientras varias madres vigilaban desde las ventanas. Si un niño se caía, la primera que llegaba lo levantaba, sin importar de quién fuera. Las comidas se compartían, los consejos fluían de manera natural y nadie te juzgaba por no ser perfecta, porque todas estaban en el mismo barco.

La maternidad en soledad no se limita a las madres que crían sin pareja. Incluye también a mujeres que, aun teniendo pareja, familia o vínculos cercanos, se sienten solas en el ejercicio cotidiano de la crianza. Son madres que no cuentan con apoyo emocional, práctico o mental suficiente para sostener las demandas constantes que implica cuidar a un bebé o a un niño pequeño.

La soledad materna es un factor de riesgo para el desarrollo de ansiedad, depresión perinatal, agotamiento emocional y dificultades en la regulación emocional. No porque la madre “no pueda”, sino porque está expuesta a un nivel de exigencia continuado, sin espacios de descarga ni contención, donde la lista de “deberías” añade aún más peso a su soledad.

Vivimos en una cultura que promueve la idea de que una “buena madre” es aquella que puede con todo. Esta narrativa de autosuficiencia invisibiliza una realidad biológica y psicológica fundamental: el ser humano no está diseñado para criar en aislamiento. Criar siempre ha sido un acto colectivo. De ahí la conocida frase que dice que para criar a un niño hace falta una tribu entera. Sin embargo, pocas veces se añade algo esencial: para que unos padres y especialmente la madre puedan criar, cuidar y amar de forma suficientemente buena, también necesitan ser sostenidos.

La maternidad no debería recaer sobre un solo cuerpo ni una sola mente; necesita una comunidad que acompañe, contenga y cuide a la madre para que ella pueda cuidar. La maternidad activa sistemas neurobiológicos de apego, alerta y cuidado que necesitan descanso, seguridad y apoyo externo para funcionar de manera saludable. Cuando una madre se mantiene durante meses o años en un estado de hiperexigencia, su sistema nervioso entra en modo supervivencia. Clínicamente, esto se traduce en:

Fatiga crónica (está todo el tiempo cansada)
Irritabilidad constante (cualquier cosa la hace estallar)
Dificultades para dormir incluso cuando el bebé duerme
Sensación de estar siempre “en guardia”, como si el cuerpo nunca pudiera bajar la alerta
Disminución de la capacidad de disfrute (las cosas que antes le llenaban dejan de tener sentido)

Uno de los aspectos más invisibles de la maternidad en soledad es la carga mental. La madre no solo ejecuta tareas, sino que piensa, anticipa, organiza y sostiene emocionalmente todo lo relacionado con la crianza. Esta carga mental constante genera un desgaste cognitivo y emocional que muchas veces no es reconocido ni por el entorno ni por la propia madre. Desde la clínica, observamos cómo esta sobrecarga favorece la aparición de pensamientos rumiativos, autoexigencia extrema y sentimientos persistentes de insuficiencia. Cuando no hay con quién compartir decisiones, dudas o miedos, la mente materna no descansa. Una madre emocionalmente desbordada tiene más dificultad para regular sus propias emociones, y esto impacta directamente en la experiencia vincular. Desde la teoría del apego sabemos que para que una madre pueda ofrecer seguridad emocional, ella misma necesita sentirse mínimamente segura y sostenida. Cuando esto no ocurre, pueden aparecer:

Mayor reactividad emocional
Sentimientos intensos de culpa tras episodios de irritabilidad
Sensación de desconexión emocional momentánea
Miedo a “dañar” el vínculo

Uno de los factores que más agrava la maternidad en soledad es la idealización social de la maternidad. Existe una presión implícita para mostrarse feliz, agradecida y plena, incluso cuando el malestar es intenso. Este mandato de felicidad genera silencio. Muchas madres no expresan su sufrimiento por miedo al juicio, a ser etiquetadas como “malas madres” o a preocupar a los demás. Desde la práctica clínica, este silencio es especialmente preocupante, ya que retrasa la búsqueda de ayuda y aumenta el riesgo de psicopatología perinatal.

El acompañamiento psicológico en la maternidad no es un lujo, es una intervención preventiva y reparadora. Espacios donde la madre pueda hablar sin ser juzgada, comprender lo que le ocurre y construir recursos internos y externos son fundamentales.  Además del apoyo profesional, las redes comunitarias, familiares y sociales cumplen un rol clave. No se trata solo de “ayudar con el bebé”, sino de sostener emocionalmente a la madre.

La maternidad en soledad no debería ser normalizada ni romantizada. Es una experiencia que, sin apoyo, puede generar un sufrimiento profundo y sostenido. Como sociedad, necesitamos revisar el lugar que damos a las madres, los recursos que ofrecemos y las expectativas que imponemos. La maternidad nunca fue pensada para vivirse sola. Y está bien admitirlo. Está bien pedir ayuda. Está bien no llegar a todo. Está bien ser una madre imperfecta, cansada y real.

Al final, lo que los hijos necesitan no es una madre perfecta que lo haga todo sola y colapse en el intento. Necesitan una madre presente, humana, que les enseñe con el ejemplo que pedir ayuda es un acto de valentía, que los límites son sanos y que la vida se vive en comunidad, no en soledad heroica.

La soledad maternal no es un fracaso personal. Es un fracaso colectivo, una estructura social que nos ha abandonado mientras nos exige más que nunca. Reconocerlo es liberador. Y empezar a construir nuestras propias tribus, imperfectas pero reales, es profundamente revolucionario.

Si tú eres una de esas madres que se siente sola, que ha tenido que criar lejos de su red, en otro país, en otra cultura o sin apoyo suficiente, quiero que sepas algo importante: son muchas las mujeres que viven experiencias similares, aunque no siempre se nombren. Reconocerlo es el primer paso para romper el aislamiento y abrir espacio al acompañamiento y al cuidado compartido. Desde aquí, te nombro, te veo y te abrazo.

 

Contacto: MTF. Violeta Gutiérrez Solís

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